Volar un papagayo puede convertirse en un acto subversivo; lo sabe Rafael Araujo, «el señor del papagayo». Pensar puede ser una actividad peligrosa; lo entienden Elías Pino Iturrieta y Rafael Tomás Caldera. Defender los derechos humanos llega a ser incomodísimo para el poder (lo ejerza quien lo ejerza), y eso lo han experimentado tanto Cofavic como el Comité por la Libertad de los Presos Políticos. Criticar y proponer no siempre es bien recibido, y de esa «cabuya» tiene «un rollo» el cardenal Baltazar Porras. Hacer periodismo puede ser un oficio de riesgo, como lo han comprobado las fundadoras del medio digital Efecto Cocuyo.
Todas y todos se encontraron este martes para recibir el Premio Valores Democráticos -en alguna de sus categorías- que entrega el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB. Como lo destacó el director del Centro, el profesor Ángel Oropeza, «la democracia que sobrevive en este país no está en el palacio de gobierno. Está en la vecina que comparte la poca agua que le queda. En el maestro que sigue enseñando aunque no le paguen. En el periodista que investiga sabiendo que puede terminar preso. En el estudiante que se organiza para llevar comida al anciano de la esquina».
La directora de Cofavic, Iris Medina, reivindicó el trabajo de defender la memoria. La memoria es «un pilar esencial para la construcción de una sociedad democrática», así como la justicia es un derecho irrenunciable. Medina ratificó el compromiso de seguir acompañando a las víctimas.
Caldera, haciendo gala de la libertad de pensamiento por la cual fue reconocido, sostuvo que «por primera vez en su historia como nación independiente, el país está presidido por un gobierno de facto impuesto por una potencia extranjera».
También consideró que la falta del mandatario Nicolás Maduro es absoluta y que, por ende, hay que convocar elecciones.
El premio «nos honra muchísimo», expresó la periodista Josefina Ruggiero, cofundadora de Efecto Cocuyo. Las otras dos creadoras del medio -Luz Mely Reyes y Laura Weffer- se encuentran en el exilio, recordó. En Efecto Cocuyo «hemos resistido, hemos persistido, y lo hemos hecho con recursos mínimos».
Hiowanka Ávila, integrante de Clippve, enfatizó que el premio «es para todas las víctimas, para las organizaciones de derechos humanos y sus defensores, para los más de 600 presos políticos que aún permanecen tras las rejas» y para quienes sigue siendo sometidos «a tratos crueles, inhumanos y degradantes en estos centros de tortura».
Muy aplaudido, «el señor del papagayo» dedicó su premio a su madre, de más de 100 años de edad.
Araujo comentó que la gente reza por él, «y eso será lo que me ha salvado de esta gente, porque no me explico de otra manera… Ellos deben saber leer».






