De probarse -lo que resulta bastante difícil- que se propagó el virus con mala intención “estaríamos hablando de un crimen de lesa humanidad”, que es competencia de la Corte Penal Internacional, señala el abogado Alí Daniels, director de Acceso a la Justicia. En caso de comprobarse que hubo negligencia habría lugar para las indemnizaciones, por lo que parece improbable que China lo admita. La creación de una Comisión Internacional de Investigación en el marco de las Naciones Unidas es el mejor camino a juicio de Kenneth Ramírez, presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales

El 31 de diciembre de 2019 cayó martes. China notificó ese día, el fin del año en buena parte de Occidente, la ocurrencia de varios casos de neumonía en Wuhan. Fue la primera comunicación sobre la enfermedad que se convirtió en pandemia, ha enfermado a 5,8 millones de personas y ocasionado más de 360 mil muertes.

A la “chinafobia” que puede existir se sumaron los que consideran que China provocó la crisis de la COVID-19 por razones económicas y políticas, y los que piensan que no actuó con la debida diligencia para contenerla.

Quien no se ha guardado nada es el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, quien el 20 de mayo acusó a China de causar una matanza mundial.

“China parece haber ocultado información sobre el virus y demoró al menos dos meses en colocar en cuarentena a Wuhan, lo cual facilitó su propagación más allá de sus fronteras”, indica el doctor Kenneth Ramírez, presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (Covri).

La desconfianza sobre la actuación de China puede llevar a un paso más allá: la demanda.

Demandar a China tiene sus dificultades, porque “implicaría una investigación que China permita en su país”, afirma el doctor Alí Daniels, director de la organización Acceso a la Justicia. Tampoco ve viable que la OMS adelante esa iniciativa, porque ahora la organización no querrá tener conflictos con quien se convierte “en su principal proveedor de fondos” después del retiro de Estados Unidos.

De cualquier manera, acota Ramírez, no hay antecedentes de acciones similares: “La última pandemia similar la vimos a principios de siglo XX con la “gripe española”, cuando no existía aún Naciones Unidas ni la OMS ni la actual Corte Internacional de Justicia”.

Demandar… ¿ante quién?

No es un detalle menor dilucidar ante quién se presenta la denuncia. “Lo único que podría ocurrir, desde el punto de vista jurídico, es que se interponga la demanda ante la Corte Internacional de Justicia”, pero solo tiene competencia si las dos partes quieren recurrir a ella, aclara Daniels.

¿Un particular podría demandar a China? Sí, pero “se ha declarado la inmunidad de los Estados”, aclara Daniels. Pero un particular podría actuar contra empresas chinas que tengan bienes en Estados Unidos. Cita un caso en el que ya ha sucedido: el desastre ocurrido en 1984 en Bhopal, cuando un escape de tóxico de la empresa Union Carbide causó al menos 20 mil muertes. “Se declaró responsable a la matriz”, en Estados Unidos, “por los hechos que la filial había cometido”.

Dos conceptos del derecho penal son clave para este caso, y Daniels los trae a colación: Culpa y dolo. Culpa es negligencia, el descuido que permitió que ocurriera el hecho. La intención de cometer un delito es dolo.

“Probar que intencionalmente un funcionario chino quiso esparcir el coronavirus en su país, y luego que eso generase lo que ocurrió en el resto del mundo me parece sumamente difícil”, precisa. En el supuesto de probarse que se propagó el virus con mala intención “estaríamos hablando de un crimen de lesa humanidad”, que sí es competencia de la Corte Penal Internacional. No importa que China no haya ratificado el Estatuto de Roma, porque han sido víctimas ciudadanos de países que sí forman parte del Estatuto. No es fácil: la fiscal necesita elementos de prueba contundentes, y la realidad es que nadie ha emplazado a China por haber propiciado la pandemia a propósito.

¿Cabe la negligencia? El experto piensa que sí: “Visto el precedente de la gripe aviar que ocurrió hace algunos años y que no fue tan grave como el COVID-19, quizá no se tomaron las previsiones, sobre todo con el Año Nuevo Chino, que coincidió con las primeras etapas de la pandemia, y que permitieron que muchísimos chinos se trasladaran” a otros sitios, “lo que produjo que el virus llegara tan rápido a tantos sitios”.

Sin embargo, “aunque haya habido negligencia de China, habría que ver si China está dispuesta a hacer una investigación para reconocer esa negligencia”. En caso de que el gobierno chino admitiera su responsabilidad “podría ser demandado” y habría lugar para indemnizaciones. Daniels lo ve poco probable, porque el gobierno de China tendría que asumir enfermos y muertes. También puede acusar a otros Estados de no actuar a tiempo para atender a sus ciudadanos, como podría ser el caso de España. “La responsabilidad tiene varios niveles y los gobiernos locales también tienen una responsabilidad” porque no tomaron las previsiones.

Incluso, de haber una sentencia internacional China podría negarse a cumplirla. “Asumamos que la Corte Internacional de Justicia se declara competente, que el Estado o conjunto de Estados demandantes construyeron una demanda sólida y China es declarada culpable de algunos de los supuestos que hemos explorado, y se le exige pagar millones de dólares en indemnización a la OMS y/o los Estados demandantes”, detalla Ramírez, y puede ocurrir que China se niegue a cumplirla. “Esto implicaría que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debería tomar las medidas necesarias”.

Y ni así sería fácil, explica el internacionalista, porque China es miembro permanente del Consejo de Seguridad y puede vetar cualquier resolución. “En este escenario, estaríamos más ante una derrota política y moral de China, que ante una sentencia efectiva. Esto nos dice que el camino de buscar un arreglo judicial no sólo se presenta escabroso, sino que no parece ser el adecuado”.

Arreglo de controversias por otra vía

La investigación es una forma de avanzar. “El Artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas establece los medios de arreglo pacífico de controversias, y entre ellos: la investigación. En este contexto, considero que resulta más apropiado y productivo negociar con China la creación de una Comisión Internacional de Investigación en el marco de las Naciones Unidas”.

La idea es que los resultados “no sean legalmente vinculantes, ni tenga un enfoque confrontativo ni centre su mandato el establecimiento de responsabilidades, culpas o rendición de cuentas”, alega, “sino que se encuentre orientada a detectar las debilidades y lecciones aprendidas para establecer recomendaciones con miras al fortalecimiento de la OMS y las normas sanitarias internacionales. El gran objetivo debe ser mejorar una futura acción colectiva para responder más asertivamente a otras pandemias”.

Kenneth Ramírez detalla que el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de Naciones Unidas podrían impulsar esa investigación, pero considera más viable una comisión de la secretaria general “tras una negociación previa sobre su objetivo, alcance y composición. Esto evitaría las discrepancias que podrían surgir entre los Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad, o las dificultades para hallar consenso que plantearía la Asamblea General de Naciones Unidas”.

Pero sea cual sea la instancia que la aliente, Ramírez insiste en que no debe centrar su mandato en establecer responsabilidades y rendir cuentas, porque “es la casi total de que esto antagonizará con los Estados clave como China, y alentará la
búsqueda de instrumentarla por las potencias en función de sus intereses, narrativas particulares y reproches mutuos”.

Como internacionalista, advierte que “es poco probable que los Estados cooperen si ven a la Comisión como un precursor de reclamos legales y represalias políticas, o como un instrumento destinado a humillar moralmente y desestabilizar políticamente”. Lo más productivo para el mundo, según su análisis, es que esa investigación fomente “una comprensión compartida de la crisis y un espíritu de resolución de un problema transnacional como lo es la pandemia de COVID-19”.