En el país “se está haciendo teatro comercial y también se está haciendo el otro teatro”, defiende la actriz. Este fin de semana vuelve a las tablas con Cándido y los incendiarios, que se presenta en la Asociación Cultural Humboldt el sábado 21 y el domingo 22 de septiembre

Entre tantos misterios que no quiere aclarar, y que prefiere mantener a buen resguardo detrás de esos ojos imponentes, Martha Track no revela su edad. Atribuye al dramaturgo Isaac Chocrón el consejo de no decir nunca, pero nunca, su fecha de nacimiento. Por eso solo cuenta que nació en San Cristóbal “un 11 de febrero de mil novecientos siempre”. Otro secreto guardado es su segundo nombre, que –cuando quiere pronunciarlo- evidencia el gusto de su papá por una de las grandes plumas de Italia.

Martha es actriz y es mujer, o lo que es lo mismo, tiene todas las condiciones para que la llamen brujita. Pero es que lo es realmente, hasta el punto de que vive también de la lectura del tarot.

En uno de los cuartos de su apartamento –donde atiende a quienes la visitan para entender mejor lo que les pasa hoy y lo que les sucederá mañana- están sus recuerdos del pasado y sus hechos del presente.

Es mujer de teatro, de toda la vida. También, de televisión, “de la mano de Jorge Félix”, como lo explica después de beberse una enorme taza de café negro. Y no podía estar al margen del cine: participó en la película Cuidado con lo que sueñas, de la directora venezolana Geyka Urdaneta; y también en la cinta El irrigador, del realizador Milton Crespo, en la que –descrito por ella misma- “hago el personaje de una loca”.

De nuevo sobre las tablas, Martha es uno de los personajes de la pieza Cándido y los incendiarios, del dramaturgo suizo Max Frisch. La obra ya se presentó en la Sala Rajatabla, en Casa 22 en El Hatillo y este fin de semana –sábado 21 y domingo 22 de septiembre- estará en la Asociación Cultural Humboldt.

“Hay una relación entre lo que ha venido ocurriendo en el país en estos 20 o 21 años” y la obra, afirma. “Cándido y los incendiarios es una obra del absurdo, y debo decir que como país vivimos en un absurdo total, en incoherencias, en situaciones realmente confusas e inexplicables”.

“Cándido hemos sido, y estuvimos creyendo y dejándonos tontamente manipular por falsas esperanzas y por las mentiras de los otros, del poder, los que manejan los hilos de este país”, describe.

Lo que narra el texto de Fisch “es una analogía con nuestra sociedad: violenta y amenazante”.

Como sociedad “ya no creemos en falsas promesas, y hay una conciencia colectiva que apuesta por ello”, subraya. Hoy día “estamos empezando a creer, estamos empezando a luchar; ya no podemos seguir dormidos”.

Aunque esta obra no es de las que con frecuencia se montan en Venezuela, Martha afirma que “se está haciendo teatro comercial, y también se está haciendo el otro teatro” con “mucho esfuerzo, con mucho sacrificio y con mucha entrega”.

Considera que, en este momento, “el teatro es vital”, con piezas como Cándido y los incendiarios. No obstante, valora otros géneros: “Pienso que la comedia es necesaria porque es importante la risa, el humor”.

Actriz siempre, piensa que en el país “hay que hacer un esfuerzo muy grande para que la gente vaya al teatro”. No lo argumenta por el dinero que percibe, porque si de la actuación dependiera hace mucho que no respiraría. La satisfacción es otra: “Lo hacemos con gran entrega, con gran devoción y con mucho agradecimiento”.

Mujer sin edad pública, es amante de los animales.

También, de la música.

Quiere seguir haciendo teatro “de calidad, teatro que me haga crecer”. Ya no como el rostro que representa, sino como la venezolana que mira a su alrededor, espera que “queden atrás el miedo, la angustia, el hambre, la soledad y la miseria. Tenemos derecho a vivir como seres humanos, como seres que lo tenemos todo y que lamentablemente se nos ha negado. Nos quieren quitar la dignidad, pero no nos la van a quitar”. A ella es seguro que nadie le va a quitar nada, y la primera prueba de eso es que todos los días sube y baja los ocho pisos que separan su apartamento de la planta baja del edificio. A nadie le pide, a nadie le debe.