Más que un enfrentamiento entre ambos “realmente lo que ha habido es una desatención a los llamados de atención y sugerencias hechas desde las academias”, considera Huniades Urbina, secretario de la Academia Nacional de Medicina. “Si estimamos vacunar a 20 millones de personas necesitamos 40 millones de dosis y debemos incrementar la velocidad a la cual se realiza el proceso” pero la realidad es que al país han llegado -oficialmente- unas 700 mil dosis, explica Mireya Goldwasser, presidenta de la Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales

Cuando el 13 de mayo de 2020, el diputado y dirigente del chavismo Diosdado Cabello criticó el alerta de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) sobre el repunte de casos de COVID-19, se encendieron las alarmas de la comunidad científica venezolana.

Cabello citaba un tuit del periodista Gabriel Bastidas, en el cual se reseñaban las advertencias de la Acfiman (4 mil nuevos casos por día para junio y un subregistro de 63% a 95% por la escasez de pruebas PCR). “Esta es una invitación para que los organismos de seguridad del Estado llamen a esta gente. Están generando alarma, no tienen ninguna prueba de que el Estado no esté haciendo los exámenes correspondientes, pero ellos dicen que el gobierno miente, presumen que el gobierno miente. Esto es una invitación a un tuntún a los que hicieron este informe”, expresó Cabello.

Muchas cosas han ocurrido desde ese comentario hasta el presente; entre otras, que el propio Cabello se infectó con el coronavirus y sufrió la forma grave de la enfermedad. No hubo “operación tuntún” (allanamiento y detención) contra la academia ni contra los científicos, que han advertido sobre el transcurrir de la pandemia. La presidenta de la Acfiman, Mireya Goldwasser, confirma que no sucedió nada más; que ningún vocero oficial los llamó ni los amenazó. No obstante, aumentó aún más la brecha entre las academias y el gobierno de Maduro.

“Cuando sacamos el artículo completo, dijimos que antes de publicarlo se enviara al ejecutivo y al legislativo. Se les envió a la ministra de Ciencia, al ministro de Salud y a Delcy Rodríguez; y en la AN, a sus contrapartes; dijimos ‘vamos a esperar a tener respuesta para hacerlo público’. Como no recibimos respuesta, asumimos que estaban de acuerdo” y se publicó, rememora Goldwasser en entrevista con contrapunto.com.

¿Por qué molestó tanto ese informe? En el documento, de 18 páginas, se alertaba sobre el incremento en el número de casos y la falta de PCR. “El país debe prepararse para el impacto que representa un número entre 1.000-4.000 casos nuevos diariamente durante el pico de la epidemia, que podría producirse entre junio y septiembre de este año”, alertó el pronunciamiento. “Las pruebas realizadas hasta ahora en Venezuela son insuficientes para estimar adecuadamente el tamaño real de la epidemia de la COVID-19 en Venezuela”, concluyó.

Mireya Goldwasser recuerda lo sucedido, a casi un año de distancia. “Públicamente un vocero del gobierno a través de la televisión nos amenazó”, explica, y hace referencia al comentario de Cabello. “Nosotros nos contactamos con los representantes de Bachelet en Venezuela, planteamos la situación; tuvimos apoyo de todos. Lo enviamos fuera de país y tuvimos apoyo de academias, instituciones científicas fuera del país. A partir de ese momento más nunca hemos tenido problemas, no hemos sido amenazados. Hemos publicado lo que pensamos que debemos publicar. Lo ocurrido fue una cosa puntual”, asegura en entrevista con contrapunto.com.

La relación entre las academias y la administración de Nicolás Maduro para hacer frente a la emergencia no ha sido la más armoniosa. Las academias de Ciencias y de Medicina han difundido comunicados regularmente para exponer sus criterios sobre el diagnóstico, los tratamientos, la vacunación. Una de las críticas reiteradas es que no se hacen suficientes PCR (pruebas que permiten detectar el virus en tiempo real) para saber qué pasa con la epidemia.

Más que un enfrentamiento entre ambos “realmente lo que ha habido es una desatención a los llamados de atención y sugerencias hechas desde las academias; en especial, la Academia Nacional de Medicina”, considera Huniades Urbina, secretario de la Academia Nacional de Medicina.

