La obra “Infieles y ricas” se basa en lo que su director, Arquímedes Díaz, ha escuchado durante “tertulias de mujeres pasadas de tragos”. Esta comedia de enredos se estrena el 8 de noviembre en Teatrex El Bosque, con Mercedes Salaya y Carlos Ponce como protagonistas.

Mujeres que se rifaban un macho para darle uso al calor de la tarde en un pueblito en el sur de Anzoátegui. Mujeres que compartían a ratos el mismo hombre y que se lo contaban –en un concurso de indirectas- sentadas en una mesa durante un matrimonio. Mujeres que se inventaban las historias más inverosímiles para escaparse con un amante, con un “amigo con derecho” o con el tipo que les gustó ese día. Cuando las mujeres deciden “portarse mal” pueden ser más tremendas que los hombres, y prueba de ello es que todo lo anterior sucedió en la vida real. Eso lo sabe plenamente Arquímedes Díaz, escritor y director de la obra Infieles y Ricas, que se estrena este viernes 8 de noviembre en el Teatrex El Bosque.

“No es una oda a la infidelidad”, aclara Díaz. Pero está inspirada en cosas que ocurrieron. “Es un somero repaso de las situaciones que he logrado conocer mediante tertulias de mujeres una vez pasadas de tragos”.

Infieles y Ricas es una comedia de enredos en la que dos mujeres y un hombre sufren y gozan. La pieza no busca sentar cátedra sobre qué es correcto o incorrecto, ni dar lecciones de moral o buenas costumbres. “Busco que la gente se divierta”, subraya el director, con la picardía como el mejor vestuario de su mirada.

Mercedes Salaya, Betsy Zambrano y Carlos Ponce forman este trío que, a medio vestir, se encuentra en una situación insólita. “Hay mujeres que, en la etapa adulta, se dan cuenta de que se les han pasado muchas de las oportunidades que les presentaba la vida, y deciden vivir una sexualidad libre. Eso es lo que quiero mostrar”, apunta Díaz.

De su personaje de la señora Urrutia –una ricachona insatisfecha- poco tiene la actriz Mercedes Salaya. Ella jura y perjura que nunca ha “montado cachos”; creerle o no es un acto de fe. La señora Urrutia, en cambio, está dolida por las infidelidades de su marido y decide pagarle con la misma moneda. José es el elegido: un hombre –el personaje de Carlos Ponce- que tiene fama de ser un  amante divino. Realmente divino.  

Entre Ponce y José parece no haber una línea divisoria. Así de lleno se ha metido el actor en el papel del hombre que sabe cómo les gusta a las mujeres que las amen. “Una señora estuvo conmigo y se puso a regar entre las mujeres de la alta sociedad que yo era un buen amante”, dice. ¿Qué lo hace un buen amante? ¿El tamaño? ¿La sabiduría?

“Para ser un buen amante hay que tener buenos pensamientos. Para ser un buen amante hay que tener buenas estrategias, tratar a la mujer como a una verdadera dama”. Tocar dónde y cómo a ellas les gusta, besarlas como quien se come una fruta jugosa, saber esperar. José sabe todo eso, y además –por su oficio- es un guardián de secretos.