El careo entre el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y su homólogo de Colombia, Gustavo Petro, no es algo nuevo. Pero en esta oportunidad la denuncia de Petro sobre la situación carcelaria salvadoreña recibió como respuesta un reto de Bukele: que Colombia reciba 100 % de la población carcelaria de El Salvador.
El diario español El País publicó una investigación acerca de las cárceles promovidas por Bukele, según la cual el terror de las pandillas fue reemplazado por el terror del Estado. A esto, Petro replicó en X que «tener un 36% de personas presas inocentes es un crimen contra la humanidad».
El mandatario colombiano afirmó que «se trata de campos de concentración de población civil, gente apresada porque tiene un tatuaje o es joven; así no se disminuye una tasa de homicidios porque estás matando en vida a miles de jóvenes presos inocentes y a sus familias, se parece a las ejecuciones oficiales en Colombia para matar jóvenes para hacerlos pasar por guerrilleros dados de baja, cuando eran jóvenes inocentes incluso con problemas mentales recogidos en los barrios populares de las grandes ciudades. Eso se llama terrorismo y sirve para conseguir apoyo popular ignorante, y después siguen los ciclos de venganza y más muertes».
La tasa de homicidios se baja, agregó Petro, «y lo estamos logrando en semana santa en Colombia, pacificando, construyendo paz en ciudades y en el mundo rural».
La réplica de Bukele no se hizo esperar. Y también la proporcionó en X. «Hace algún tiempo planteé una propuesta similar a Hillary Clinton, tras sus críticas sobre el sistema penitenciario en mi país. Hasta hoy, sigo a la espera de una respuesta. Permítame entonces extenderle la misma invitación, con el mayor respeto. Si, como usted sostiene, en nuestro país existen “campos de concentración”, estaríamos frente a una situación que no admite términos medios, sino decisiones firmes en favor de la dignidad humana».
En ese espíritu, añadió, «El Salvador está dispuesto a facilitar el traslado del 100% de su población carcelaria, todos, incluyendo los llamados presos políticos y cualquier otro caso que considere viole su política del “amor y la vida”. Únicamente bajo una condición que entiendo será compartida por usted: deben ser todos. Porque si se trata de “campos de concentración”, incluso un solo detenido que permanezca allí sería inaceptable. Esta es una oportunidad histórica para consolidar su legado como el libertador que extendió la cuerda firme de la justicia, para sacar a miles del abismo de la exclusión».