Rafael Briceño Sierralta

Muy tajante, Urbina expone -en entrevista por Whatssap para contrapunto.com- que desde el inicio de la pandemia “hemos hecho múltiples sugerencias, desde la necesidad de información clara, transparente y por voceros confiables de acuerdo con las normas de manejo de eventos adversos de la OMS, hasta el tipo y número de pruebas diagnósticas; desde no infundir falsa sensación de seguridad al anunciar ‘medicamentos milagrosos’ y otros compuestos sin evidencia científica de ningún tipo, hasta el tipo y duración de confinamiento implantado y la no conveniencia de liberar las medidas en diciembre pasado, Carnaval y por supuesto en Semana Santa”.

Incluso, la Academia Nacional de Medicina recurrió a la publicación de boletines informativos para ver si así el ejecutivo los oía. “Pensamos que el solicitar ampliar el abanico de vacunas para la población al menos fue escuchado; ya tenemos dos tipos de vacunas en Venezuela y aspiramos a que sean más en un futuro cercano”, precisa Urbina, pero “faltan por incorporar muchas otras sugerencias”.

“Tenemos que tomar en cuenta que es una enfermedad que avanza, como es emergente, rodeada de incertidumbre. Hay un problema, y es que Venezuela tiene capacidad diagnóstica centralizada”, señala Goldwasser.

La ciencia es ensayo y error, muchas preguntas y no siempre muchas respuestas. La Acfiman hizo algunas previsiones que se pudieron haber cumplido, como no. “Cuando comenzó la epidemia en Venezuela, en 2020, no avanzó como esperábamos por las condiciones económicas y la falta de gasolina, la gente no se movía”. A partir de septiembre de 2020 la epidemia se expandió por todo el país.

Las flexibilizaciones aprobadas para diciembre de 2020 y el Carnaval de 2021 aumentaron la movilidad de personas y la propagación de la enfermedad, y se interpretaron como que bajó el riesgo, evalúa. Además, el gobierno disminuyó el número de pruebas PCR. “No ha aumentado la capacidad de rastreo del virus y ha promovido eventos, en diciembre y en febrero”.

Huniades Urbina, entre las medidas acertadas por parte de la administración Maduro, cita: “Declarar las medidas de contención y protección desde el inicio de la pandemia, hacer campañas de educación a la población (tímidas y poco contundentes, pero algo es algo); suministrar los medicamentos para los pacientes graves tanto en público como en privado e iniciar la vacunación, aunque tardía y escasa porque apenas hay vacunas para 2% de la población con las 600 mil dosis que han llegado”.

Sin embargo, Urbina remarca que no tiene mucho sentido “implantar medidas de restricción y flexibilizar súbitamente como Navidad, Carnaval y aparentemente Semana Santa”. Tampoco es coherente “el anuncio de medicamentos milagrosos que curan 100% la COVID-19; es más, es contraproducente para la credibilidad” y promueve que la gente relaje las medidas de resguardo.

La Academia de Ciencias y la Academia de Medicina han hecho recomendaciones para la vacunación contra la COVID-19.

“Es necesario que haya una organización para la vacunación masiva. Hay variaciones del virus, como la variante brasileña detectada en Bolívar. Si hacemos una campaña de vacunación lenta damos chance de que el virus vaya mutando. El gobierno tiene la obligación de tener un programa de vacunación; cuántas vacunas vamos a tener, que vengan diferentes tipos”, las prioridades, subraya Mireya Goldwasser. Para lograr la inmunidad de rebaño -70% de las personas vacunadas- la Acfiman recomienda inmunizar mensualmente a dos millones de personas e insiste en la necesidad de disponer de las dosis. “Si estimamos vacunar 20 millones de personas necesitamos 40 millones de vacunas y debemos incrementar la velocidad a la cual se realiza el proceso” pero la realidad es que al país han llegado -oficialmente- unas 700 mil dosis entre la rusa y la china.

Las pautas de inmunización de la OMS, enfatiza Urbina, reflejan que primero hay que proteger al personal de salud y seguir con los adultos mayores con enfermedades que aumentan su riesgo; luego, “seguir con la estratificación poblacional de acuerdo con el riesgo profesional”.