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viernes, 12 abril, 2024
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Gustavo Márquez: Eduardo Fernández puede ayudar a cerrar las heridas en Venezuela y abrir nuevos horizontes a la izquierda y a todos los factores

Texto, fotos y videos: Vanessa Davies

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El mandatario Nicolás Maduro «no representa para nada el proyecto de la revolución bolivariana, al cual me adscribí en un momento; por el contrario, tomó el rumbo a un régimen autoritario neoliberal que nada tiene que ver con el planteamiento original de la revolución», sostiene

Gustavo Márquez no solo apoyó al presidente Hugo Chávez y a la revolución bolivariana, sino que se comprometió con el proyecto hasta el punto de aceptar varias funciones públicas. Pero se distanció, se alejó de la gestión del mandatario Nicolás Maduro por considerar que lidera «un régimen destructor de los derechos fundamentales». Hoy, respalda la posible candidatura de un dirigente político distante de su pensamiento de izquierda pero en quien ve una esperanza para construir Venezuela: Eduardo Fernández.

«Eduardo Fernández expresa la voluntad de cambio del país, que implica fundamentalmente sustituir este régimen autoritario que está avanzando hacia un régimen destructor de los derechos fundamentales y la perdida de vigencia de la Constitución llevándonos al caos, por la posibilidad de avanzar a la construcción de la nueva Venezuela, la recuperación de la democracia», defiende Márquez en entrevista con contrapunto.com realizada este lunes 11 de marzo en Sabana Grande.

-¿Por qué Fernández?

-Porque es un hombre de diálogo que va a ser capaz, frente a la coyuntura que estamos viviendo, de entenderse con el gobierno para lograr una transición pacífica y democrática en la que coexistan los poderes públicos: unos, dominados por el PSUV; otros, por la oposición, y llevarnos a feliz puerto a 2025, cuando habrá elecciones parlamentarias, locales y regionales en pleno proceso de restitución de la legalidad de la Constitución. Eduardo es un hombre de trayectoria. Si bien no comparto su pensamiento, le reconozco su condición de demócrata apegado a la Constitución. Él es el único líder de la oposición destacado que mantuvo, durante todos estos años, la idea de que la única manera de cambiar el gobierno era a través de la ruta democrática, constitucional y electoral.

La actual «es una coyuntura muy especial la que estamos viviendo. Un cuadro electoral que, de mantenerse, y creo que va a mantenerse si no hay una variable como la que estoy planteando con la candidatura de Eduardo Fernández como candidatura de unidad nacional, Maduro va a ganar las elecciones», afirma.

Maduro «no representa para nada el proyecto de la revolución bolivariana, al cual me adscribí en un momento; por el contrario, tomó el rumbo a un régimen autoritario neoliberal que nada tiene que ver con el planteamiento original de la revolución», sostiene. «Por eso, creo que en el mundo del chavismo, del chavismo crítico, los descontentos pudieran tener una alternativa en Eduardo».

Fernández «no representa el programa que levantamos en 1998, pero sí representa un programa para cerrar las heridas en Venezuela y abrir nuevos horizontes a la izquierda y a todos los factores; todos los factores que, de mantenerse el régimen de Maduro, no tenemos futuro, porque él ha demostrado la persecución que adelanta sistemáticamente contra los partidos y liderazgos de izquierda, como en el caso del PCV; contra dirigentes sindicales, contra el movimiento obrero, aunque se define cínicamente como presidente obrero. Eduardo es una opción que puede salvar a Venezuela».

Esta es una encrucijada, sostiene, «en la cual vamos a la construcción de Venezuela o vamos al abismo al que puede llevarnos un régimen como el que tenemos hoy». No son elecciones cualquiera «y no puede plantearse para la oposición como los procesos anteriores». En el cuadro actual, evalúa, «gana Maduro», pero con una candidatura como la de Fernández podría ser diferente.

Dos caminos

En varios sitios del país hay encrucijadas geográficas que llevan el nombre Dos Caminos. La de ahora es mucho más que eso. Venezuela se halla ante la posibilidad de un cambio de rumbo, insiste Márquez. O, como lo remarca, ante la opción de mantenerse «en la disolución de las instituciones, la pérdida de espacios del territorio que hoy son controlados por mafias», la migración de millones de personas «empujadas por una situación de pobreza y miseria nunca vistas», la desconfianza hacia el liderazgo político opositor y el rechazo al gobierno». Si el mandatario Maduro continúa al frente del país «puede haber una ligera mejora económica, especialmente para los sectores pudientes, la burguesía que se ha formado a través de la acumulación mafiosa de capital» y la burguesía tradicional.

