«Dígale a Carlos Andrés Pérez que mis hijos y yo lo perdonamos»: La historia personal que contó Jorge Rodríguez para defender la amnistía

El presidente de la AN refirió la historia de su padre, Jorge Antonio Rodríguez, asesinado a golpes por funcionarios de la Disip, y subrayó que, pese a ello, su familia perdonó al presidente Carlos Andrés Pérez

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No todo el mundo sabe que el presidente de la Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, perdió a su padre en 1976, asesinado por cuerpos de seguridad del Estado. Pero este jueves el dirigente chavista trajo al presente su testimonio como víctima de violación de derechos humanos durante la llamada cuarta república. Durante el debate del proyecto de ley de amnistía en el Poder Legislativo, Rodríguez contó la represión de la que fue objeto Jorge Antonio Rodríguez, uno de los fundadores de la organización de izquierda Liga Socialista.

Rodríguez recordó que su padre fue indultado por el presidente Rafael Caldera en 1974. Al dirigente político lo habían detenido «unos salvajes, unos esbirros que se metieron 19 meses antes en su casa». Después, lo torturaron con electricidad, «lo desaparecieron por 14 días» y le aplicaron la llamada «ley de fuga» para intentar acribillarlo. «Ese día en que entraron a mi casa, y nos secuestraron, pudimos salir unos breves minutos, en algún descuido de los esbirros, y mi madre se dirigió a un teléfono monedero» para llamar al parlamentario José Vicente Rangel. «Esa llamada, y la oportuna intervención del diputado Rangel, le salvaron la vida a mi padre en 1974».

El diputado contó que en su casa no podían tener teléfono, que les cortaban la electricidad, que debían mudarse con frecuencia y acostumbrarse a vivir bajo amenaza.

Rememoró cómo, en distintas ocasiones, funcionarios de los cuerpos de seguridad de la época aplicaron torturas contra su padre y contra la familia. Una vez dos de ellos «sacaron una pistola, me la pusieron en la cabeza, y me preguntaron ‘dónde está Orlando Yajure’, y paf, accionaron la pistola. Estaba descargada».

Su padre no tuvo acceso a la defensa, enfatizó Rodríguez.

Tres años después, refirió el parlamentario, Jorge Antonio Rodríguez «era asesinado en los sótanos de la Disip», según la versión oficial. Pero la realidad es «que fue salvajemente torturado en una casa de tortura que tenía la Disip en Catia La Mar, cerca de la central eléctrica de Tacoa. Y cuando vieron que estaba gravemente herido, gravemente afectado, lo llevaron a la Disip para que muriera allí».

Además, narró Rodríguez, «lo mataron después de muerto, porque lo llevaron de la Disip a la morgue y querían obligar a los médicos a decir que un joven de 34 años había muerto de un infarto». Eso «me lo contó mi profesor de anatomía patológica, 15 años después; sin saber que yo estaba en esa clase, contó que él no iba a arriesgar su dignidad y honor como médico llenando un certificado de defunción que ya había llenado un médico de la Disip que decía ‘muerte por infarto agudo del miocardio’, cuando estaba ese cuerpo hecho trizas: el hígado desprendido, el bazo desprendido, decenas de fracturas, el cráneo fracturado, quemaduras de cigarrillo, asfixia».

Citó que, incluso, la Disip cortó la luz de la morgue en ese momento para entorpecer la autopsia, pero «mi profesor metió su carro su yip; y con la luz de su yip hizo la autopsia de mi padre».

Refrescó que el entonces ministro de Relaciones Interiores sentenció que Jorge Antonio Rodríguez murió «de un yeyo».

«Quisiera que en algún momento alguien me dijera cuál debido proceso estuvo aquí, cual ONG pidió por la libertad de mi padre, cuál organismo internacional de derechos humanos intervino. Ninguno. Y meses después un señor tristemente célebre en aquella época, llamado Eleazar Pinto, que era presidente de un banco y se robó toda la plata de ese banco, se presentó al trabajo de mi madre con unas llaves de un apartamento, y le dijo ‘aquí le manda el presidente Pérez’, y mi madre le lanzó las llaves en el pecho y le dijo ‘¿usted cree que la vida de mi marido vale un apartamento? Dígale a Pérez que mis hijos y yo lo perdonamos, porque si algo nos enseñó Carora (Jorge Antonio Rodríguez) es a no odiar».

Años después, recordó el presidente de la AN, se encontró con el presidente Pérez en otras circunstancias. Pérez le comentó «espero que no haya rencor», y él le replicó que ya su madre le había mandado a decir que lo habían perdonado.

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