El nuevo duelo entre Wilder, de 34 años, y Fury, de 31, ya está considerado como la pelea más importante dentro de los pesos pesados desde que se enfrentaron el también púgil inglés Lennox Lewis, que retuvo el título de campeón, frente al estadounidense Mike Tyson, en el 2002.

Los púgiles, el estadounidense Deontay Wilder, actual campeón del peso pesado, versión Consejo Mundial de Boxeo (CMB), y el inglés Tyson Fury, completaron el último acto oficial de su esperada pelea de revancha, el pesaje, sin que pudiesen tener el tradicional “cara a cara”, tras haberse subido a la báscula.

La razón fue la suspensión impuesta por la Comisión Atlética de Nevada, después que ambos púgiles protagonizaron un espectáculo antideportivo de empujes, insultos y excesiva agresividad verbal antes que tuviesen la última rueda de prensa celebrada el miércoles en el MGM Grand Garden Arena, de Las Vegas, el mismo escenario donde mañana sábado, se va a disputar la pelea.

La prohibición no impidió que ambos púgiles, separados por personal de seguridad, se intercambiasen todo tipo de amenazas, insultos y señalamientos con las manos a la distancia, pero sin ninguna posibilidad de hacer contacto físico.

Fury, volvió a ser el más expresivo con los gestos y el manejo de las manos.

Antes, el gran triunfador en la báscula también fue el púgil inglés, quien superó a Wilder con un registro de 123,831 kilogramos, el tercero más alto de su carrera profesional.

El campeón estadounidense dio 104,78 kilogramos en la báscula, el mayor peso de su carrera profesional, pero con una gran diferencia al registrado por Fury, quien también había ganado en el apoyo recibido por parte de los miles de aficionados que estuvieron presentes en las gradas para presenciar el pesaje.

Fury, que salió primero de su vestuario y estuvo todo el tiempo sonriente y relajado, vio como los seguidores los vitorearon de manera generalizada, algo que no sucedió cuando apareció Wilder, quien fue recibido con menos entusiasmo.

“¡Todos mis fanáticos están aquí! ¡Estamos listos para una guerra!”, declaró Fury tras completarse el pesaje.

Más serio estuvo Wilder durante todo el acto de pesaje y tras bajarse de la báscula, ponerse su ropa deportiva y cargar el cinturón de campeón, desde el lado izquierdo del escenario, que le tocó, se colocó frente a Fury, que estaba ya instalado en el lado derecho, pero con una separación de cuatro metros entre ambos.

De inmediato, Wilder y Fury comenzaron a enviarse insultos y promesas como que se iban a “destrozar” en la pelea revancha que protagonizaron el 1 de diciembre del 2018, en el Staples Center, de Los Angeles, que acabó con una polémica decisión de combate nulo cuando la mayoría vieron al púgil inglés como ganador.