El expresidente Luis Herrera Campíns, que gobernó Venezuela entre 1978 y 1983, «alguna vez habló de un país hipotecado, y hoy tenemos que hablar de un país quebrado al que parece que lo que le queda es la liquidación de los activos, los recursos» y hasta los servicios. «Eso va a profundizar nuestra condición de país dependiente, colonizado, subordinado» sea en el área de influencia «de China, de Estados Unidos o de la potencia que cumpla el rol de neocolonizar a Venezuela. Es la soberanía lo que está en juego».

Ratifica, además, que un gobierno de Maduro «va a profundizar el modelo autoritario, a terminar de liquidar las libertades políticas y sociales, y, sobre todo, los derechos humanos». Parece que se avanza «a la adopción de un modelo híbrido, que combina el modelo cubano con el modelo chino».

A pesar del rechazo al gobierno de Maduro y el deseo de cambio del país, un segmento muy importante de los descontentos está desencantado del liderazgo opositor. Ese sector se ha movido alrededor de sus intereses «sin plantear una visión estratégica del país» y sin proponerle a Venezuela un camino por la ruta democrática y constitucional, estima.

En esta oportunidad, resalta Márquez, «nadie ha llamado a la abstención» y hay «una altísima propensión a participar en las elecciones» mas «no hay una alternativa». Refiere que el escenario electoral «fue construido por el propio gobierno como lo hizo en 2018. La estrategia consiste en promover la división de la oposición y en estimular la abstención usando el cinismo ventajista del uso del aparato del Estado» para «dejar la idea de que ellos son dueños del juego» y que van a ganar. «Pero esa es una idea falsa».

Un proyecto común

Un candidato que se enfrente a Maduro debe estar preparado para una relación con el gobierno, insiste Márquez. «Estamos ante un gobierno y un liderazgo que están contra la pared, que tienen una soga en el cuello y un letrero con recompensas. Si le dices que te entreguen Miraflores y que vas a darle una braga naranja no va a aceptar porque se trata de él mismo y de una estructura clientelar».

No se debería asumir este proceso electoral con las mismas estrategias, reitera. «Si llamas a la abstención no va a pasar nada; ganará Maduro de todas maneras, porque la abstención contribuye a que gane Maduro, y eso es lo que está buscando Maduro: que la gente se abstenga».

Aun cuando Machado ganó las primarias, considera Márquez, eso no la convierte en la ungida y la única representante del 80% que quiere un cambio de gobierno. «Mucho menos tiene las facultades para decir quién va a ser el candidato. El candidato debe ser una persona que reúna determinadas condiciones para enfrentar la complejidad que tenemos».

El candidato debe ser alguien que exprese la voluntad de cambio y se comprometa con un programa mínimo, explica. El primer punto es «la restitución de la Constitución progresivamente con la reinstitucionalización del país». El segundo, la atención de la emergencia social «que no espera más» y que ha empobrecido a la población y empujado al éxodo a varios millones. «Tenemos que asumir que vamos a transitar una etapa de reconstrucción como si saliéramos de una guerra», para lo que se necesita el saneamiento de la economía y acudir a organismos internacionales. El tercer punto es la soberanía, que hoy «es un paño con huecos» porque está muy herida; el país necesita relaciones con todos los países pero con una política exterior que no esté subordinada a nadie, manifiesta.

Para poder llevar a cabo un programa así «se necesita una visión de estadista», una persona «que pueda ejercer el liderazgo de Estado, no de partidos, no ideológico. Un liderazgo de Estado de una nación diversa, plural, que quiere ser democrática y que tiene elementos de unión como la venezolanidad». Un dirigente que pueda plantear futuro, que consulte a las comunidades y que pueda calibrar la opinión nacional, describe. Un gobierno de unidad nacional, plural, que recoja los mejores talentos.

El abanderado de quienes quieren un cambio «debe tener la capacidad de dialogar con el gobierno», de negociar «un proceso de transición» entendiendo que el PSUV tendrá el control de una parte del país. «2025 debe ser el año de la transición», dibuja. «Hay que tener claro que el PSUV va a seguir existiendo, probablemente siga siendo el partido mayoritario dada la configuración de la oposición, y probablemente la oposición va a tener que reconfigurarse en un nuevo escenario». Debe ser posible la coexistencia «dentro de un pacto nacional de restablecimiento de la Constitución, del estado de derecho para darle la protección perdida a la población venezolana en cuanto a sus derechos».

Para llegar a esa candidatura, admite, hay un problema de tiempo. «Hay que actuar. Es un llamado a los liderazgos opositores para que piensen un poco más allá» y vean lo que ocurriría con la continuidad de Maduro, advierte Márquez. «Es un momento crucial el que estamos viviendo, es hora de definiciones que deben llevarnos a una opción distinta». Para el dirigente de izquierda, y para otros factores nacionales, esa opción distinta la encarna Eduardo Fernández.

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