Cuando Hortensia Alemán escuchó de boca del ingeniero Gustavo Córdova que su casa, la que heredó de sus padres, había raspado la evaluación rápida de infraestructura, solo atinó a llorar. Su esposo, el dirigente comunal José Benítez, aseguró que ambos ya sabían que venía una mala noticia para su hogar en Carayaca, pero que no se atrevían a dejar la propiedad sola porque tienen siembra de caraotas y aguacate. Córdova le explicó que él entendía lo que significaba la vivienda pero que realmente estaban en riesgo: “Deben salir lo más rápido posible”. Mientras el ingeniero –con el ceño fruncido- pegaba la etiqueta roja en la casita de la parcela En honor a nuestros padres, Hortensia seguía enjugando sus lágrimas. “La casa hizo su trabajo; los mantuvo con vida”, enfatizó Ángel González, otro integrante de la comisión.


Una comisión de inspectores voluntarios de la UCV , coordinada por el profesor e ingeniero Sergio Silva, viajó a Carayaca para hacer un barrido durante el fin de semana del 24 al 26 de julio. La acompañan cuatro trabajadores sociales: la profesora Nayrubi Martínez y los estudiantes Yorgelis Castillo, Christhian Betancourt y Johanna Hernández. La base de operaciones es La Aldea, la propiedad de la profesora y socióloga Tibisay Cerrada, viuda de Simón Alberto Consalvi. Esta cadena de solidaridad permitió evaluar más de 60 viviendas de la comuna 28 de Julio en solo un día. Córdova y su equipo, integrado por Ángel González y Andrés Da Silva, se encargaron de 11. Igual número le correspondió al grupo formado por el ingeniero David Fernandes y los estudiantes Ramón Montero e Ignacio Henríquez.
Siete equipos integrados por tres personas cada uno se encargaron de recorrer las viviendas afectadas por los sismos, pero también, de verificar el impacto de los otros terremotos: pobreza, problemas de construcción. Las inspecciones no son solo una mirada rápida. “¿Usted me permite entrar en su casa?”, preguntó Córdova respetuosamente en cada puerta. Primero, la revisión externa, que incluye el uso de la piqueta. Después, la evaluación interna, que pasa por grietas y otros detalles de la ingeniería que los terremotos han popularizado.
“Ojalá no tengamos que poner amarillas ni rojas”
Antes de salir de la UCV, el profesor Silva subrayó que esos voluntarios serían los primeros en llegar a Carayaca después de los terremotos para aplicar el sistema nacional de inspección rápida de estructuras post sismo. Ya en el por puesto, se dedicó a anotar nombre por nombre y a constituir los grupos, y llamó a los inspectores a enfocarse en las estructuras.


Aun cuando se espera que cada grupo observe entre ocho y 10 viviendas por día, Silva instó a buscar, no cantidad, sino calidad. Y precisó que hay respuestas que no tienen. Por ejemplo, una familia con etiqueta roja, ¿para dónde se marcha?
Ya en La Aldea, Silva terminó de afinar los equipos y entregó a cada uno 10 calcomanías amarillas, 10 verdes y 10 rojas. “Ojalá se nos acaben las verdes y no tengamos que poner amarillas ni rojas”, expresó.
Tres comunas esperaban respuestas en el fin de semana: 28 de Julio, Tirima Socialista y Cohete en Revolución. José Benítez, de la 28 de Julio, estima que son 1.200 familias y al menos 54 afectadas por los sismos. Aunque la magnitud de la tragedia en Los Corales y Playa Grande ha desplazado las noticias de oros lugares, Benítez refiere que en el Automercado El Rey de Carayaca murieron 11 personas y otros 40 cayaraqueños fallecieron porque trabajaban en zonas como Caribe.
Casa sin columnas
Carayaca es subidas y bajadas. Mireya Martínez, vocera de hábitat y vivienda del consejo comunal Alto Paracay, camina como una cabra por la montaña. Gustavo Córdova insiste en preguntar en una casa en construcción y en ella se detiene. Después, avanza hasta el hogar de Yesica Oropeza. La casa no tiene columnas, alertó, y recomendó demoler una estructura. El equipo de ingenieros le puso la calcomanía amarilla, y le detalló lo que debe hacer. Pero al interrogar a Yesica sobre el significado de ese color, respondió que no entendía.


Una casa de bahareque fue el segundo lugar a inspeccionar. Es el hogar de Evelyn Hernandez, que sí logró permanecer allí. “¿Y esa broma verde que le van a poner para qué es?”, inquirio. “Tu casa es habitable”, indicó Andrés Da Silva.
El grupo de David Fernandes entró en la casa de Isabel Segnini, “Con el movimiento pensé que la casa se iba para abajo”, contó ella. Ignacio Henríquez entró a las habitaciones con la linterna para ver los detalles. Cuando Isabel juró que solo había daños por humedad, Ramón Montero la refutó: “Tampoco es para dejarlos”. Pero Isabel acotó que es jubilada de la UNA y no tiene dinero para las reparaciones. Los inspectores encontraron un tanque en la platabanda, y le aconsejaron poner una tabla para la distribución de carga.


Un poco más adelante, en la vivienda de Evangelina Ferrer, los daños causados por las plagas en la viga de madera llevaron al grupo de Fernandes a una conclusión: etiqueta amarilla.
Para calmar los nervios
Ante la casa de Cirilo Pajedes, el ingeniero Gustavo Córdova sostuvo que era una de las mejores viviendas que había visto. “Etiqueta verde significa que su casa está bien”, celebró.
Con los nervios a flor de piel, Elizabeth Torres, profesora de la UCV, pidió el apoyo de los inspectores. Su hogar, localizado en la calle Arenal, tiene detalles por resolver, y así se lo hicieron saber los ingenieros Cordova, Da Silva y González. Luego de darle varias recomendaciones, le puso el color deseado: el verde.
Ya en el ámbito del consejo comunal Moral y luces, Nelly Castañeda escuchó que le preguntaban si se sentía tranquila, y ella dijo con franqueza que no. En la parte de abajo solo se escucharon los martillazos de los ingenieros, que se convirtieron en etiqueta verde y en algunos consejos. Mientras tanto, Nayrubi Martínez se acercó a una de las dirigentes del consejo comunal para solicitar información sobre población vulnerable, y comentarle que si alguien perdió familiares por los terremotos posiblemente necesita ayuda. La vocera le dijo que ya sacaron a una niña de los escombros, pero que no encuentran a la mamá. Martínez le ofreció atención psicológica y le remarcó que el duelo tiene cinco etapas.
El primer día de trabajo culminó entrada la noche, en el terreno de la casa comunal, con los reportes que los jefes de grupo compartieron con el profesor Silva. La UCV llevó el semáforo a Carayaca.





