Más de 11 viviendas pueden caerse en Carayaca por desplazamiento de tierra agravado por los terremotos: Inspectores de la UCV les pusieron etiqueta roja

Estas casas, que forman parte del consejo comunal Cohlem, fueron evaluadas con tarjeta roja por el profesor Sergio Silva, de la facultad de ingeniería de la UCV. Veintiún ingenieros y arquitectos y cuatro trabajadores sociales organizados por Silva inspeccionaron más de 200 viviendas durante una jornada de tres días / Texto y fotos: Vanessa Davies y José Gregorio Yépez

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«Está temblando», notificó en voz baja Mauari Aranda. Se refería, no a los terremotos de San Juan, sino al movimiento de magnitud 3.1 registrado este domingo 26 de julio en La Guaira. Pero como el profesor Sergio Silva (de la facultad de ingeniería de la Universidad Central de Venezuela) y el ingeniero Carlos Villegas estaban inspeccionando la casa de su mamá, Luisa Navarro, Mauari decidió informar que algo ocurría pero sin generar mayor alarma. Ya las familias del sector El Cohete de la carretera Carayaca-Tarma están bastante angustiadas como para generar un susto mayúsculo.

Y las 11 tarjetas rojas que colocó Silva a igual número de viviendas se convirtieron en el otro acontecimiento del domingo en la localidad. El profesor de la escuela de ingeniería civil de la UCV había organizado la jornada de evaluaciones post sismo en tres sectores de Carayaca, con el respaldo del Rectorado de la UCV y la profesora Tibisay Serrada (que alojó a todo el grupo en su casa), para apoyar a una comunidad de La Guaira afectada por los terremotos de San Juan y alejada de la zona cero. Veintiún ingenieros y arquitectos, además de cuatro trabajadores sociales liderados por la profesora Nayrubi Ramírez, se esforzaron durante tres días y lograron -con su trabajo voluntario- inspeccionar 217 viviendas y registrar al menos 83 casos sociales. Se dividieron en siete equipos, que este domingo se desperdigaron por varios sectores de El Cohete bajo la conducción de las lideresas comunitarias.

Luisa, jefa de comunidad, ha renacido de las cenizas dos veces, como ella misma se lo contó al profesor Silva mientras él trataba de explicarle que toda la zona está en riesgo y que debía calificarla de color rojo. La parte de atrás de la casa parece que se va cayendo poco a poco: un problema previo al 24 de julio que se agravó con los sismos y que las familias tratan de contener con lonas. Tuberías rotas y peso excesivo aceleran ese desplazamiento que empuja las viviendas al mar.

Decirle a Luisa que su hogar, el de su segundo comienzo, estaba en peligro, fue un trago amargo para Silva, y aún peor para ella. Al llanto de Luisa y de una de sus hijas casi se suma el del ingeniero, un docente que se ha dedicado a formar a inspectores voluntarios para llevarles tranquilidad a las comunidades luego de los sismos del 24 de julio. Aunque no las tomó por sorpresa, porque -como bien lo narraron- «el terremoto lo sentimos fatal», a las mujeres no dejó de golpearlas el diagnóstico profesional.

«Has resurgido como el ave fénix dos veces y te va a tocar la tercera», le garantizó el profesor ucevista. A lo que Luisa replicó que sí, que así será, que las venezolanas echan pa’lante y pueden con todo. Silva recomendó, por los momentos y a la espera de una acción por parte de las autoridades, mover el tanque de agua, sacar los materiales de construcción y aligerar todo el peso que se pueda.

Pero el movimiento de tierra sacude todo el sector, confirmaron los ingenieros. La casa de Ángel, uno de los referentes, puede encontrarse en buen estado, como lo señaló Silva, pero de nada sirve si la base está cediendo. El mismo Ángel, a quien le falta la pierna izquierda y se mueve en muletas por todo el lugar, contó que años atrás estuvo buscando terreno firme para los asentamientos y no lo consiguió.

-Yo siento que esto se va moviendo. Y lo otro que no me gusta es que estás en un borde- alertó Silva.

Y lo interrogó: «¿Qué harías para aguantar todo esto?». La respuesta: «Es difícil». Otra pregunta: «¿La casa se ha inclinado?». Y otro comentario: «Yo creo que sí».

-Tú y yo sabemos que la casa está sana. Tenía afectaciones que ya corregiste y sé que están allí porque tú mismo me lo dijiste. Pero la casa está inclinada. Y lo sensato es que hagamos un informe que aclare que la casa tiene un riesgo. Debe venir un especialista en suelos que encuentre la forma de estabilizar esto- precisó el profesor.

Mucho del trabajo desarrollado los inspectores ucevistas se basa en la palabra. Claro, hay martillos y piquetas para recorrer las estructuras y escuchar sus sonidos y reclamos (porque las edificaciones hablan de sus padecimientos, como la corrosión y las plagas). Pero también, como lo evidenciaron las tres horas de trabajo en este lugar de tierra naranja, la clave es contar qué hay detrás de una etiqueta roja, una etiqueta amarilla o una etiqueta verde.

«El terremoto fue feo», confesó José Guánchez, «pero la casa está bien. El temblor de este domingo 26 de julio también lo hizo abandonar la vivienda, por si acaso. Las heridas del Día de San Juan siguen a flor de piel.

Las etiquetas rojas dejaron un diagnóstico claro: «Desplazamiento de taludes, asentamiento». La terraza y la parte posterior de las viviendas, como lo aclara la calcomanía, son las áreas riesgosas para las personas. Los ingenieros, en el caso de Luisa, las marcaron con una cinta amarilla para reiterar que la situación no es normal.

En el hogar de Marbeli Briceño residen cinco personas, y todas están en crisis por los movimientos. «¿Cedió el terreno? ¿Las habitaciones se inclinaron?». Respuesta afirmativa. «¿Duermes en esas habitaciones?». Marbeli indicó que sí, que todavía duermen allí. No les quedan muchas opciones. Luisa describió sus noches a la intemperie durante los primeros días, hasta que volvieron a meterse en sus hogares.

Al tiempo que los ingenieros valoraban las grietas que los vecinos indicaban, Johanna Hernández, trabajadora social, buscaba niñas y niños, personas con discapacidad, adultos mayores. Discretamente preguntaba si esos hijos eran de esas madres que parecían tan niñas como ellos, si los terremotos habían causado traumas, si tenían dificultades para dormir.

De tanto ver a los profesionales de la ingeniería hacer su trabajo, uno de los niños con quien conversó Johanna confirmó que le gustaría ser ingeniero para construir casas que no se caigan.

Muchas cosas han cambiado desde las 6:04 pm del 24 de junio. Para este sector de Carayaca, y posiblemente para todo el país, ha sido un antes y un después en el que todavía las heridas están sangrando.

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