El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ratificó el compromiso de la administración estadounidense de mantener su respaldo a Venezuela, confirmando que la ayuda económica dispuesta por Washington supera los 180 millones de dólares, con proyecciones de incrementar dicha cifra en etapas posteriores.
Durante un encuentro con medios de comunicación celebrado este domingo, el funcionario precisó que la Casa Blanca gestiona vías para facilitar el acceso del país suramericano a líneas de crédito y mecanismos de financiamiento internacional. Estas acciones buscan apalancar los planes de reconstrucción nacional, cuyos costos globales se mantienen en proceso de evaluación técnica al abarcar desde la remoción de escombros hasta el levantamiento de nueva infraestructura.
Avances políticos y proceso de transición
En el ámbito institucional, el jefe de la diplomacia norteamericana calificó como un avance positivo el entendimiento alcanzado durante la semana previa entre los voceros de la Asamblea Nacional electa en 2015 y la representación del gobierno interino venezolano.
Respecto a este punto, Rubio citó las implicaciones del acuerdo bilateral: «Han acordado establecer un formato y un foro no solo para conversaciones de reconciliación, sino también para comenzar el proceso de transición, que es lo que necesita el pueblo de Venezuela».
El secretario de Estado adelantó que las jornadas iniciales de diálogo formal entre ambas facciones están previstas para la primera semana de agosto, destacando la recepción favorable de la iniciativa dentro de la opinión pública venezolana y confirmando el acompañamiento directo de Washington en la evolución del proceso.
Las medidas de asistencia y los acercamientos institucionales se producen en medio de la crisis generada por el doble terremoto del pasado 24 de junio en el norte de Venezuela. Según los datos oficiales divulgados por los organismos competentes, la cifra de personas fallecidas supera las 5.000 víctimas fatales. El evento telúrico provocó la destrucción y el colapso de cientos de estructuras físicas, consolidando uno de los episodios de emergencia humanitaria e infraestructura más severos en la historia reciente de la nación.





