“Si nos invitan, vamos” a reunirnos con los negociadores que acudirán a negociación en México, ratifica Carlos Trapani, coordinador de Cecodap

A un millón de años luz se encuentran los políticos venezolanos de los venezolanos a quienes dicen representar. Ni hablar de las niñas, niños y adolescentes. Pero la reanudación del diálogo en México obliga a ciertos aterrizajes forzosos, y a tender más puentes que a seguirlos dinamitando.

Carlos Trapani, coordinador de Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap), insiste en que niñas, niños y adolescentes deben ser escuchados por los negociadores que van a México. “Tiene que haber un reconocimiento de que los niños son un sector clave de la sociedad, y que todas las acciones legislativas, administrativas y políticas tienen que propiciar los derechos de los niños”, subraya.

Es imprescindible “la participación de niños y adolescentes; escuchar sus opiniones, sus puntos de vista” y permitir “que ejerzan la ciudadanía”.

“Que en las acciones que se tomen siempre se priorice y se tenga la mirada sensible hacia los derechos de los niños”, reitera Trapani en conversación con contrapunto.com. “La segunda recomendación tiene que ser el fortalecimiento institucional. Lo que hemos visto es una debilidad del Estado para satisfacer las demandas, necesidades y derechos de los niños”. Se debe lograr el fortalecimiento del sistema de protección, pero también, de todos los entes del Estado, con capacidad técnica, resolutiva “que permita estar a la altura de los derechos de los niños”.

Trapani subraya que se debe superar “la lógica de la emergencia” y evitar que el niño se convierta en víctima. “Eso implica transversalizar salud, educación, cultura, porque al final de los derechos de los niños son una estrategia de desarrollo. En la medida en que el niño juega, participa, está identificado, tiene una familia estamos creando condiciones para que desarrolle al máximo sus capacidades”.

Esto no se logra “con buenos deseos, o listas de buenas intenciones, porque los derechos son obligaciones que se traducen en acciones, medidas, mecanismos de evaluación y monitoreo”. Para construir la mejor estrategia, además, hay que escuchar a todos en “un amplio espacio de participación social” con presencia de gremios, sindicatos, academias, conejos comunales y organizaciones interesadas. “Una de las grandes ventajas en el área de la infancia es que cualquier persona es garante de los derechos de los niños, tiene la posibilidad de denunciar y promover esos derechos”.

Tiene que haber consensos, enfatiza. “Sería muy interesante que estos actores políticos escuchen la voz de los niños: cómo ven el país, el país cómo lo perciben y cómo sueñan el país en lo inmediato. Sería muy interesante que esas decisiones políticas se acerquen al saber y al sentir de los niños. Sería una experiencia de ciudadanía importante y que el tema de infancia sea un puente que permita los consensos que hace años se perdieron en el país”.

Debería haber consensos en salud, educación, identidad. “Todos los derechos de los niños permiten que tengan una infancia y un presente feliz, y eso nos convoca a todos, independientemente de orientación o postura política”.

-¿Hay sensibilidad en la gente que está negociando hacia el tema infancia?

-Creo que hay un gran desconocimiento, de todos los actores políticos, del tema de infancia. Se ve a la infancia como un reducto de la sociedad, y no como un actor protagonista. Las decisiones que ellos tomen en una mesa afectan a una generación completa de niños y adolescentes. Creo que hay desconocimiento, creo que hay alejamiento del tema de los derechos de los niños, y en función de eso no son actores visibles para estos diálogos políticos.

-¿Qué va a hacer Cecodap para que se visibilice?

-Lo que hemos hecho en 38 años: difundir información, formar actores sociales, tratar de incidir -en la medida en que eso sea posible- en los decisores políticos para que el tema de infancia sea prioridad en la agenda.

-¿Quieren reunirse con esos negociadores?

-Si nos invitan, vamos. Si nos invitan, vamos. Cualquier actor social que se preocupe por el tema del niño es importante escuchar y tender puentes, independientemente de tu postura política. Pero eso sí: tiene que ser una postura genuina, profesional, técnica, sostenible desde el punto de vista ético.

Trapani aclara que las fallas no son por falta de leyes, sino por el incumplimiento de lo que existe. “La gran espada de Damocles del sistema de protección ha sido la ausencia de programas, de servicios de atención y de prevención”. Por eso, reflexiona, se ha desbordado la violencia en los colegios.

“Volvemos a una presencialidad, no hubo ninguna estrategia sobre cómo sería la convivencia en esta nueva vuelta a la presencialidad. Tenemos colegios desatados de violencia que no saben qué hacer, frente a un Ministerio de Educación totalmente ausente. Y pareciera que ahora los temas educativos los asume el Ministerio Público. Esa es una distorsión de la institucionalidad”.

Más que abordar en México el acoso escolar, Trapani propone una visión integral y no por parcelas, porque toca a la familia, las relaciones, lo pedagógico. “Tenemos que generar acuerdos políticos globales para que los niños puedan estar protegidos, y que esos acuerdos políticos estén en sintonía con lo que los niños quieren y necesitan”.