Después del año terrible de 2019 los cañicultores han logrado crecer 20% al año. Lo consiguieron “a pulmón propio”

El pesimismo que se respiraba en la sede de Fesoca, en Caracas, parece ser hoy un mal recuerdo. Pero los años terribles -2017, 2018, 2019- existieron, y no solo existieron: dejaron su huella; hasta el punto de que, en 2019, bajaron a una cifra récord de 1,9 millones de toneladas. Pasar a un crecimiento anual de 20% y sin apoyo del Estado es la mejor muestra de la tenacidad de los productores.

Hay un entusiasmo en el campo, celebra José Ricardo Álvarez, presidente de Fesoca. Como los nadadores que descubren que sus músculos son poderosos, los cañicultores vieron que podían respirar “a pulmón propio”, y decidieron nadar con sus brazos. El año pasado sembraron 50 mil hectáreas, y para la zafra 2021-2022 lograron lo mismo. Esto satisface 40% de la demanda nacional, y todavía está lejos de las 9 millones de toneladas de la zafra histórica de 2005-2006 (posible por un acuerdo entre los productores y el gobierno del presidente Chávez), pero es la confirmación, para los cañicultores, de que pueden hacer mucho.

El crecimiento ha sido un esfuerzo conjunto, y aunque en gran parte se debe al sector privado, ha habido un apoyo estructural del gobierno en temas clave como el gasoil, explica Álvarez. En la zafra 2020-2021 se molieron 2,3 millones “pese a todos los problemas que tuvimos”. Por la falta de combustible “se quedaron 300 y tantas mil toneladas en el campo”. Pero aunque no tuvieron todo el gasoil requerido, sí consigieron que el gobierno volviera a poner aranceles al azúcar importada. “En molienda logramos crecer 20%, y en la caña en campo logramos crecer 30% más”, describe.

La meta para este año es subir a 3 millones. Esos números están sembrados en el compromiso de alcaldías y gobernaciones (especialmente Portuguesa, Lara, Aragua y Carabobo), así como la ZODI, para la entrega de gasoil de manera continua. Tanto así, que llevan una rata de molienda que Álvarez califica como fenomenal: Estamos llegando a la mitad y no hemos terminado febrero. “Si continuamos así a mediados de abril vamos a tener 90%”. Es decir, “vamos a poder tener toda la caña molida sin que quede caña en el campo”.

Ese gasoil “hay que pagarlo”, aclara. No a los 50 centavos de dólar del año pasado, mas sí a 20 o 30 centavos. Esto se suma a los costos de producción, a los que este año se añade el aumento mundial en el precio de los fertilizantes, y lo que han subido los fletes (con la crisis de los contenedores como telón de fondo).

El crecimiento de 20% en 2020, y de otro 20% en 2021 “es significativo, sobre todo por el problema de financiamiento, ya que hemos tenido que, con pulmón propio, seguir adelante, pero hemos tenido el respaldo del gobierno en cuanto a los aranceles y el suministro de gasolina”. Ciertamente la invasión de paquetes de azúcar con nombres en portugués ha retrocedido en los anaqueles de Caracas, y ya regresaron los criollos.

Sin embargo, los cañicultores reiteran que, para cubrir sus costos de producción, necesitan que el precio del azúcar en anaquel sea de 1,18 dólares. El año pasado “logramos el precio de un dólar en anaquel, y hoy estamos diciendo 1,18”. En los hechos el azúcar se puede pagar en más de ese monto, pero “ese margen de ganancia no le está llegando al productor; se está quedando en la cadena de comercialización, en los empaquetadores y en las grandes cadenas”, afirma. Por eso “exhortamos al gobierno a que nos permita vender a la puerta del central a un dólar” en vez de los 0,80 centavos actuales. “Requerimos que esta medida se tome inmediatamente”. Aunque la propuesta la hicieron hace un mes, no han tenido un sí.

La actividad agrícola genera su descarga de adrenalina, especialmente en un país tropical y particularmente en la Venezuela de la emergencia humanitaria compleja. Si el combustible dejó de ser un signo de interrogación, el clima todavía está marcado por la incertidumbre. Como lo expresa Juan Gabriel Guédez, de SOCA-Portuguesa, esperan que en 2022 no se repitan las condiciones climáticas de 2021, cuando llovió fuera de tiempo.