Un centro comercial mostró las dos caras: por un lado, gente que buscaba tapabocas y antibacterial al precio que fuera; y por otro, locales nocturnos llenos de visitantes

No era necesario ser adivino para ver que al señor que entró al Farmatodo de Chacao con una lista de imposibles, este viernes 13 de marzo cerca de las 8 de la noche, lo movía no solo el temor al coronavirus sino a otro “agente patógeno”: el reclamo de la esposa o la familia. En su lista de imposibles figuraban tapabocas, agua oxigenada, gel antibacterial, toallas húmedas…una de las vendedoras le explicó que todo estaba agotado, y se marchó a buscar los productos a como diera lugar.

Por la avenida Francisco de Miranda (municipio Chacao) caminaban, este pasado viernes en la tarde, dos muchachas vestidas con tapabocas. A poca distancia avanzaba, en dirección contraria, un papá con su hijo, especialmente inquieto y con la boca al aire libre. Unos caminantes iban con tapabocas y otros sin tapabocas. No había una directriz clara sobre su uso y, en fin de cuentas, “el miedo es libre”. Por un lado, en el canal oficial Venezolana de Televisión se promueve el uso de tapabocas artesanales. Por otro, los tapabocas de fábrica aumentaron tanto de precio, que se volvió casi imposible comprarlos.

En una tienda de mascotas, también en Chacao, una de las vendedoras opinaba que el Metro de Caracas, debía ser cerrado “hasta nuevo aviso” porque era un foco de infección. Otra decía que, si no le permitían entrar al subterráneo, se tendría que ir a pie, porque no disponía de dinero en efectivo para pagar el pasaje en por puesto.

El mismo argumentó privó para que un grupo de estudiantes anunciara que el sábado 14 de marzo, no acudiría a sus clases. La institución exigía tapabocas y guantes, y los estudiantes contestaron que no tenían como comprarlos. Un tapabocas se cotizaba en 10 dólares, y su precio podía subir con el correr de las horas.

Este viernes 13 de marzo se confirmaron oficialmente los dos primeros casos de la COVID-19 en Venezuela. Se trata -según la vicepresidenta Delcy Rodríguez- de dos personas procedentes de Europa.

Por cada caso reportado se calcula la existencia de por lo menos dos o tres más, recuerda el doctor Huníades Urbina, presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría. Varias personas que estuvieron en contacto con los viajeros enfermos ya están en cuarentena, pero ellas podrían haber propagado el virus, sin quererlo, durante sus actividades.

Hasta horas de la noche no se había prohibido el libre tránsito de la población como medida de contención. En la parte de atrás del Centro Comercial San Ignacio, una tienda como Farmatodo recibía a decenas de compradores que buscaban tapabocas, gel, toallas húmedas e, incluso, polvo para lavar ropa. Pero bastaba avanzar hasta la cara frontal para encontrarse con los locales nocturnos abiertos y llenos de gente, música a todo volumen y mesas llenas. En uno de los costados, una licorería estaba a reventar, y todo el que salía se llevaba no menos de una cerveza o una botella de sangría “para pasar el susto”.

El alcalde de Chacao, Gustavo Duque, decretó el cierre de discotecas y locales nocturnos por siete días en su localidad, y ordenó a los restaurantes vender comida solo para llevar. Medida similar para los restaurantes de todo el país fue anunciada por el mandatario Nicolás Maduro, horas más tarde, en cadena nacional de radio y televisión.

La pandemia de coronavirus encontró a los venezolanos sumergidos en una emergencia humanitaria compleja y una dolarización de facto. Pero también ha alimentado una paranoia colectiva sin duda atizada por la crisis política, la falta de credibilidad de los actores políticos oficiales y el miedo a la muerte.