Los niños menores de cinco años “son las primeras personas que tienen riesgo de morir ante una situación de hambruna”, advierte la nutricionista Yngrid Candela

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (conocida como FAO) considera hambruna “la carencia grave de alimentos, que casi siempre afecta un área geográfica grande o un grupo significativo de personas”.

En 2019 –y desde hace varios años– se habla sobre un alza de la desnutrición en Venezuela. Al respecto, el Instituto Nacional de Nutrición (INN) dejó de publicar el boletín epidemiológico de nutrición en 2007; es decir, van 12 años sin cifras.

Según la nutricionista Yngrid Candela, el requerimiento calórico de los venezolanos, en promedio, es de 2.220 calorías por día –con ese valor se estiman los indicadores sobre seguridad alimentaria en Venezuela–; pero en la actualidad, según las evaluaciones que han hecho varias ONG y grupos que profundizan sobre el tema del hambre, “los valores de consumo son muy bajos; es decir, en condición de hambre”.

El Estudio Venezolano de Nutrición y Salud calculó que, ya para 2015, un venezolano consumía en promedio 911 gramos de alimentos por día, cuyo aporte energético es de 1.925 calorías. Esto hizo notorio, para la fecha, el déficit calórico al comparar esas 1.925 calorías con las 2.200 recomendadas por los organismos nacionales.

Al respecto, la Encuesta Sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi) de 2017 asegura que 80% de los hogares consultados se encuentran en inseguridad alimentaria.

“La seguridad alimentaria de un país se observa cuando toda su población tienen acceso a alimentos en cantidad, calidad y en el momento que lo requieran, según sus preferencias, entre otros factores”, añade.

Foto: Yuri Cortez – AFP

Para cubrir estas necesidades, Candela detalla que el país debería contar con 110% de las necesidades alimenticias de toda la población. “2.300 kilocalorías son 100%, pero la disponibilidad debería ser un poco más alta para cubrir la cantidad de alimentos que se van perdiendo desde el momento de la producción hasta que llegan a las mesas de los consumidores”.

En el año 2015, que son lo últimos datos oficiales que se tienen sobre disponibilidad de alimentos, ya Venezuela estaba en 100%, afirma Candela, quien además trabaja con el grupo social Cesap.

Foto: AFP

La doctora advierte que no sirve de nada que en los establecimientos haya alimentos a la venta si las familias no tienen suficientes recursos para comprarlos. Por lo tanto, se cumple con el acceso físico a los productos, pero no con el económico.

La pobreza se mide por la capacidad de compra que tiene un hogar de la canasta básica de alimentos. En mayo, la canasta básica alimentaria en Venezuela se ubicó en 2.552.836,38 bolívares, mientras que el sueldo mínimo es de 40 mil bolívares.

Para el año 2017, Encovi reportó que 79,8% de los encuestados comían menos porque no había suficientes alimentos en el hogar.

Los grupos más vulnerables en situaciones de crisis, detalla la nutricionista, son niños menores de cinco años, mujeres embarazadas, madres lactantes y adultos mayores. Estos sectores “son los primeros en deteriorarse y los primeros en morir”, añade.

Candela advierte que, en la actualidad, en Venezuela se ven adolescentes que también están manifestando signos de desnutrición.

Foto: Yuri Cortez – AFP

Los niños menores de cinco años “son las primeras personas que tienen riesgo de morir ante una situación de hambruna y son los que están más expuestos a problemas de salud como infecciones, cuadros diarreicos, parasitosis intestinal que poco a poco van deteriorando la salud del niños”.

La experta en nutrición reitera que no existen cifras oficiales de desnutrición, lo que hace más difícil medir o tener una idea de la dimensión del problema en Venezuela. A pesar de la falta de información, organizaciones como Cáritas han medido niveles altos de desnutrición en estados como Sucre, Vargas, Miranda y Zulia.

Entre octubre y diciembre de 2018, Cáritas calculó un nivel de desnutrición aguda de 22% en Vargas, seguido de Zulia con 17%

Para enero-marzo de 2019 el estado que reportó mayor indice de desnutrición fue Sucre con 27%, según Cáritas.

La doctora explica que la desnutrición aguda se mide a través del peso y estatura de los niños, mientras que la desnutrición crónica se mide desde la talla.

Esta última, asegura Candela, es la que ha tenido mayor crecimiento en el país, y es también la más compleja de abordar y de solucionar. “Requiere obviamente de la atención a los niveles de pobreza y de políticas públicas adecuadas para que las familias puedan cubrir sus necesidades básicas”, detalla.

“Nosotros acá en el país hemos observado, a través de todas las iniciativas que hemos tenido y todas las poblaciones que hemos evaluado, que la desnutrición crónica ha ido aumentando a niveles que no se revierten. Tal vez pueda revertirse la cantidad de niños con esta desnutrición porque se puede mejorar su situación en seguridad alimentaria, pero en lo individual ningún niño recupera su talla y eso es una desventaja porque el niño no alcanza su potencial genético”.

La alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, presentó su informe detallado sobre Venezuela. Allí incluyó el tema del acceso a los alimentos en Venezuela y afirmó que “las personas entrevistadas constantemente refirieron una falta de acceso a alimentos, debido tanto a la escasez como a los precios inasequibles”.

El informe también incluyó denuncias sobre personas quienes, a pesar de no contar con acceso suficiente a alimentos, no fueron incluidas en las listas de distribución de las cajas CLAP por no ser partidarias del Gobierno y advierte que “la economía venezolana, especialmente su industria petrolera y los sistemas de producción de alimentos, ya estaban en crisis antes de que se impusiera cualquier sanción sectorial” por parte de países como Estados Unidos y Canadá.