La Operación Gedeón sacude el escenario político y mientras el Gobierno de Maduro trata de sacar ventaja, la oposición liderada por Guaidó trata de evitar enlodarse y ahora contraataca

La denominada Operación Gedeón, coloca sobre la mesa de la discusión política venezolana más preguntas que respuestas por lo inusual (por decir lo menos) de los hechos que se cuentan y que se ven en la discusión pública.

El Gobierno de Maduro aprovecha para atacar a la oposición liderada por Guaidó y se apoya en los elementos que sirven en la mesa voceros considerados adversarios del chavismo y las propias declaraciones de personas vinculadas al equipo de Guaidó.

Guaidó, trata de hacer el control de daños y se deslinda, pero gente de su entorno ha emitido declaraciones que de alguna manera lo acercan a la rocambolesca operación.

En medio de la polarización política que vive el país los señalamientos van y vienen. Cada factor acusa al otro y trata de demostrar las culpa y “la mala de intención del régimen” o la “desfachatez de los golpistas terroristas”.

En la batalla de opinión pública la Operación Gedeón, se llevó por delante los impactos de la pandemia del coronavirus, la crisis que se genera por la falta de gasolina, la baja producción y disponibilidad de alimentos, medicinas y servicios públicos.

¿Qué hay?

Hasta ahora los hechos relatan cosas que resultan complicadas de encajar. Es una geometría política un tanto desconocida.

La literatura de las acciones insurgentes tiene capítulos famosos de fuerzas subversivas apoyadas por gobiernos extranjeros. Hay dos casos emblemáticos en América Latina: Los Contras en Nicaragua y la guerrilla del Ché, en Bolivia.

La firma de un contrato con una empresa “tumba gobiernos”, es realmente una novedad.

Existen las leyendas de empresas de seguridad que han trabajado para grandes compañías del mundo energético y minero que “eliminan obstáculos” que entorpecen las grandes inversiones, pero su presencia siempre tiene un velo de misterio, que pareciera ser el valor agregado de estas empresas.

Lo cierto es que, creíble o no, se habló de un contrato, que en principio, al ser referido por Cliver Alcalá, pocos dieron fe a esa especie.

Luego un exmarine sale en las redes sociales con un conocido militar venezolano, adversario del chavismo reivindicando el desembarco y llamando héroes a quienes “estaban en la misión”.

Se habló de ocho muertos en Macuto y la muerte de Robert Colina, “Pantera”, y luego la detención “por el pueblo de Chuao de otro grupo de terroristas” en el que se encontraban dos exboinas verdes.  

Este mismo personaje, Jordan Goudreau, muestra un contrato con la supuesta firma de Juan Guaidó y personajes de su entorno. La afirmación la hizo a Patricia Poleo, periodista venezolana conocida por su duro cuestionamiento al chavismo, refugiada política en Estados Unidos. Poleo también es reconocida por ser una de las más implacables críticas de Juan Guaidó.

Hasta aquí, el manual no escrito de la política para principiantes recomienda una declaración contundente de Juan Guaidó negando la firma del contrato y la existencia de cualquier contacto con Goudreau, pero no… ¡Sorpresa! El contrato existe.

La afirmación la hizo hace una semana en CNN en Español J.J. Rendón, quien para el momento era el Jefe de la Comisión de Estrategia de Juan Guaidó.

“Fue parte de un acuerdo preliminar que no llegó a hacerse efectivo pero sí es mi firma (…) ¿En qué consistía? Era una exploración para ver la posibilidad de captura y entrega de la justicia de miembros del régimen que tienen orden de captura”, fueron las palabras de J.J. Rendón.

Luego de esto sostuvo que, Guaidó no firmó el acuerdo y que él pagó 50.000 dólares “de mi bolsillo” a Goudreau por los gastos. Esto fue el 8 de noviembre en su casa.

Se esperaba nuevamente una reacción de Guaidó, en la que destituyera a Rendón de su cargo y se deslindara de esta tóxica relación con Goudreau, pero tampoco llegó esta acción.

Al ataque

El Gobierno de Maduro, con todo su andamiaje comunicacional y de propaganda toma todas estas contradicciones y las difunde en función de dejar en evidencia “las confesiones” de sus adversarios y la vía insurreccional que han tomado.

Asimismo, da una lectura épica cada uno de los eventos en función de moralizar a su base dura y mostrar al enemigo externo que siempre ha cohesionado al chavismo.

EFE/PALACIO MIRAFLORES/SOLO USO EDITORIAL/NO VENTAS

“Prueba tras prueba”, son difundidas todos los días y comienzan a aparecer videos de los vinculados en la incursión. Estos presos políticos confirman ante las cámaras, unos con mayor y otros con menor ánimo, lo dicho por Goudreau.

