El maestro, compositor y director de orquesta conversa sobre la forma en que el cantor del pueblo venezolano vistió su verbo capaz de denunciar los techos de cartón que aun persisten y la explotación petrolera que contamina el Lago de Maracaibo. La aguerrida música que acompañó “Una canción por la victoria del pueblo salvadoreño” y que también fue capaz de mostrar la ternura que inspiró el olor a caramelo de “La piel mi niña”

Mucho se ha hablado de la fuerza de la poesía y el verbo de Alí Primera. Hoy queremos que la mirada se dirija a la herramienta que hizo posible que un pueblo musical como el venezolano se prendara de la canción de ese muchacho paraguanero y universal, que nunca dejó de ser campesino y supo asumir la urbanidad de su tiempo.

Para conversar sobre la musicalidad invitamos a Diego Silva compositor, arreglista, director de orquesta, guitarrista y violinista, gran conocedor de la obra de Alí Primera.

-¿Es posible hacer una definición académica de la canción de Alí Primera? 
¿Fue un folklorista? ¿Un trovador? ¿Un innovador? ¿Todas las anteriores?  ¿Ninguna de las anteriores?

-En primer lugar no tiene porqué ser una definición académica porque él no lo fue ni quiso serlo. En todo caso puedo hacer una aproximación conceptual. Alí fue ante todo un creador que necesitaba interactuar con la gente para la que cantaba, que son esencialmente lo que llamamos pueblo y, desde su origen y práctica, se fue nutriendo de todo lo que le llegaba y le servía para construir su arquitectura musical. Fue un serenatero y de las serenatas tuvo lo cálido del que enamora cuando canta. Era un apasionado de las diferentes formas de expresión de las músicas tradicionales, entonces podemos decir que fue custodio de las tradiciones. Fue un irreverente en la palabra y desplazó la falsa moral de quienes por trabajarla de modo complaciente no se atrevieron nunca a utilizar cotidianidades que en su prosa adquieren trascendencia, entonces, fue un innovador como lo fue en sus canciones a las que les incorporaba muchas veces un fragmento o pasaje hablado, a manera de reflexión.

– ¿Cuáles son los elementos fundamentales en la propuesta musical de Alí Primera?

-Por lo que pude apreciar a través de su vasta obra Alí era en esencia lo que puedo llamar culturalmente hablando: Un hombre del Caribe. Su sensualidad, su “ritmismo” y su ímpetu, son como la luz, el color, el movimiento, particularidades muy convincentes e incitativas de su discurso musical. Atravesó varias etapas musicales de las que podemos hablar. A mi modo de ver son cuatro: Falcón, Caracas (UCV), Europa y su regreso a Venezuela. Cuando maduró nos dejó el gran legado que llamó “Canción Bolivariana”, en donde suma y conjuga elementos propios de nuestras africanidades y los que ya eran comunes en nuestros depositarios urbanos. Hay una canción de Alí de su etapa caraqueña en la UCV que se llama “Vamos gente de mi tierra”, allí Alí toca el cuatro como si fuese un charango sureño, lo que nos indica que tenía esa influencia muy cercana. En el disco Canción Mansa, hay una canción llamada “Humanidad”, donde puedes ver el eco de las baladas románticas que tanto le gustaban, aunque la canción central del disco es ya un adelanto de lo que sería su accionar poético musical de los años posteriores.

-¿Dónde se esconde la magia de un compositor que solo poseía rudimentarios conocimientos de la música como lenguaje académico?

-Primero que nada, la música en su esencia no es una manifestación “académica”. El hecho de que algunos autores pertenezcan a ese ámbito no significa que ella lo sea, es decir, la música no posee autonomía, ella es un bien cultural construido socialmente y representa la circunstancia y sentir de su creador. Si el autor quiere seducir audiencias academicistas o afectas a modos particulares de construir las sonoridades (yo también pertenezco a este ámbito), entonces se comportará como tal, pero si lo que desea es llegar a la mayor cantidad de seres humanos posibles, dentro de una esfera de acción social, trabajará con lo que le dicta su intuición, su sentir, o lo que podemos llamar, identidad.

En su respuesta Diego Silva hace un paréntesis para explicar lo que considera una de las mayores virtudes de la música de Alí Primera.

