La solicitud de una línea de crédito por 5.000 millones de dólares entra en el tablero del debate de la economía y desata un manojo de interrogantes complicadas de responder. El debate en las redes sociales es feroz y se trata de definir la sensatez, pertinencia y viabilidad de la acción anunciada por el Gobierno de Nicolás Maduro

¿Se puede? ¿No se puede? Estas son apenas dos de las preguntas que surgen en la Venezuela que vive en medio de un escenario de depresión económica, con una pandemia azotando la humanidad y la posibilidad de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le suministre recursos.

Las discusiones van desde lo pragmático hasta un debate sobre ética, moral y coherencia política. Desde distintos flancos de la polarización se esgrimen argumentos y se complica la lectura de la coyuntura.

¡Fin de mundo!

Al principio era difícil creer cuando el canciller de Nicolás Maduro publicó en su cuenta de twitter que, le solicitaron al FMI una línea de crédito de urgencia para enfrentar la pandemia del coronavirus en Venezuela.

Increíble, porque desde el chavismo se ha mantenido una reserva con este ente multilateral. En su momento Hugo Chávez, siendo presidente de la República, planteó la posibilidad de abandonar este organismo.

Esto desató un batalla al interior del equipo de Gobierno, donde el enfrentamiento entre el Ministro de Finanzas, Rodrigo Cabeza y el de Planificación Jorge Giordani, fue evidente.

Rodrigo Cabeza, exministro de Finanzas.

El Presidente Chávez, parecía decidido a romper las relaciones con el ente multilateral, sin embargo, las gestiones de Cabeza y de varios miembros del Directorio del Banco Central de Venezuela, impidieron que esto se concretara.

Luego de esto, cada referencia al FMI de parte de los voceros oficialistas es hostil para con esta organización, que se ha ganado, no sin méritos, la reputación de ajustes económicos de carácter antipopular que han generado problemas sociales de alto calibre en distintos países.

¿Y ahora qué?

Lo cierto y concreto es que Venezuela pidió el respaldo del FMI, al igual que lo hizo Irán la semana pasada.

Desde el Ministerio de Finanzas su titular Simón Zerpa, asegura que está acción no comprometerá la soberanía del país y que es parte del derecho que tiene Venezuela a exigir la atención de un organismo al cual pertenece.

El muy prudente y silencioso ministro de Finanzas acudió a twitter para expresar su posición y tratar de explicar, como le corresponde a su cargo, esta acción económica del equipo de Gobierno de Maduro.

Zerpa, también explicó que, esta decisión apunta a la utilización del “fondo de emergencias disponible para los países miembros, ofrecido por la Directora General del organismo Kristalina Georgieva”.

Recientemente el FMI hizo el anuncio que ponía a disposición “toda su capacidad de financiamiento” y evidentemente desde Miraflores, le tomaron la palabra.

¿Se podrá?

Para evaluar la posibilidad de su aprobación, revisamos los análisis de dos economistas: Asdrúbal Oliveros y José Guerra, profesionales libres de toda sospecha de ser chavistas o amigos del Gobierno.

Oliveros, lo primero que señala es que la solicitud del préstamo “demuestra un grave problema de flujo de caja externo. Para ello utiliza la figura del Instrumento de Financiamiento Rápido (IFR) que tiene el organismo multilateral”.

Asdrubal Oliveros, economista.

En su cuenta de twitter desarrolló una explicación en donde señala que el IFR “proporciona asistencia financiera rápida y de acceso limitado a países miembros que enfrentan una necesidad urgente de balanza de pagos, pero que no necesitan aplicar un programa propiamente dicho”.

Advierte que, partiendo de las características de la figura financiera del FMI el Gobierno de Maduro “no pretende aplicar un plan de reformas sino acceder a los recursos externos. Una vía rápida, pero fácil políticamente y se apalanca en la grave situación que existe actualmente ver los mercados internacionales”.

“Lo que vive Venezuela aplica dentro de este concepto. El punto acá es que amerita rendición de cuentas, construcción de acuerdos políticos (con la AN) y mecanismos transparentes de administración de recursos. Es el meollo del asunto”, sostiene Oliveros en su explicación.

Afirma que, este flujo de recursos es posible de ser solicitado porque Venezuela es miembro activo del FMI y según lo establecen los estatutos del ente multilateral “pueden emplearlo todos los países miembros y está pensado para situaciones en las cuales un programa económico completo o bien no es necesario o bien no es viable”.

Esto sería consistente con el planteamiento del Ministro Zerpa, cuando asegura que “cualquier financiamiento que logremos será manteniendo la integridad de nuestra soberanía económica”.

Oliveros advierte que para que fluya esta línea de crédito amerita “acuerdos políticos, que no necesariamente son fáciles de implementar, dadas las circunstancias”.

Aquí se hace necesario citar al diputado José Guerra, quien también fuera funcionario del BCV años atrás, quien percibe como poco probable su aprobación.

DIPUTADO JOSE GUERRA.

“No lo veo posible porque el FMI no reconoce ni a Maduro, ni a Guaidó. Para cualquier endeudamiento, el FMI va a requerir la aprobación de la AN legítima y a esa si la reconoce el FMI. Lo demás es cuento”, sentencia Guerra.

Además, agrega que para acceder al IFR “el FMI debe hacer un análisis de sostenibilidad de la deuda en un país donde no hay cifras”

En esto coincide con Oliveros, quien citando al FMI señala que “el país miembro que solicita asistencia en el marco del IFR debe cooperar con el FMI, en los esfuerzos por resolver las dificultades de balanza de pagos y describir las políticas económicas generales que se propone aplicar”.

¿Vendrá esa negociación política de la que habla Oliveros?

Ayer en la mañana, ni soñábamos con la posibilidad de que el Gobierno acudiera al FMI.

¿Es una decisión endocrina y hecha desde la espontaneidad y el voluntarismo?

No pareciera. El juego político está en medio y cada acción es medida concienzudamente desde el Gobierno.

El juego continúa. Ahora con coronavirus en la cancha.