Aunque la escuela Simón Bolívar que mantiene Fe y Alegría en Caraballeda no se cayó con los terremotos, su entorno inmediato sí cambió. Y no solo la geografía. Treinta estudiantes del plantel fallecieron debido a los sismos. Y, como lo precisa el director, Leonardo Suárez, el equipo de la cantina sigue desaparecido (esposa, esposo, hija y sobrina). «La comunidad está bastante sentida. Se siente el dolor, la tristeza, la preocupación, la ansiedad por lo que ha sucedido», explica el profesor. Quedaron niños al cuidado de terceros.
La muerte de 30 estudiantes es, como lo remarca Suárez, un golpe muy duro para la comunidad. «Incluso, uno de ellos iba a recibir el título de técnico profesional; él falleció junto a su madre», relató. La desaparición de los cuatro miembros de la cantina «también es un golpe duro para la institución porque convivían con nosotros, eran parte de nuestra comunidad».
Hay familias que quedaron sin nada: sin trabajo, sin vivienda, «y quieren que sus hijos continúen formándose» en la escuela. Por esa razón «hemos abierto la oportunidad de apadrinar o becar a un estudiante» por un año escolar. «Que alguien pueda apoyar su educación es una siebra bonita para el futuro». La inversión es de unos 500 dólares al año para cubrir matrícula e inscripción.
Abierta en agosto
La edificación, de 61 años de edad, fue calificada con etiqueta verde, porque el daño es solo en la pared perimetral: la frontal, que debe ser tumbada, y otras dos. «Somos una infraestructura habitable», subraya el profesor. Hay agua, electricidad «y nuestras aulas no fueron afectadas directamente».
Como Fe y Alegría tiene un doctorado en levantarse de las cenizas, la Simón Bolívar seguirá abierta durante el mes de agosto para atender a niñas y niños. «Tendremos actividades lúdicas, socioemocionales, recreativas. Vamos a atender no solamente a estudiantes nuestros, sino a la comunidad. Cualquier niño de cualquier institución puede ser parte de estas escuelas abiertas y tener un espacio de escucha, de drenar y de recuperarse».
Este plan Escuelas Abiertas, en el que participan otros seis colegios de Fe y Alegría, estará activo del 10 de agosto al 11 de septiembre, aproximadamente, entre 8:00 am y 2:00 pm. «Es un esfuerzo y un compromiso en medio de las vacaciones de los docentes».
La matrícula de la escuela era de 809 estudiantes al 23 de junio. Fallecieron 30, pero hay familias damnificadas y otras tuvieron que migrar. «Tengo tres familias que se fueron a Colombia». Es decir, que de los 809 alumnos «solo quedan en la parroquia 309», y es un reto. No saben si van a continuar, por ejemplo. «Es un reto mantener la matrícula» y buscar la manera de que la comunidad sea atendida.
El plantel se mantenía con 52 docentes, cinco administrativos y 11 obreros «que están muy afectados». Seis quedaron damnificados «y muchos perdieron familiares» y vivieron el terror de los terremotos. «Hay preocupación, miedo de qué va a pasar, cómo van a ser atendidos».
Levantar la infraestructura es muy importante, comenta el profesor, pero se pregunta «cómo reconstruimos al ser, y eso debe ser considerado para valorar al ser humano». Docentes que no podían garantizar sus necesidades básicas, hoy se enfrentan a una situación más grave. «El ser necesita mejores salarios, mejores servicios; atención, cercanía, presencia».