“Alí fue ante todo un artífice de melodías inolvidables, esa es la parte más fuerte de su musicalidad. Cada canción, cada tarareo, se convierte en un sonido que se nos impregna como la fragancia del jazmín o como el olor de la leña cuando nos acercamos. Él hacia las canciones de un modo espontáneo, le iban brotando solas y cuando ya tenía la idea, trabajaba en ellas buscando giros armónicos que la favorecieran y hay un criterio melódico y ciertas secuencias que son muy Alí Primera.

-Del cuatro rasgado con la espontaneidad del joven campesino a la elaboración de un discurso melódico vestido con la armonía creada ejecutada por arreglistas de tu estatura y la de Alí Agüero, ejecutada por los mejores instrumentistas del país… ¿Cómo percibe Diego Silva esa evolución?

-Alí comienza a aceptar sugerencias de orquestación con algunos detalles armónicos cuando comenzó a trabajar con Ali Agüero que captó de manera maravillosa la esencia que habita en sus canciones. Las orquestaciones eran unos paisajes dibujados tenuemente por detrás de la figura principal, con la musicalidad de Alí siempre en primer plano. Con el pasar de los años Alí aceptó algunos aportes armónicos en virtud de que las orquestaciones crecían y para hacer viable su manejo era menester hacer un trabajo que los músicos llamamos acordes sustitutos y algunos cromatismos que no iban a empañar el colorido de sus canciones. Es como si colocaras una hamaca y un taburete como protagonistas de una escena y detrás puedes crear una sensación de inmensidad, de intimismo, de alegría o melancolía, pero el veedor nunca va a apartarse de las figuras principales.

-¿Cuáles son las formas musicales que prevalecen en la canción de Alí Primera? 

-Alí tomó inicialmente elementos de la balada que estuvo de moda en los años 60 y 70; también jugó en él un papel importante su vida como ser social. Serenatero, amigo de fiestas populares y jolgorios campesinos. También ejerció en él una importante influencia el son cubano que se desliza suavemente en muchas de sus composiciones, sobre todo desde que se residencia en Caracas cuando vino de Coro a estudiar en la UCV. Cuando escuchas Techos de Cartón, puedes percibir una balada, suena a Piero, o a Palito Ortega en sus buenos tiempos; pero extrañamente, a pesar de lo duro y realista de la temática, es enteramente en modo mayor.

Hace otro alto en su respuesta para y señala que “es necesario mencionar a los exponentes de la canción de hondo contenido poético y social en América (en Argentina le llamaron Nueva Canción) que de una u otra manera están asociados a acontecimientos y hechos históricos (los del mundo y los de Venezuela) e inundaban permanentemente las áreas creativas más sensibles de Alí: Benjo Cruz (Bolivia), Mercedes Sosa y el Quinteto Tiempo (Argentina), Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños y Daniel Viglietti (Uruguay); Victor Jara, Quilapayún, Inti Illimani y Violeta Parra (Chile); la Nueva Trova (Cuba); Amparo Ochoa y Gabino Palomares (Mexico);Tania Libertad (Peru); Carlos Mejía Godoy y  Luis Enrique Mejía Godoy (Nicaragua). En Venezuela interactuó con Gloria Martín, el grupo Ahora y Los Guaraguao, el grupo Propatria, Santiago Villar, y otros que ahora no recuerdo. En Nicaragua tuve la inmensa dicha de ser mediador para que se entrevistara con Pete Seeguer (Estados Unidos); y en el festival Abril en Managua conoció a Roy Brown (Puerto Rico); e imagino yo que en su juventud tuvo que escuchar a Bob Dylan”.

-Ahora quiero ir a lo que es el trabajo en el terreno… ¿Cómo fue trabajar con Alí en el hecho creativo y artístico?  Hay dos episodios que conozco y que están registrados en la obra dicográfica de Alí Primera. Empecemos como instrumentista y la ejecución del violín en “El gallo pinto”.

