Un episodio diplomático un tanto extraño, por decir lo menos, pareciera tener un trasfondo electoral

¿Cambio de señas

¿Decisión apresurada?

¿Falta de avión?

¿No había pasajes?

¿Un mal consejo?

¿Negociar con la pistola en la mesa?

Todas las anteriores o… ¿solo algunas?

El capítulo de la tensión con la Unión Europea por la expulsión de embajadora de esta organización en Venezuela abre espacio para cualquier especulación en el plano político.

El episodio lo detonó la decisión del bloque comunitario del viejo continente de sancionar a 11 funcionarios oficialistas, por “violentar el orden democrático de la Asamblea Nacional”. 

Maduro respondió de manera fuerte y dijo “vamos a ordenar nuestras cosas con la Unión Europea y vamos a ir paso a paso y ya basta, y si no nos quieren que se vayan, si no respetan a Venezuela que se vayan, a Venezuela hay que respetarla como integridad, como nación”.

Con esto dio 72 horas para la salida de la embajadora.

El trabajo periodístico nos llevó el martes a tratar de hablar con la representante diplomática Isabel Brilhante Pedrosa. Nos acercamos hasta la sede la Unión Europea en Caracas, a eso del mediodía.

La pandemia tenía desolados los alrededores del edificio, en el caraqueño sector de El Rosal, municipio Chacao.

La diplomática no nos pudo recibir y mandó a decir con sus asistentes que estaba ocupada en un reunión. Con esto comprobamos que todavía estaba en el país y en su despacho.

En la búsqueda de información supimos que la reunión se dio con un representante del Gobierno de Nicolás Maduro, como parte de ese juego de la diplomacia que se siempre se da hasta en los momentos complicados de cualquier conflicto.

Al analizar la contraorden de expulsión se debió a una serie de señales que debían darse.

En primer lugar, el Ejecutivo quiso mandar una señal de firmeza ante la acción de la Unión Europea y superó el principio de reciprocidad y quiso ir más lejos.

Algunos expertos en el tema internacional indican que sanciones se contestan con sanciones. El problema está en que la UE no es un solo país y se hace complicada la aplicación del principio por esa vía.

Por eso, la estrategia de Miraflores fue poner la pistola sobre la mesa y demostrar fuerza.

La respuesta de Borrell, jefe de la diplomacia europea fue también contundente pero vestida con el rigor, decoro y el garbo de un diplomático de carrera.

“Creo que aislar más internacionalmente el régimen de Maduro no es una buena manera de intentar resolver el problema político en Venezuela, y por ello lamentamos fuertemente esta medida”, dijo el político que viene del mismo partido de Rodríguez Zapatero y Felipe González.

Los europeos actuaron por el librito de la diplomacia: Reciprocidad.

Ésta se traduciría de expulsar al representante de Venezuela en Bruselas ante el bloque de países de Europa.

Sin embargo, la rectificación llegó.

El canciller Arreaza, luego de que se manejara como información que había problemas con el avión en que se iba la diplomática de origen portugués, informó que en conversación con Josep Borrell acordaron revertir la decisión.

El telón de fondo es el tema electoral.

El venidero evento electoral que se realizará en Venezuela, necesita la verificación internacional para tener la posibilidad de legitimarse.

De cara a la administración de Maduro, Venezuela no está en la Organización de Estados Americanos (OEA) y por lo tanto no podrá ser observadora o testigo de el evento electoral.

¿Cuál es la organización internacional con prestigio para poder darle seriedad al proceso que constitucionalmente tocan este año?

Se llama Unión Europea. Esta organización ha mostrado una posición firme de favorecer la negociación política para resolver la crisis.

Sin el representante en el país no sería posible ni siquiera pensar en proponer una participación en veeduría, acompañamiento, observación del proceso electoral del próximo 6 de diciembre convocado por el CNE, designado por el Tribunal Supremo de Justicia

Así que la decisión era obligada, por la necesidad política, que se pone por encima de las razones de dignidad y respeto a la autodeterminación.

La política es fluida y dinámica. Debe actuar, reunirse y conversar con quien deba hacerlo, por más lejos que se encuentren en sus posiciones ideológicas.

¿Funcionará?

Repetimos que solo tenemos los pies planos para buscar información y no bolas de cristal para el futuro.

El juego sigue.