La venerada imagen de Cristo crucificado dio un extenso recorrido por las calles de la capital venezolana

El Nazareno de San Pablo, es una de las tradiciones religiosas que más fieles reúne en Venezuela, donde cientos de miles de personas acuden cada miércoles santo a las iglesias de Santa Ana y Santa Teresa en Caracas, para pagar alguna promesa o para pedir un favor al Nazareno.

Este año debido a la cuarentena ordenada por el gobierno nacional, como medida para detener el contagio del COVID-19, la arquidiócesis de Caracas decidió que el Nazareno iría al encuentro de sus fieles. La imagen tallada en el siglo XVII recorrió gran parte de Caracas, a bordo del papamóvil usado en la visita que Juan Pablo II realizó en 1996.

Al aproximarse la caravana que traía la imagen del Nazareno, los fieles fueron reuniéndose para verlo pasar.

Los sacerdotes se reunieron con sus fieles para acompañarlos al paso del Nazareno de San Pablo.

Aunque en poca cantidad, los caraqueños se reunieron para mostrar su fe aun en la cuarentena.

En algunos balcones, palmas y banderas saludaban el paso del Nazareno de San Pablo.

Trabajadores de comercios cercanos se acercaron para ver pasar la caravana.

La caravana que contaba con una gran cantidad de efectivos de todos los cuerpos de seguridad recorrió las calles y avenidas de gran parte de la ciudad de Caracas.

Para el recorrido fue utilizado el papamóvil. usado en la visita que Juan Pablo II realizó en 1996.

Al paso de la imagen del Nazareno, los fieles mostraron su fe saludando, rezando y arrodillándose.

La procesión que comenzó en la mañana recorrió casi la totalidad de Caracas hasta regresar a la iglesia de Santa Teresa, hogar de el Nazareno de San Pablo.

El Nazareno de San Pablo es una de las tradiciones religiosas que más fieles reúne en Venezuela, este año debido a la pandemia mundial los fieles debieron conformarse por verlo pasar por las principales calles de Caracas.

La imagen tallada en el siglo XVII recorrió gran parte de Caracas a bordo del papamóvil usado en la visita que Juan Pablo II realizó en 1996.