-Como instrumentista lo acompañé de modo improvisado en más de una oportunidad, tanto con la guitarra como con el violín. Nunca preparado ni ensayado. Si coincidíamos en un acto y él me tenía cerca me decía “vente carajito, acompáñame aquí”. ¡Y qué carajo iba yo a saber lo que iba a cantar! Pero eso no importaba, al final era maravilloso. Cuando él grababa el gallo pinto, parece que los violinistas de la orquesta sinfónica no le daban el aire que el quería con el violín en el “solo” escrito que es un fragmento de su propia melodía y requería además una improvisación al estilo del violín Larense. Serían las 11 de la noche cuando me localiza telefónicamente en una casa y me dice, “panita, vente con el violín que estoy grabando una vaina pa’ Don Pío Alvarado y estos musiues no le hayan el modo”…entonces le dije: ‘Coño Alí, van a ser las 12 de la noche, puedo grabarte eso mañana en la mañana’ y el me dijo: “Aquí está Eduardo (Grupo Ahora). Le voy a dar la camioneta para que te vaya a buscar ya mismo…” y colgó. En efecto, Eduardo pasó por mi y ya serían las 12 de la noche cuando me llevó al estudio. Al llegar Alí me hizo escuchar la grabación  junto al gran Alí Agüero -ya había una premezcla- y me dijo más o menos lo que deseaba. Me había llevado un violín que compré en la carretera hacia El Tocuyo, en un viaje que hice con Daniel Gil. Hice la parte de violín obligada y luego me dijo, “ahora házmela sonar como si fuera una fiesta campesina en Curarigua”… y me dejaron solo dentro de la cabina de grabación. Hice varias sesiones de improvisación y entró Alí a la cabina. Apretó los labios inferiores -gesto característico cuando se emocionaba con algo- y me dijo: “Coño panita… ¡qué bueno suena eso!

Como arreglista… El sombrero azul y Al pueblo lo que es César

-Ahh… allí casi lloro.  Alí me dio para que le hiciera esos arreglos después que escuchó los arreglos que había hecho para Gloria Martin en el disco “La Ternura al Viento”. Los trabajé con denuedo, nada fácil, porque me dio la grabación hecha ya en un cassette, acompañado por Emiro Delfín y un bajista. Así que tuve que transcribir exactamente lo que allí había, porque sobre ese material se montaría la orquesta. El día de la grabación llegué temprano, eran como las 10 de la mañana cuando comenzamos. Me coloqué frente a la orquesta y apenas empecé a leer el arreglo de El Sombrero Azul sobre “la pista”,  Alí interrumpió de súbito la sesión cuando entró a la sala de grabación y se me acercó para decirme; “¿Qué vaina es esa? ¿Tú escribiste eso para Arturo Uslar Pietri?”. Le respond: ‘Alí, no la has escuchado’ y !zas!, me dijo: “No, no. hazme la cosa como es”. Entonces Alí Agüero entró a la cabina de grabación y se me acercó, vió la partitura y me dijo: “Es un arreglo muy elaborado, mucho contrapunto, muchas armonías. A Alí le gustan sus cosas sencillas, sobre todo con las cuerdas, él prefiere un colchoncito”. Decidieron proseguir la grabación con otra canción (la orquesta estaba convocada).  Cuando me iba Alí me dijo: “Tráemela mañana en la mañana carajito”.

-Y… ¿entonces?

-Trabajé toda la tarde rehaciendo los dos arreglos y, por supuesto, copiando nuevamente las partes de orquesta.  Yo vivía en Los Anaucos, así que al siguiente día salí a las 6 de la mañana para evitar el tráfico de Tazón. Llegué al studio. Estaba la orquesta lista, les entregamos las partes del nuevo arreglo y comencé “El Sombrero Azul”. Cuando voy llegando al final entra Alí de nuevo al estudio y yo casi me desplomo y le dije: ‘Coño pana… ¿y ahora qué?”. Alí no me respondió. Se dirigió a los músicos en rumano -eran los que estaban convocados- y de pronto estallaron en risas. Yo no entendía nada. Alí siguió diciendo cosas en ese idioma casi extraterrestre y les bailó. Ellos reían jocosamente. Se me acercó, me abrazó y me dijo: “Está bueno el arreglo Diego. Ahora son ellos los que parecen unos sepultureros. Quiero romper el hielo y que le pongan sabor”. Pidió café y unas galletas y hubo como receso como de cinco minutos. Luego retomé la grabación. Después hicimos “Al Pueblo lo que es del Cesar” y ya conocen el resultado en el disco. Alí estaba feliz y yo salvé mi honor.

-No podemos obviar la canción y la fuerza telúrica de su verbo contestatario y respondón ante el “establishment”, ante la clase dominante que hoy podría tener muchas formas impensadas en su tiempo. ¿Cómo define la poesía de Alí Primera?

