En el montaje de la Fundación Rajatabla, que se presenta en el Trasnocho hasta el 19 de mayo, todos caen parados como buenos felinos

Hay camas que son cementerios y hay camas que son campos de batalla. Y la de Margaret y Brick es ambas cosas. Pero una cosa es escuchar el relato de una pareja que se vuelve trizas, y otra es estar en esa cama que es cementerio y campo de batalla para constatar cómo el amor es otra cara del odio. Entonces la cama llega a ser una forma de asfixia. Esto está ocurriendo ahora en Caracas.

La puesta en escena de “La gata sobre el tejado de cinc caliente”, que dirige Javier Moreno -y que la Fundación Rajatabla presenta en el Trasnocho Cultural hasta el 19 de mayo- nos invita y nos mete en esa cama infeliz. Cuando Margaret se quita el vestido que sus sobrinos ensuciaron, y se envuelve en una bata a la espera de que Brick abandone el vaso de güisqui y se le tire encima, sus tetas podrían llegar hasta las sillas de la sala, no solo porque la actriz (una portentosa Mayte Parias) las tiene grandes. Es que estamos allí.

A Brick solo le falta ofrecernos un trago para que nos sumemos a su pasión homosexual por Skiper, que nunca sale en escena pero es más pareja suya que Margaret (aunque ella es quien se lo lleva a la cama). Ese Brick, interpretado por un tatuado y afeitado Gabriel Duno, que se ve obligado a actuar como lo que todavía la sociedad espera de los hombres. Y nosotros estamos allí: Solo nos falta estirar la mano para acariciar su cabeza o poner los dedos sobre sus labios para que se calle tantos reproches.

El dramaturgo estadunidense Tennessee Williams ubica “La gata sobre el tejado de cinc caliente” en el sur profundo de su patria, pero si Margaret se llamara Yoneisy y Brick se llamara Joneiker esta pieza teatral podría contar las desventuras de una familia en Antímano que, en lugar de repartirse la plantación paterna en el Delta del Misisisipí, está buscando quedarse con la bodega familiar cuando el padre muera.

Con esto también juega Javier Moreno. El primer acto de los tres de la obra comienza –según el texto original- con una vieja canción del Sur de Estados Unidos, pero en este montaje el inicio lo marca un magistral Luis Boffill que entona el bolero Mi triste problema: “Vivir a tu lado, con el pensamiento fuera de lugar…”.

Las gatas son vistas como sinónimo de “caliente”, y también con esa ambigüedad juega Williams. Porque su gata Margaret está “caliente” por falta de buen sexo, pero también es una gata parada –como bien lo lanza el dramaturgo- sobre un tejado de cinc caliente, y vaya si es tarea difícil. Solo quien ha estado debajo o encima de un techo de cinc hirviente sabe lo difícil que es sostenerse en él.

Sin embargo, las gatas siempre caen paradas, y Margaret sabrá cómo seguir sobre el tejado mientras se quema las patas, o caer de pie si decide continuar su camino sola.  Ya Tennessee Williams le marcó el camino a esta felina que, por encima de la homosexualidad de su marido, intentará que una mentira se convierta en realidad.

En este montaje todos caen parados: actrices y actores, escenografía, dirección, sala. Para que un texto de Williams funcione hay que ser un buen gato, y los que ahora se montan en el Espacio Plural del Teatro Trasnocho –y lo harán hasta el 19 de mayo- son fieras que hay que tomar en serio.

Ficha básica:”La gata sobre el tejado de cinc caliente”.

-Elenco: Mayte Parias, Gabriel Duno, Verónica Arellano, Fran Obando, Marisol Matheus, Luis Carlos Boffill, Omar Lugo.

-Producción: Fundación Rajatabla.

-Dirección: Javier Moreno.

-Funciones: viernes a las 7:30 pm, sábados y domingos a las 7:00 pm.