Cualquier retraso en las reuniones que tienen programadas los representantes de la Plataforma Unitaria y la delegación del Gobierno de Nicolás Maduro es un paso hacia atrás en la solución de la crisis multidimensional que vive Venezuela. Sin un acuerdo político se hace cuesta arriba la construcción de soluciones al problema económico y sanitario

La campaña para las elecciones del 21 de noviembre ya tiene rato rodando y comienza oficialmente este 28 de octubre. Todo indica que las actividades de los candidatos y el forcejeo entre los distintos factores que participan tendrán copada la atención de la opinión pública.

Ciertamente, quienes apuestan por la salida electoral ven en este proceso un paso de los muchos que deben darse para reconstruir una ruta electoral.

Sin embargo, la crisis multidimensional que vive el país no se resolverá con las elecciones venideras y resulta necesario que, en paralelo a la acciones políticas, se construyan soluciones a problemas cotidianos, a urgencias de la población, que no deben ser demoradas.

El caso Saab

Usted puede llamarlo como quiera, pero lo cierto es que la extradición, traslado, secuestro, de Alex Saab trajo implicaciones de marca mayor en la política y la economía del país.

Aún hoy se discute la trascendencia de la llegada de Alex Saab a los Estados Unidos y la noticia sigue acaparando buena parte de la discusión.

Unos ven a Saab como una figura parecida al “contador de Capone” en la película de “Los intocables”. La llave que abrirá todas las puertas ocultas.

Otros asumen que lo que aportará el empresario como testigo, ya no puede hacer mucho más daño a las cuestionadas figuras del oficialismo con las que lo vinculan.

Las consecuencias

Lo cierto es que el hecho ha tenido repercusiones nefastas.

La primera es la suspensión de la ronda de negociación en México y sus consecuencias para lo que la gente, por ahora, espera de estas reuniones.

Las otras repercusiones tienen que ver con que hayan salido del foco de la opinión pública otros temas gruesos entre los que se encuentra el caso Monómeros y las acusaciones de corrupción que inundan el ambiente.

Por otro lado hizo que se diluyera el caso del General en Jefe Raúl Isaías Baduel, quien murió el 12 de octubre pasado en los calabozos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

Al día de hoy existen muchos puntos opacos (por decir lo menos) alrededor de su muerte, de quien rescató a Chávez en abril de 2002 y lo restituyó en el poder.

Guerra avisada

En los predios de Miraflores estaban preparados para que Cabo Verde entregara a los Estados Unidos al empresario que la administración Maduro le dio la investidura de diplomático y que incluyó en su delegación de negociadores en México.

La noticia de que Alex Saab era trasladado a Estados Unidos, se produjo justo un día antes de empezar una nueva ronda de negociación en México.

En ese encuentro se esperaba se exploraran acuerdos y acciones más allá de la política. El Gobierno de Maduro debía llevar una oferta y ceder en algo y además debía dar la cara por la muerte del general Baduel.

Nace la pregunta… ¿quién es el que calcula las acciones que buscan hacerle daño al Gobierno de Maduro?

Al gobierno le llegó la excusa perfecta, en el momento perfecto para pararse de la mesa en un momento complicado.

Además, esta es una acción que genera desestímulo en el proceso electoral y el Gobierno mide que quiere participación “pero no mucha”. Las posibilidades de perder son directamente proporcionales al volumen de asistencia al acto de votación. La suspensión de la mesa de negociación es un acto de doble propósito.

¿Qué se pierde?

Más allá de lo político las negociaciones en México abren otros espacios de soluciones.

Una variable importante es que 67,8% de una consulta hecha por Datanalisis dice que la gente está de acuerdo en que éstas reuniones se den. Sin embargo, también hay que decir que 69,2% de los consultados siente desconfianza.

Al suspenderse, la desconfianza es alimentada y eso lleva a recrudecer la polarización y a colocar al Gobierno en el espacio donde mejor se ha desenvuelto en los últimos años: La confrontación.

Pareciera que la zona de confort del oficialismo es el conflicto y ha sacado réditos.

Visto lo político, hace falta mirar el plano económico.

La decisión del Gobierno de suspender las discusiones alargan las posibles soluciones concretas que la gente espera.

La población venezolana aguarda la construcción de soluciones, requiere respuestas al tema económico y sanitario que vive, y que básicamente requiere de dinero para solucionarlo.

Las negociaciones entre Gobierno y oposición, antes de solventar un adelanto de elecciones o cualquier decisión política, podrían ir allanando el terreno para generar acuerdos que ayuden a aliviar las urgencias de la gente.

Hace falta plata

Venezuela no puede acceder a una cifra parecida a los 5.000 millones de dólares que tiene disponibles en el FMI por Derechos Especiales de Giro, los que podrían ayudar a paliar necesidades urgentes de medicinas.

Eso no puede fluir mientras el ente multilateral “no tenga claro” quién preside Venezuela.

En el FMI pesa mucho la opinión del G7 y precisamente 6 de sus integrantes han reconocido “el interinato” de Juan Guaidó.   

Por otra parte, existen congelados en el Reino Unido alrededor de 1.000 millones de dólares que podrían solventar necesidades de financiamiento a sectores productivos para generar abastecimiento y empleos.

Hoy ese conflicto sigue sin resolverse.

El acceso a estos recursos podría aligerarse si existiera la voluntad política de avanzar en acuerdos, que puedan traducirse en beneficios inmediatos para la población.

Asimismo, podría retomarse el convenio de crudo por diésel en función de conseguir un respiro para los productores nacionales y que no se perdieran las cosechas o la inflación no castigara a los más vulnerables, porque los costos de movilización de los alimentos crece por la falta de combustible.

Estos tres ejemplos son una muestra de una larga lista de cosas, en las que se podrían avanzar en paralelo a la necesaria negociación política que debe darse en México.

Hoy sabemos que, demorar los resultados de esas reuniones tienen costo muy alto para los enfermos que no pueden esperar por un medicamento, por una diálisis.

Tiene un costo elevado para los padres que no pueden llevar comida a sus casas y ven reflejada el hambre en los ojos de sus hijos y saber que vivirán menos, según los datos que maneja el estudio de la ENCOVI.

El Gobierno puede esperar. La clase política puede esperar.

El tema es que hay una gran parte de la población que cada día le cuesta esperar más por las respuestas necesarias.

¿Cuándo vendrán?

No tenemos bolas de cristal para ver el futuro, solo andamos Con los pies planos caminando, buscando respuestas.