-Caramba, hablar de la poética de Alí es un compromiso que no puedo abordar con la misma autoridad con la que puedo hablar de música, pero voy a tratar de hacer un esbozo de mi modesta lectura.  Para aquellos representantes del academicismo y la retórica rebuscada en la poesía o de circunspectas construcciones para el uso y disfrute de un reducido grupo de “conocedores” Alí, como García Lorca, es un verdadero dolor de cabeza. A su obra no se le puede vaciar o arrancar lo sensual, lo campechano, franco, sincero, directo.  Además de aplomado y consistente, sin que por ello deje de ser insondable, pleno de un discernimiento empoderado en su Venezuela y los pueblos del mundo, a los que quizo representar. Si alguien quiere conocer a Alí desde su propia descripción, solo tiene que escuchar “Canción para acordarme”.


-Para finalizar… ¿Cómo recuerdas al amigo, al ser humano con el que se compartió sueños y militancia política, como hombres de acción?

-Conmovedor en todas sus facetas, terco, insoportable cuando quería seducirte con algo. Jocoso, locuaz, contumaz, desenfadado, valiente, audaz. Creo que me faltarían palabras para expresarte como recuerdo al Alí que me entregó su amistad y su confianza. Creo que el mejor momento de nuestra amistad fue cuando llegó al festival “Abril en Managüa” en Nicaragua. Apenas llega me hace llamar y me dice: “Te vas alojar aquí conmigo”, era una suite grande. “Te necesito, recuerda que no conozco este país, es primera vez que vengo”. Yo contento le dije que tenía mi vivienda y que Ernesto Cardenal me había solicitado, a través de los mecanismos del Ministerio de Cultura, del que yo era asesor, que por favor acompañara en la guitarra a Isabel Parra, que no había llevado guitarrista a festival. Este Alí tan cabeza dura y terco me dijo: “perfecto, tocas con ella y te vienes para acá”.

Silva evoca “viví con él una serie de episodios fantásticos; una noche en una presentación estelar en el “Anfiteatro de Tiscapa”, escenario flotante en una laguna volcánica, terminaba yo de tocar con Isabel y entra Alí a escena. Cuando guardo la guitarra detrás del escenario, estaban Viglietti y Luis Enrique Mejía Godoy, me dicen “Alí está llamándote”. Se escuchaba en el escenario “quiero que me acompañe el panita Diego Silva”…y una vez más, improvisé, hasta toque congas cuando cantó Jose Leonardo”.


“En una oportunidad el periodista Freddy Balzán, nos comunicó a un grupo de venezolanos que habían puesto una alarma porque Alí estaba desaparecido en Nicaragua. Finalmente Alí apareció, con un sombrero de las tropas especiales y una camisa de miliciano. Se había ido por allí solo, sin su guía o edecán del festival, se adentró en el pueblo y cantó en todo lugar en donde le abrieron puertas y calles. Ahora recuerdo entonces conmovido aquella canción en donde dice Alí dice: “tú te vas de pueblo en pueblo a despertar a la gente que alcen más y más la frente para merecer la gloria”.

Nota de la redacción: Es importante decir que esta entrevista, dado el tiempo de pandemia, comenzó con un intercambio de correos que respondían un pequeño cuestionario. Luego decidimos que Diego visitara la redacción para tener una conversación más cercana.

Lo que acaban de leer es una recopilación construida con las respuestas enviadas por correo y nuestra conversación en la redacción de Contrapunto. Como periodista quiero compartir uno de los mensajes que me envió el maestro Diego Silva en el proceso de concertar la entrevista y que explican el tono en que se desarrolla nuestra conversación.

“Cuando fui a recibir el Premio Casa de las Américas, llamé a la Embajada e invité a Alí Rodríguez, pero le hice saber que quería conmigo al amigo, al compañero, no AL EMBAJADOR… Lo cierto es que Alí no pudo desprenderse de ese manto diplomático en un acto de esa envergadura, y se apareció. Justo en el momento antes de salir a la sala en donde se estrenaría mi obra, estaban autoridades, artistas y compositores. Alí se me acercó (con su bastón) y me saludó, le dí la mano y le dije, que bueno que vino embajador y el se me acercó al oído y me dijo, “SI ME VUELVES A TRATAR DE USTED TE DOY CON EL BASTÓN… De modo que en la entrevista debes aclarar que no soy un desconocido para vos, que hemos trabajado juntos, y que no tiene sentido asumir una posición profesional con alguien que más que un entrevistado es un amigo, y también un trovador. Así que me tratas de tú. salud!!!”

Vea la conversación con Diego Silva en nuestra plataforma de YouTube Contrapuntoaldia.com