También suscriben las afirmaciones hechas por los voceros del Gobierno de Maduro, sobre los vínculos con personajes colombianos relacionados con el narcotráfico.

Los voceros oficialistas reivindican el valor del habitante de Chuao, que con un revolver conminó a los insurrectos, acompañados por dos ex boinas verdes a entregarse. Ciertamente, muchos han acotado que había un helicóptero artillado sobre las cabezas de los miembros de la Operación Gedeón.

Asimismo, han señalado que estaban infiltrados y conocían los movimientos de esta acción desde que cayeron las armas en una alcabala en Colombia.

Una semana después

Desde la oposición, distintos factores se deslindaron de la Operación Gedeón, que sin lugar a dudas oxigena al Gobierno.

Guaidó, ha replicado ante los argumentos de Maduro y lo señala de asesino, de ser responsable y preparar la muerte de estos venezolanos.

Foto: Centro Nacional de Comunicación

El problema más grande de Guaidó no es hacia lo interno, en donde la polarización alivia el costo de que se le vincule, aunque sea indirectamente, con una iniciativa de este tenor.

Su problema mayor es hacia el exterior y específicamente con la Unión Europea, que cuestiona a Maduro, pero siempre ha colocado la negociación política como la vía para resolución del conflicto.

El líder opositor tiene la tarea de encontrar una narrativa, que justifique la decisión de uno de sus principales asesores que se paseó por la posibilidad de una salida violenta y no fue destituido.

Apenas una semana después, por lo que parece una concesión graciosa de J.J. Rendón, acepta su renuncia y en esta escena nadie cometió errores.

Más allá de los deseos individuales de los líderes europeos, estos eventos le obligan a revisar la vehemencia de sus argumentos frente al Gobierno de Maduro, que se mostrará, con unas evidencias por delante, como el agredido.

¿Cómo justificar que quién quiere un cambio democrático en el país acude a la posibilidad de una acción militar?

De retruque

El último boletín de la oficina de comunicaciones de Guaidó, señala que “el presidente encargado” aseguró que han “reunido información y evidencias que demuestran que detrás de la Operación Gedeón está la dictadura”.

Aun no habla de pruebas, porque adelantar nombres de los involucrados podría “entorpecer el trabajo que se desarrolla”.

La acusación viene de retruque, se diría en buen criollo. Ahora le toca a Guaidó, moralizar a su base y reponer los daños que pudieran haber causado estos eventos. Necesita disipar dudas que algunos sectores moderados pueden tener.

Se dice que hablará de “los infiltrados en la operación”, inculpará a Cliver Alcalá y probablemente señale a Antonio Sequea, como “un informante del régimen”.

Necesita revertir la carga de la prueba y señalar a Maduro como el agresor y tratar de evitar los costos ante la comunidad internacional que lo apoya y que no justificaría un acción militar.

Todo esta bien, todo está mal

Internamente, el problema que existe es la falta de credibilidad que genera la polarización y no hay instancias que generen la suficiente confianza al grueso de la población de que las investigaciones se hagan de manera imparcial.

Cualquier cosa que diga el oficialismo, por convincente que parezca o sea, será demeritada por el sector opositor. Lo mismo ocurre en el lado contrario.

Vivimos una época donde nada es cierto, donde todo es verdad y eso nubla la verdad.

En medio de este escenario están un montón de preguntas sin respuestas contundentes.

¿Por qué Guaidó no destituyó a J.J. Rendón, al confirmar que negoció con Goudreau?

¿Por qué J.J. es tratado con tal deferencia?

¿Hasta dónde infiltró el Gobierno de Maduro la Operación Gedeón y por qué la dejó avanzar?

¿Dónde están los cadáveres de los invasores que entraron por Macuto?

Por otro lado, no sabemos cuál será el camino que tome el debate sobre este tema a nivel internacional y cuál será la reacción de la Unión Europea ante el evento.

Lo único cierto es que la clase política y la polarización ponen en segundo plano el debate sobre el manejo de la pandemia.

La otro que está claro es que la crisis económica y social que vive el país, con más del 50% de la población económicamente activa en el sector informal o de profesionales por cuenta propia, la falta de combustible para mover alimentos y medicinas, también ha sido relegada.

El desenlace de estos eventos no se ve a la vuelta de la esquina.

No tenemos una bola de cristal para mirarlos, apenas tenemos los pies planos para ponerlos sobre la tierra y esperar las nuevas jugadas de los actores políticos.