Los resultados de los recientes comicios bolivianos abofetean a la clase política local que está en la obligación de aprender de las lecciones que dejan. La idea de actuar desde la revancha y el empeño de aferrarse al poder, tarde o temprano, pasan factura

La victoria del Movimiento Al Socialismo (MAS) en Bolivia, obliga a revisar las estrategias adoptadas en América Latina y en especial a las desplegadas por la clase política venezolana

Este hecho pone sobre la mesa la opción de la participación en los espacios de discusión que se presenten por adversos que estos sean. La decisión de “no quitarse” funcionó en Bolivia, para aprovechar los errores del adversario en todos los casos.

Quienes optaron por insistir en la vía la política, a pesar del ventajismo de quien ejercía el poder, lograron imponerse porque se mantuvieron dentro del juego, cosa que no ha sucedido en Venezuela.

Evo Morales fue obligado a renunciar el 10 de noviembre de 2019, después de una gestión de 14 años que, en el plano económico, ha sido considerada exitosa, sin embargo, una actitud política equivocada detonó una reacción que no pudo controlar.

El “narcisismo de Evo” atentó contra sus aciertos en la economía que se mantuvo creciendo. Por otra parte, le quitó méritos a su discurso de inclusión en un país que había sido gobernado por una élite “blanca” que despreció a la mayoría indígena.

Evo Morales conectó con esa realidad y se apalancó sobre ella. Además tuvo el apoyo geopolítico de una América Latina llena de gobiernos de izquierda.

Hay que hacer mención aparte al respaldo económico dado por el Presidente Chávez, cosa que fue bien aprovechado por un equipo de gente conocedora de la materia. En Bolivia, no se cometieron los errores del “Socialismo del Siglo XXI” vistos en Venezuela.

El no leer “las señales en el cielo” hizo que Morales tratara de forzar su reelección y tomó ventajas que no fueron toleradas por la sociedad boliviana.

¿Qué hizo la oposición a Evo Morales? No se quitó. Estuvo allí peleando contra las imposiciones de un Presidente que, teniendo éxito económico, era un hueso duro de roer.

Al no dejar de participar la oposición estuvo presente el día en que se equivocó y logró desatar los eventos políticos que desalojaron a Morales del poder.

Así pues se barajó la partida.

Evo Morales tuvo que huir.

Jugó de manera inteligente y no se hizo mártir. Hizo lo que Chávez en abril de 2002: Se mantuvo vivo, requisito indispensable para regresar.

El MAS boliviano hizo lo propio: Sobrevivió. Fue capaz de resistir la persecución feroz de una casta boliviana que mostró más ganas de tomar revancha que de hacer una propuesta distinta de Gobierno y dar la batalla en lo político y en lo económico.

La premisa de la aniquilación del contrario y los deseos de desquite contra la vanguardia de un movimiento que logró conectarse con sectores de la población que habían sido históricamente excluidos se impuso.

La oposición devenida en Gobierno empezó a repetir los errores que los bolivianos habían rechazado de los últimos años de la gestión de Morales: la imposición a trocha y mocha de decisiones caprichosas, además de evidentes abusos de poder y corrupción.

¿Qué hizo el MAS? Lo mismo que la oposición que los desplazó del poder en noviembre del año pasado: No se quitó.

Asumió con estoicismo las agresiones y no abandonó la pelea en el plano político. No se retiró a pesar de las agresiones y persecución contra su líder fundamental y esgrimió su mejor carta: El ministro de la política económica exitosa de Evo Morales.

Luis Arce es economista con maestría en Inglaterra, negociador capaz de entenderse con los blancos de Santa Cruz que desprecian a los “cambas” que escuchan el canto de la sayubues.

El MAS no puso como condición el respeto por los derechos Evo Morales para participar. A todo evento asistió y se abrió paso confiando en su conexión con las masas bolivianas.

El resultado: ganar de forma irrebatible en primera vuelta y estar de regreso.

Arce planta bandera y dice que Evo volverá pero que este será su Gobierno.

¿Arrogancia? ¿Protagonismo? O es que el MAS entendió que es necesaria la renovación de cuadros para refrescar su imagen y no imponer un liderazgo de manera caprichosa.

¿Aprendió Morales que el “narcisismo del poder” pasa facturas que pueden ser muy peligrosas y se hizo a un lado?

Pareciera ser cierto lo que dice el analista Pablo Ortiz en su artículo publicado en “Nueva Sociedad” cuando afirma que “no era el proyecto del MAS el que estaba agotado, sino el mando único, la repetición sin fin de la figura de Morales como presidente”.

Hay que jugar

Bolivia pone en evidencia la premisa de que sino se entra al campo de juego, no se puede ganar desde la tribuna o esperando que otro gane el juego por ti.

La centro derecha boliviana debe asimilar los errores que le impidieron capitalizar los eventos que desalojaron del poder a Evo Morales.

El MAS debe asimilar que la tozudez de mantenerse en el poder pone en peligro los proyectos políticos.

El liderazgo venezolano, protagonista de la polarización está en la obligación de aprender de las lecciones que deja la vida política boliviana del último año.

Me dirán que las condiciones son distintas y la vocación democrática de los protagonistas bolivianos, que hasta ahora llevan la fiesta en paz, no está presente en Venezuela. ¿La respuesta? Es cierto.

Pero también es cierto que quedó demostrado que solo pensar en revancha y aferrarse al poder, tarde o temprano, le pasa factura a los políticos.

Para finalizar hay que decir que evidentemente Guaidó perdió un apoyo en la región, pero no se puede decir que Maduro ganó un aliado incondicional como fue Morales.

¿Cuál será la posición de Arce? ¿A quién se parecerá? ¿A Alberto Fernández o a Daniel Ortega?

Ese capítulo está por escribirse y no tenemos bolas de cristal para ver el futuro, solo tenemos los pies planos para pisar tierra y analizar los hechos que se presentan.

El juego sigue