El exenviado especial de Estados Unidos para Venezuela e Irán, Elliott Abrams, analizó la actual estrategia de la administración de Donald Trump hacia el país suramericano, advirtiendo un giro significativo respecto al primer mandato. Según el diplomático neoyorquino, el objetivo de la «democratización» ha sido desplazado por una combinación de intereses energéticos, cálculos geopolíticos y la visión personal del mandatario estadounidense.
En una conversación con el diario ABC, Abrams, quien fuera pieza clave en la campaña de «máxima presión» contra Nicolás Maduro, sostuvo que, mientras en el periodo anterior el fin era sustituir al régimen por una democracia, actualmente la Casa Blanca parece «mucho más interesada en el petróleo que en el cambio político».
La estrategia de dilación del chavismo
Abrams sostiene que el gobierno de Delcy Rodríguez busca prolongar el actual acercamiento diplomático para estabilizarse en el poder. A su juicio, la intención de Caracas es estirar los plazos hasta el final del mandato de Trump en tres años, o al menos hasta las elecciones legislativas de noviembre en EEUU, esperando una posible pérdida de control republicano en el Congreso.
«Quieren arrastrarlo todo, demorarlo todo, posponerlo todo. El régimen va a intentar aferrarse al poder y hacer el menor número posible de reformas y concesiones», afirmó Abrams.
El diplomático duda de que esta postura sea compartida por el secretario de Estado, Marco Rubio, de quien espera una presión real por avances democráticos y la liberación de la totalidad de los presos políticos, de los cuales solo se ha excarcelado aproximadamente a la mitad.
El factor petrolero y la seguridad nacional
Ante los argumentos de que el acercamiento responde a temas de migración o fentanilo, Abrams los calificó de «respuestas extrañas», señalando que el fentanilo no proviene de Venezuela y que la frontera sur estadounidense ya se encuentra cerrada. Sobre el petróleo, puso en duda la capacidad inmediata de Venezuela para influir en el mercado global, incluso en el contexto de la guerra con Irán.
Según sus estimaciones, a la industria venezolana le tomaría hasta 2028 aumentar su producción de forma significativa. «Incluso si en dos años Venezuela pasara de un millón de barriles diarios a un millón y medio, ¿y qué? Sería bueno tener ese volumen ahora, pero no lo tenemos y no lo vamos a tener», puntualizó. Para Abrams, la explicación real podría residir en una doctrina de seguridad nacional donde Trump busca gobiernos «amistosos» que acaten sus directrices en el continente.
Negociación y seguridad jurídica
Para el exenviado especial, la solución sostenible requiere una negociación política seria entre el chavismo (representado por Jorge Rodríguez) y la oposición legítima. Abrams propone que esta mesa de diálogo debe definir temas críticos como el Consejo Nacional Electoral, la justicia transicional y la fecha de unas elecciones, la cual debería fijarse este mismo año.
Asimismo, advirtió sobre la falta de seguridad jurídica para las inversiones extranjeras bajo el marco legal actual: «Ninguna gran petrolera va a invertir miles de millones de dólares basándose en una ley de hidrocarburos ilegítema, aprobada por este régimen y que puede ser modificada en cuanto vuelva la democracia», explicó.
Finalmente, Abrams instó a la oposición venezolana y a figuras como María Corina Machado a mantener el contacto con Washington pero a ser «más públicos» en sus reclamos, especialmente en el tema de los derechos humanos. Sobre la mediación del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, el diplomático fue tajante al afirmar que este «no representa la democracia ni la libertad» y que su intervención no supone una contribución positiva para la transición.
