No solo hay escasez de bolívares; es que tampoco se dispone de vuelto para billetes de 50 o 100 dólares, explica el economista Manuel Sutherland, a quien le ha tocó pagar la reparación de un vidrio con un kilo de jamón. “El billete de 50 mil debería ser el más pequeño y por encima de él debería haber un billete de 100 mil, de 200 mil, de 500 mil y quizá un billete de un millón”, detalla el economista Leonardo Vera

No hay dolarización formal en Venezuela, pero el billete de un dólar es el gran protagonista del día a día ante la escasez de bolívares. Con el billete de un dólar se paga el pasaje en el por puesto, se compran tres pares de medias o un par de guantes. Sin embargo, también este billete se ha puesto difícil de pescar.

Desde marzo de este año, cuando el gobierno de Nicolás Maduro comenzó la cuarentena radical, la población quedó confinada en su hogar, sin efectivo, con los bancos cerrados y los cajeros bancarios dañados. Arréglatelas como puedas, parece ser el mensaje. La flexibilización abrió las puertas de las agencias bancarias, mas no logró atacar el problema de fondo: no hay bolívares.

“Ha habido un estrangulamiento progresivo del bolívar”, diagnostica el economista Manuel Sutherland, director del Centro de Investigación y Formación Obrera. “La escasez de medios de pago es tremenda”. También empieza a hacerse difícil conseguir sencillo en dólares, porque abundan los billetes de 20 y 50 y faltan los de uno y cinco. “Es una situación bastante incómoda”. No duda en calificar la desaparición del bolívar como algo mortal para la economía: “Es la sangre, la circulación para el proceso de acumulación del capital”.

“Yo estoy a punta de tarjeta de débito y estirando el poquito efectivo que tenía desde hace meses atrás, el efectivo de la pensión”. Lo dice una maestra activa que cobra su pensión -equivalente a poco más de un dólar- del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). “¿Cómo se vive sin efectivo? Como se vive con las carencias”, agrega, con resignación. 

Desde que se hizo la reconversión, en agosto de 2018, “sabíamos que iba a durar poco tiempo si no se paraba la inflación. Si no paras la inflación debes estar preparado para ir sacando nuevas familias de billetes. En 2019 eso fue lo que pasó: un año después de la reconversión salieron tres piezas nuevas: de 10 mil, de 20 mil y de 50 mil. Eso no estaba en la reconversión. El BCV ha debido seguir con esa dinámica”, opina el economista y profesor universitario Leonardo Vera.

La política monetaria del gobierno de Maduro es “disparatada y desordenada”, no permite tener una moneda confiable y segura, y tampoco dolariza, fustiga Sutherland. En 2009 había 160 dólares por habitante, calcula; este año hay 0,74 dólares por habitante. Esa caída “hace que las personas vayan sustituyendo los medios de pago por otros, como el trueque o el uso de divisas”, el peso colombiano en la frontera con Colombia y el real en la frontera con Brasil.

También se imponen los euros, el oro y hasta el pago con cosas. Al propio Sutherland le sucedió: Para cancelar el arreglo de un vidrio “fui a una panadería y compré un kilo de jamón. Con un kilo de jamón pagué la reparación. Mucha gente está pagando con harinas, con medios de pago alternativos”.

Como los comercios, incluidos los bodegones, aseguran no tener cambio para billetes de 50 o 100 dólares, “te obligan a comprar chocolates o cosas así para no darte cambio”, suma Sutherland.

La falta de efectivo ha llevado a pagar el transporte público en dólares, y ya los camioneteros están preparados para cobrar un pasaje en 20 mil bolívares, recibir un billete de un dólar y devolver 330 mil bolívares.

“Más que hablar de la dolarización habría que hablar de la destrucción del bolívar, una destrucción progresiva que se expresa, primero, con el proceso de hiperinflación”, indica Manuel Sutherland. En enero de 2011 había 45 mil millones de dólares, y hoy, septiembre de 2020, hay 475 millones de dólares “como masa circulante en el país”. 

“Yo me bandeo con débito y pago móvil”, explica un trabajador por cuenta propia. A veces, por no tener efectivo para pagar un pasaje, le ha tocado caminar, y mucho. Hoy “vas al banco y los cajeros están vacíos. En la ventanilla dicen que no hay billetes. La gente está siendo forzada a un sistema de pago muy errático, en el que hace transferencias electrónicas, y está siendo empujada a utilizar otras piezas, como el dólar. No todo el mundo tiene acceso a dólares en efectivo”, expone Vera. 

Es tan caro lo que se debe pagar, que no hay suficientes bolívares, admite la maestra. “Pregúntense cuántos billetes de 50 mil se necesitan para comprar un kilo de queso o un kilo de carne. Necesito 20 billetes de 50 mil. ¿Quién tiene 20 billetes de 50 mil? El billete de 50 mil debería ser el más pequeño y por encima de él debería haber un billete de 100 mil, de 200 mil, de 500 mil y quizá un billete de un millón”, detalla Leonardo Vera.

Con el billete de un dólar como el que -si se consigue- todo lo resuelve (el rol que hace años cumplía el billete de 100 bolívares) siguen los incentivos para que la economía se siga dolarizando. “No sé si ese es el propósito que tiene el gobierno”, aclara Vera. El país necesita nuevas piezas monetarias, reitera el economista. Pero eso cuesta dinero, y es probable que la ausencia de dinero físico esté relacionada con la caída sostenida de la economía.

“Un billete es una pieza hecha en una tela especial de lino, y eso cuesta, hay que traerlo del exterior. También los precintos de seguridad. Todas esas cosas con las que se elabora un billete cuestan dinero, cuestan dólares”, confirma Vera. Y va más allá: “Me pregunto si la razón por la cual no hay piezas monetarias es que el BCV ni siquiera tiene los recursos para poder comprar la materia prima que se necesita para hacer billetes”.