“Dios es quien hace el milagro, los santos son intercesores ante Dios, y esa gracia es entregada para una persona que vivió el seguimiento de Cristo”


Para acercarnos a lo que significa la gracia y el milagro recogimos el testimonio del padre Numa Molina, sacerdote jesuita, ex párroco de la iglesia San Francisco de Caracas, y quien ahora ejerce el sacerdocio en la Ciudad Caribia, ubicado al norte de Caracas, además de ser Comunicador Social en pleno ejercicio de la profesión, a través de Radio Nacional de Venezuela (RNV).

Molina comprende el concepto de la gracia como: “regalo o don, la gracia que Dios le entrega al santo para hacer posible el milagro, porque es Dios quien hace el milagro, los santos son intercesores ante Dios, y esa gracia es entregada para una persona que vivió el seguimiento de Cristo”.

Debatiendo un poco sobre la interpretación teológica sobre la gracia, Molina aclara: “poco se habla del seguimiento de Cristo, a mí me gusta más comprenderlo desde la dimensión histórica, hombres que pasaron por la historia, procurando lo más parecido a Cristo, con sus debilidades y pecados, con sus falencias, pero procurando desde lo que somos parecernos a Cristo, a eso estamos llamados todos”

 Sobre la figura del Dr. José Gregorio Hernández, el sacerdote Molina asienta que: “Para seguidores y no seguidores es un símbolo de identidad nacional, porque su vida estuvo insertada en el pueblo, es uno como el pueblo, que proviene de un pueblo perdido de los Andes, que tiene que esforzarse para llegar a ser alguien en la vida en un momento cuando estudiar en una universidad era muy difícil, él se viene, como decimos en criollo, a probar suerte a Caracas”.

 “José Gregorio Hernández, no es un sacerdote ni es un hermano de una congregación; fue un laico, un médico que impartió clases en una Universidad y que trabajó en un hospital, que vive al igual que muchos ciudadanos que tienen que arreglárselas con los problemas de casa y familia, como cualquier ciudadano” advirtió Molina.

En términos biográficos, el sacerdote jesuíta, interpreta la vida del médico de los pobres a través de las siguientes ideas: “fue un profesional desde su oficio, que tenemos en los pueblos, esto hace que sea un símbolo nacional. Alguien que se hizo santo como laico, en medio del pueblo, sirviéndole a ese pueblo pobre. La gente lo ve cercano porque lo ve como uno de los nuestros, éste no pertenece a la institución eclesial, es uno de pantalón y camisa, es un médico que además decidió ocuparse como cristiano a vivir el seguimiento de Cristo ayudando a los pobres”.

Para finalizar, Molina concluye abonando el siguiente criterio: “Las cosas no ocurren cuando uno quiere, sino cuando Dios quiere, y precisamente es este momento el más apropiado para celebrar con alegría la beatificación de José Gregorio Hernández, como un bálsamo para el pueblo venezolano, como una gota de agua fresca en el desierto, porque en el momento que vivimos de pandemia, bloqueo, asedio de países vecinos… en medio de todo esto aparece una buena noticia, es decir, Dios no abandona a su pueblo y lo importante es que tengamos una gran fe como la tuvo José Gregorio Hernández, que todos los problemas tienen solución”.