El abogado y terapeuta -que está en Caracas para presentar su libro “El divorcio, un acto de amor”- afirma que la separación definitiva “es un acto de amor con la vida, un acto de amor con el otro”

Ser abogado y terapeuta le confirió una visión especial, pero la vida se encargó de terminar lo que la academia no completó, porque ya pasó por el cese de una “primera administración”. Juan Diego Humpierres no ve el divorcio como un tránsito dichoso, pero sí, como una amputación necesaria para romper una relación tóxica o que ya llegó a su fin.

Caraqueño, pero radicado en Quito, Humpierres afirma que los abogados pueden “caer en la torpeza de creer que dividir un matrimonio es dividir una empresa, y resulta que hay afectos, hay amores, hay hijos, por lo que se necesita terapia”.

Este sábado 19 de octubre presenta en Caracas su libro “El divorcio, un acto de amor”, en el que ofrece frases como estas:

-“El amor es todo, absolutamente todo, sin espacios posibles. Tiene el don de la omnipresencia y la amplitud infinita, en donde todo puede pasar. Es por este motivo que ese ilustrado dicho, según el cual en el amor y la guerra todo se vale, ¡es cierto!”.

-“Un divorcio sobre un tránsito cicatrizado es más llevadero que uno en donde las heridas están infectadas”.

-Con el divorcio “muchas personas optan por la fiesta, la rumba; algunas salen desbocadas a vivir una especie de ‘vida loca’, intentando recuperar el tiempo ‘perdido’, lo cual lleva a una euforia momentánea que pasará una factura con interés a corto plazo”.

-“Les aseguro que, en la mayoría de los divorcios, la guinda de las complicaciones siempre la trae el dinero; allí es donde las heridas se hacen conductas, convirtiéndose la separación en una guerra campal donde valdrá todo con tal de quedarnos con la mejor tajada”.

El divorcio es, en primer lugar, “un acto de amor con uno mismo, porque la incoherencia en la vida se paga muy cara”, defiende Humpierres en conversación con Contrapunto. “No hace falta una gran terapia para saber cuándo uno se fue de una relación, o cuándo se fue el otro”. Por eso el divorcio “es un acto de amor con la vida, un acto de amor con el otro”.

Aunque aclara que no es “prodivorcio”, e insiste en que “para llegar a la cirugía hay que cumplir primero con los tratamientos no quirúrgicos”, a veces “una amputación, aunque sea difícil, salva la vida”.

-¿El divorcio se puede comparar con una amputación?

-Es una amputación emocional. Lo que pasa es que se restablece a través de otras compensaciones.

-¿Cómo se vive sin ese miembro?

-Se vive. La vida nos va a poner a vivir sin muchos miembros. Cuando cruzamos la mitad de la vida la vida entra en débitos naturales: se van nuestros padres, nuestros hijos, un amor, el trabajo. Nosotros tenemos que aprender de los desprendimientos, que nos conducen a algo muy lindo: nos conducen a nosotros mismos.

Su premisa es que la vida “es uno”, más allá de amores y desamores. No obstante, advierte sobre las tantas cosas que ha visto. Por ejemplo, el riesgo de que la venganza tome las riendas. “Cuando los divorcios son de mutuo acuerdo el dolor es grande. No hay divorcio light”, no hay separaciones fáciles. Pero la complicación puede ser mayor si una de las partes no quiere.