El músico, gerente, educador, tutor y servidor público trujillano, nacido un 7 de mayo de 1939 en Valera, dedicó su vida a forjar destino de bien, a empoderarar la vida de miles de niños y jóvene y a dotarlos de un oficio y una pasión: la música. A través del Programa que creó -El Sistema de Orquestas y Coros-, legó al mundo una solución para combatir la pobreza material y espiritual

Ese día fue definitivamente afortunado para Venezuela. Ese 7 de mayo de 1939, en Valera, estado Trujillo, un matrimonio venezolano conformado por Ailie Anselmi y Melpómene Abreu, trajeron al mundo a su primogénito, el mayor de sus seis descendientes y a quien llamaron José Antonio.

Ese día nació un venezolano que cambiaría para siempre el destino de muchos otros niños, jóvenes, familias y comunidades gracias a su invento y creación: El Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, el Programa Social, Educativo y Cultural que toma el aprendizaje y la práctica de la música como herramienta para transformar la pobreza y la ignorancia en riqueza, futuro, trabajo, productividad y conciencia ciudadana.

Hoy ese venezolano insigne, el más premiado y celebrado en el mundo -ganó más de 60 reconocimientos mundiales importantes, desde el Premio Polar, considerado el Nobel de la Música hasta el Premio de la Paz de Japón, pasando por otros galardones como el el Globart Awards, el Premio TED, el Príncipe de Asturias, el Grammy Honorífico y más de 15 Honoris Causa, entre muchos otros-, estaría cumpliendo este día 80 años de vida.

El mayor de los hijos (con anteojos), José Antonio, con sus hermanos / Foto: Cortesía Familia Abreu – Anselmi

Un viaje estelar en la tierra

Quienes conocimos y compartimos un buen número de años (más de 35) la actividad y devenir de este venezolano, tenemos una evidencia contundente: la vida de José Antonio Abreu Anselmi fue un viaje estelar y luminoso a la tierra, el transitar de un ser humano privilegiado, con un itinerario perfectamente dibujado y planificado, y lo más importante: siempre cumplido y en ascenso.

Desde sus primeros años, JAA aspiró de sus padres y abuelos el pensamiento humanista y el gusto por las artes. No por casualidad inició sus estudios de música a la edad de nueve años con la pianista y su querida profesora – a quien nombraba constamente- Doralisa de Medina, en la ciudad de Barquisimeto, estado Lara.

Allí comienza la pasión por las música clásica y los grandes compositores -sus favoritos Beethoven, Bach, Tchaikovsky, Mozart-. Pero el ambiente musical de su hogar también fue determinante: su padre tocaba el cuatro y su madre el piano y cantaba; así, el niño aprende cuatro y luego asume el violín con el maestro Olaf Ilzins, y la música venezolana la conoce y practica con el maestro Antonio Carrillo, gran mandolinista.

A temprana edad, antes de marcharse de Barquisimento, donde vivió toda su niñez, consigue la oportunidad de tocar con agrupaciones, entre ellas con la Orquesta Filarmónica de Lara.

A los 18 años de edad decide vivir en Caracas, era 1957. Se inscribe en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, donde se convierte en discípulo de importantes maestros venezolanos como Vicente Emilio Sojo, con quien estudia composición; Moisés Moleiro, su profesor de piano; y Evencio Castellanos, quien le da clases de órgano y clavecín.

Pero JAA no tuvo nunca metas cortas ni pequeñas. En su anhelo de convertirse en un líder integral, simultáneamente a sus estudios musicales se forjó también una importante trayectoria como planificador y economista. Se graduó en la Universidad Católica Andrés Bello y fue Director de Planificación de Cordiplan y Asesor del Consejo Nacional de Economía, entre otros importantes cargos. Aún hoy día importantes economistas recuerdan sus clases que llegó a dar en la UCAB.

En 1964, JAA obtiene los títulos de Profesor Ejecutante y Maestro Compositor. Más tarde realizó estudios de Dirección Orquestal con el maestro Gonzalo Castellanos Yumar y comienza a ser conductor invitado de las principales orquestas venezolanas.

Pero a pesar de esas oportunidades como músico, su espíritu nada conformista pero sí altamente emprendedor, le hacen concebir un desafío: en 1975 funda la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela “Juan José Landaeta”, que más tarde se llamaría Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, es decir, la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar que conocemos hoy día.

Desde 1975, Abreu asume la tarea y el reto más fulgurante de su vida: echar a andar un proyecto complejo, ingenioso, una red musical y social de rango nacionalista y de proyección mundial: la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles, Infantiles y Pre-Infantiles de Venezuela, que hoy está establecido como Programa fundamental educativo y musical en más de 70 países del mundo.

El resto de su hoja de vida es historia latente. Desde 1975, José Antonio Abreu se consagró (hasta el día de su muerte el 24 de marzo de 2018) al país y a miles de niños y jóvenes venezolanos, no únicamente con su batuta gerencial, sino como estratega y motor incansable en la búsqueda de recursos materiales e institucionales.

Con sobrados méritos y sólidos conocimientos de la realidad social, cultural y educativa del país, entre 1988 y 1994, JAA asumió los cargos de Ministro de Estado para la Cultura y Presidente del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), por cuya innovadora y comprometida gestión se ganó el respeto y la admiración de todos los creadores e intelectuales venezolanos.

Gracias a su misión visionaria, a una sabiduría ancestral, y a una pasión interior que animaba su voluntad de trabajo y entrega, este hombre de pequeña estatura, tez blanquísima y carácter amable y decidido, logró cristalizar el programa cultural, artístico y social de mayor trascendencia y envergadura que ha tenido Venezuela y América Latina.

En su vida JAA emprendió una cruzada inagotable y futurista para salvar de la pobreza espiritual y material a miles de niños venezolanos, y con su modelo de convivencia, exhibido fehacientemente en sus orquestas, también legó al mundo una clave para la paz: tolerar, incluir y reconocer al prójimo para construir un mundo de progreso y excelencia.

Y no hay mejor ejemplo, demostración y prueba de su siembra y su herencia, que los muchísimos discípulos, músicos, profesores, directores de orquesta venezolanos que están triunfando por el mundo entero.