Un nuevo ataque armado en una peligrosa ciudad del suroeste de Ecuador dejó al menos seis muertos y más de una decena de heridos, informó la policía, en el cierre del año más violento en la historia del país andino y en medio de la declaración de un nuevo estado de excepción.
Cerca de la medianoche del fin de año, sujetos armados atacaron con armas de fuego a varias personas que se reunían en una fiesta familiar en un populoso barrio de la ciudad portuaria de Manta, 260 kilómetros al suroeste de Quito, en la provincia de Manabí.
El hecho dejó seis muertos y 11 heridos, según un reporte policial entregado a los medios.
Medios locales señalaron que entre las víctimas hay un menor de edad.
El ataque ocurre apenas tres días después de otro hecho similar que dejó seis muertos en la población de Puerto López, también en la convulsa provincia costera de Manabí, asediada por bandas criminales que aprovechan su estratégica ubicación en el Pacífico para el trasiego de droga a puertos internacionales, según autoridades.
Ecuador cierra con estos hechos el año más violento en su historia.
De acuerdo con cifras de la policía, hasta el 19 de diciembre se registraron 8.847 muertes violentas, superando el récord de 2023 cuando se reportaron 8.248 homicidios. En 2024, la cifra fue 7.063.
Poder Ejecutivo
En este contexto, el presidente Daniel Noboa decretó la noche de fin de año el estado de excepción en nueve de las 24 provincias del país, donde la violencia ha recrudecido por la expansión de operaciones de bandas criminales en asociación con cárteles transnacionales del narcotráfico, señaló el documento.
El estado de excepción que rige desde el 1 de enero de 2026 restringe el derecho a la inviolabilidad de domicilio —para viabilizar allanamientos de fuerzas de seguridad— y la inviolabilidad de correspondencia.
Las provincias donde rige la medida son: Guayas, Manabí, Santa Elena, Los Ríos, El Oro, Pichincha, Esmeraldas, Santo Domingo y Sucumbíos, así como en otras tres poblaciones de Cotopaxi y Bolívar.
Ecuador está envuelto en una ola incesante de violencia hace más de cuatro años tras convertirse, según las autoridades, en un centro logístico de almacenamiento y distribución de drogas que ingresan principalmente por la frontera norte con Colombia y al sur con Perú, países que están considerados entre los dos más grandes productores del mundo.






