El cineasta mexicano, quien preside este año el jurado oficial del Festival de Cine de Cannes, expresó su postura en relación al discurso del presidente de los Estados Unidos, situación contra la que cree que es importante luchar desde el arte, desde el cine y sus infinitas formas de expresión

Alejandro González Iñárritu preside este año el jurado oficial del Festival de Cannes, un grupo de cineastas cuya diversidad, aseguró hoy, es el mejor ejemplo para luchar contra muros como el que Donald Trump quiere poner en la frontera mexicana, un proyecto “equivocado, cruel y peligroso”.

Iñárritu respondió con su arte a las ideas de Trump con su instalación de realidad virtual “Carne y arena”, que presentó en Cannes hace dos años y ahora regresa como presidente del jurado, el primer latinoamericano que ocupa esa posición.

Y desde ese cargo, el cineasta mexicano se puso hoy serio al ser preguntado en rueda de prensa por el muro de Trump, que es solo un ejemplo de lo que está pasando “en todas las fronteras del mundo”.

Discursos como los de Trump, denunció, “apuntan a la gente más frágil, a los más pobres, a los más necesitados, los que huyen de la violencia, de la pobreza, de las violaciones, que arriesgan sus vidas en un intento de supervivencia, en los desiertos, en los océanos…”.

Y además tienen que soportar “la rabia, el enojo y las mentiras” de las personas que se inventan una ficción que intentan hacer pasar por realidad.

“Yo no soy un político, solo puedo expresar con el corazón abierto lo que pienso, como artista, ser honesto con lo que sé y lo que conozco”, precisó el realizador de filmes como “Babel” (2006) o “Birdman” (2014).

Desde su arte, Iñárritu trata de luchar contra la ignorancia tan fácilmente manipulable en una situación actual, que “puede volverse contra nosotros, hacer que regresemos a 1939”. Y, agregó: “todos sabemos cómo acaba la historia”.

Lo más preocupante es, en su opinión, lo fácilmente que olvidamos que hace 1.500 años existía una civilización tan impresionante como la de los griegos y luego llegó la oscura Edad Media.

“Hemos evolucionado en tecnología pero cada tuit que cree ser una ruptura del aislacionismo” en realidad “está creando un gran aislamiento y una gran paranoia”.

Una situación contra la que cree que es importante luchar desde el arte, desde el cine y sus infinitas formas de expresión.

Y para ello es importante que el cine llegue al mayor número de películas posibles, señaló un conciliador Iñárritu, que defendió “la experiencia íntima” de las salas de cine pero también que a través de un teléfono o una tableta, las historias cinematográficas puedan llegar a todas partes.

“Hay todo tipo de películas en el mundo, la cuestión es cómo la gente accede a ellas porque ver no es experimentar algo. El cine nació para ser una experiencia comunal y yo no tengo nada en contra de verlo en un teléfono o en un iPad, pero no es lo mismo, no es la misma experiencia”, reflexionó.

Aunque también reconoció que hace 200 años le hubieran tildado de loco por escuchar a Beethoven en su coche.

“Tenemos que encontrar una forma de ver cine que incluya todas las vías. Francia es una excepción, protege el cine. Pero, en los próximos diez días vamos a ver muchas películas, ¿cuántas de ellas se van a ver en el mundo, en México?”, se preguntó.

Y desde esa abierta perspectiva, Iñárritu y sus compañeros del jurado se dedicarán en los próximos días a analizar cada una de las 21 películas que compiten por la Palma de Oro de esta 72 edición de Cannes, entre las que están los últimos trabajos de cineastas como Pedro Almodóvar, Jim Jarmusch, Ken Loach o Terrence Malick.

“Me gustaría que viésemos los filmes como si no supiéramos quiénes son los directores, por respeto al cine y a la gente que los ha hecho. Hay que juzgar el filme por el filme en sí mismo, sin que nada nos influya”, resaltó.

Le acompañan en la tarea los realizadores Yorgos Lanthimos, Pawel Pawlikowski, Kelly Reichardt, Alice Rohrwacher, Enki Bilal y Robin Campillo y las actrices Elle Fanning y Maimouna N’Diaye.

Un grupo al que Iñárritu no quiere controlar -“nunca he controlado nada, ni a mi familia ni a nadie”, dijo entre risas- y a quienes solo pide que usen su corazón, se impregnen de las historias y estén dispuestos a compartir “este viaje emocional” que seguro que los transformará.

“Lo más difícil, reconoció, será decir que solo uno es el ganador”.