Venezuela enfrenta un grave problema de falta de combustible y la solución que se perfila tiene como principal amenaza la hostilidad en las relaciones con los Estados Unidos. En el corto plazo la única salida es la importación de gasolina

Solucionar el suministro de combustible para el país se hace urgente porque atenta contra el abastecimiento y es un nuevo estímulo a la ya complicada hiperinflación que sufre el país.

Mucho se especula acerca de que la escasez de gasolina le vino como anillo al dedo al Gobierno para mantener a la gente en casa y hacer efectivo el confinamiento.

Esa fue la interpretación de las primeras cinco semanas. Ahora la lectura es diferente.

La extensión de la cuarentena y el estado de Alarma son vistas como la justificación para evitar que la demanda de combustible aumente y por eso se compra tiempo haciendo una cuarentena más larga.

Poco a poco el confinamiento se ha ido relajando y vemos como la gente “le busca la vuelta” para regresar al trabajo y producir algo. Las reservas de recursos se acabaron y la solidaridades comienzan quedarse solo con las intenciones porque lo material falta.

El comercio se adapta y muta, “se abre camino” como diría Ian Malcom en Jurassic Park. El bulevar de Sabana Grande es un ejemplo donde se ve que los negocios de ropa interior, venden harinas de maíz y pasta.

Hay que conseguirla

Hace falta gasolina porque los alimentos que se producen en el país no están llegando a los consumidores y eso deja sin dinero a los productores para mantener a sus familias y sostener su producción.

El traslado de productos importados también se complica al no existir combustible para el transporte.

El coronavirus ya es un torpedo a la línea de flotación de las empresas y se espera un cementerio de ellas al paso de la pandemia. Si a esto se le suma la falta de las condiciones mínimas para funcionar, el impacto será aún mayor.

La solución tiene dos caras que son complementarias. La importación de gasolina y la reactivación de las refinerías locales.

No existe en el corto plazo la posibilidad de resolver la paralización de la refinerías y ponerlas a procesar el crudo nacional a la velocidad que requiere la demanda deprimida, pero demanda al fin.

El país metido en la cuarentena requiere de 120.000 barriles diarios de combustible para regresar a la “anormalidad” que existía ante de la decisión del distanciamiento social. Con esto queremos decir que se vería una Caracas abastecida y las regiones con colas para reponer gasolina de cinco o seis horas, no de tres, cuatro días y hasta una semana.

Ninguna de las refinerías están operativas. Hace tres semanas se anunció que El Palito entraría en funcionamiento y eso no ha ocurrido, o por lo menos no hay evidencia de ello. Los problemas del parque refinador venezolanos son más graves de lo que parecían.

Foto: AFP.

Esa es la opinión repetida cuando se habla con trabajadores de la industria y con gente vinculada al negocio.

La gasolina que se está consumiendo viene del exterior en tanqueros contratados por empresas que han sorteado las sanciones de Estados Unidos argumentando un acuerdo de petróleo por alimentos, siendo en este caso la gasolina un insumo indispensable para llevar los comida a los hogares venezolanos.

Las triangulaciones complican la importación de gasolina, amén de que elevan los costos que seguramente redundará en el beneficio de algunos que consiguen sacarle partido a la crisis a cuenta de “estar corriendo el riesgo de que los gringos me sancionen”.

Estas empresas son investigadas por Estados Unidos y probablemente detengan los envíos, pero ya deben estarse constituyendo otras para cubrirlas. Si el negocio está alguien lo tomará.

El problema a resolver es de dónde vendrá la gasolina y su regularidad.

Consumiendo 100.000 barriles diarios un tanquero normal podría cubrir tres días y un súper tanquero hasta una semana.

Los barcos de gran calado solo podrían llegar a Paraguaná y Jose.

¿Quien está en posibilidades de vender gasolina y hacer negocios con Venezuela sin ser susceptibles a ser sancionado? Alguien que ya lo esté.

El perfil de este potencial proveedor es Irán, país que está prestando apoyo para sacar de la paralización a Complejo Refinador Paraguaná

Hasta el fin de semana pasado el Gobierno de Maduro no había solicitado gasolina a los persas, según sostuvo el embajador iraní en Caracas en entrevista con Contrapunto, pero también aclaró “si la solicitan la traemos”.

Todo parece indicar que ha sido así. Información extraoficial indica que ya salieron hacia Venezuela unos buques con el combustible.

Las información no ha sido corroborada oficialmente pero el Gobierno de Estados Unidos, en una comunicación oficial, indicó que reclamará a Irán esta cooperación y Jorge Arreaza, canciller del Gobierno de Maduro, denunció esta acción como injerencia.

La sola declaración de los estadounidenses suena a confirmación de que los barcos persas vienen con gasolina.

En teoría el viaje dura alrededor de tres semanas, es decir que, si están saliendo ahora, vamos a tener bastante tiempo para los dimes y diretes. También se subirá el volumen de los micrófonos y la tensión.

Con la flota estadunidense que está dando vueltas en El Caribe el escenario se pone tenso. Coloca sobre la mesa la posibilidad de una crisis parecida a la de los misiles rusos que iban camino a Cuba en 1962.

Los iraníes están ya sancionados por los Estados Unidos, así que en una actitud desafiante enviaría los buques así como le presta ayuda logística en las refinerías.

¿Estados Unidos forzará la barra y asumirá el bloqueo de la entraba del combustible que viene en camino?

¿Por qué no lo ha hecho con los buques procedentes de México?

La única certeza en este momento es que sin gasolina importada se empeora la situación del país. No hay otra solución para paliar la escasez de combustible en corto plazo. Uncluso la posibilidad de conseguir una licencia para que Cirtgo envíe combustible hacia Venezuela se inserta dentro de la solución de gasolina importada.

Ya hemos dicho que todas las señales apuntan a que el Gobierno repetirá a formula usada en el Paro Petrolero, donde tanqueros de Gobiernos de países aliados se conviertan en las fuentes para garantizar un mínimo de movilidad.

¿Se concretará?

¿La tensión política lo permitirá?

¿Cómo va a influir la variable pandemia en este forcejeo político de consecuencias económicas y sobre todo sociales?

No tenemos bolas de cristal para ver el futuro, solo tenemos los pies planos para pisar tierra y ver como afrontamos la coyuntura.

El juego sigue.