“Donarme, amarte. Una experiencia dual” es el libro en el que la médica cuenta su recorrido amoroso. ” Puedo decir que fue una experiencia  de agradecimiento”, asevera

Astrid Ochoa Iovino es doctora, pero también es mujer, también es esposa, también es madre, también es mujer enamorada y también es escritora y escritura. Por esposa y mujer enamorada se convirtió en donante de órganos, y por ser donante de órganos se transformó en autora.

Ochoa Iovino vive con un riñón por elección propia, y su historia está narrada en el libro “Donarme, amarte. Una experiencia dual”. “En sus páginas encontrarás un relato personal lleno de amor incondicional”, afirma la médica en su cuenta en Instagram.

“Donarme es porque hice la donación de un órgano mío, de un riñón, a mi esposo. Se trata de que yo me dono. No es solo que dono ese riñón; es que me dono completamente. Esta es una historia de amor incondicional, al yo darle a él parte del amor en la pareja, en la familia, con los hijos”, relata Ochoa en entrevista vía zoom con contrapunto.com.

Un viaje de familia y peregrinación se convirtió en un camino que Astrid y su esposo decidieron transitar. Lo que parecía una virosis pasó a un dolor muy fuerte, algo similar a una contractura, síntomas que se podían confundir con los de un infarto. “Ahí descubrimos que él estaba complicadísimo de los riñones, comienzan a revelarse una serie de eventos” que cambian todo. Pasó por diálisis, por anemia, por transfusión de sangre. “Estaba pendiendo de un hilo”.

El pensamiento de ella fue tajante: “Yo lo ayudaré hasta el último minuto de mi existencia”. Es, explica, “ver tu vida compartida con un ser que es tu alma gemela. Pasan una serie de eventos, me dicen ‘¿quieres hacer el buen samaritano? Entregas tu riñón a otra persona’. Era quedarme en un país extranjero”. Hubo un no (no quedarse en Italia) y un sí (entregar el riñón como un acto de amor).

Decidió regresar a Venezuela “como quien llega a tierra segura”, con los 24 años como pareja y la convicción de que, si de ella dependía, lo haría. Los exámenes determinaron que sí eran compatibles. Cualquier apego por el órgano se desvaneció ante la perspectiva de que su esposo entrara en diálisis, con el punto en contra de la afección del corazón. “Mis miedos desaparecieron. Sentí que no estaba sola”.

Cuando se prepararon para el trasplante lo hicieron como cuando viajaban a un congreso médico: “Vamos a hacer otro viaje”. Dos días antes de la cirugía decidieron comprar un televisor, un colchón “para que, cuando regresáramos a casa tuviésemos un colchón ortopédico y darnos ese ‘mira todo lo que estamos preparando para nuestro regreso’. Hicimos cosas para apalancarnos y vernos en el retorno”.

Cualquier mujer se preguntaría por el sentido de donarle un riñón a un hombre que se podría ir con otra mujer. “Eso nunca por mi cabeza pasaba. Yo estaba sintonizada con algo más allá, con algo mucho más grande”.

-¿En sintonía con qué?

-En sintonía con la misión de vida, con el propósito de vida. La misión, el propósito de vida es ayudar. La misión de la vida, para un médico, es siempre dar ayuda. En este caso, era darle ayuda a mi pareja, a mi amor. En la medida en que le estaba donando a él esto, se lo estaba donando a mis hijos, a mi familia. Y al donarle yo a él este riñón, yo iba a recibir a un hombre renovado, a un hombre saludable, a un hombre otra vez dispuesto a dar lo que durante muchos años había dado. Entonces recuperé a mi pareja. Es una ayuda que doy, pero recibo mucho, y puedo decir que fue una experiencia de agradecimiento.

Por supuesto que vivir con un riñón menos tiene sus consecuencias. “Es como que te quitan un caucho y te ponen una ruedita más delgada. Al principio he sentido un poco de fatiga, un poco de cansancio, un poco de inflamación, porque el organismo se tiene que adaptar a un solo riñón. Eso lo sentí en los primeros meses. Pero en enero ya estaba pasando consulta. Siempre he vivido una vista bastante sana, no tuve que hacer grandes ajustes”, enfatiza.

Sí cuida los medicamentos que consume. “Debo evitar, ante todo, los antiinflamatorios no esteroideos, porque son nocivos para cualquier riñón, pero si tienes solo uno, te tienes que cuidar más”.

La médica, la paciente, la esposa concluyó que esa historia no le pertenecía. “Sentí que había gente que tenía mucho miedo de tomar esa decisión. Pensé: ‘Ya eso no me pertenece’. Esto es como para compartir”.

Por el tiempo transcurrido desde los hechos que narra, quiere destacar que hay “un doble testimonio: la vida continúa”. Como mujer creyente, sostiene: “Dios no te desampara y aparecen a tu alrededor personas, como guardianes, que te van llevando de la mano”.

No está arrepentida. “Lo volvería a hacer, porque cuando uno toma una decisión desde el corazón no hay vuelta atrás”, porque “lo que tú sembraste, lo sembraste”.

El libro “Donarme, amarte. Una experiencia dual” está disponible en Amazon, y para buscarlo hay que colocar el nombre completo. También se consigue en las librerías Tecniciencia. Astrid Ochoa ya está trabajando en la segunda parte, pero también en otro libro sobre el camino interior a seguir “cuando la vida nos dice ‘viene un cambio’ y me tengo que preparar”.