El público no ha dejado de asistir a las funciones que se han reprogramado, y pese al cierre, a las 2 de la tarde, del Centro Comercial donde está ubicado el Trasnocho Cultural, su equipo y los trabajadores del arte luchan por mantener arriba y en pie la oferta de cine y espectáculos

Bombillos que parpadean; una alfombra roja que huele a trapo seco en una de las salas de cine; únicamente dos o tres personas comprando boletos para ver una película, quizás y solo quizás para disfrutar una función sin que se intespectivamente un corte eléctrico. Así se ven y están los espacios del Trasnocho Cultural, en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, de Caracas, a cuatro días de cumplirse un mes del mega apagón que dejó sin luz sus salas de teatro, cines y espacios de exposiciones y espectáculos.

Ya eran casi las 3:00 de la tarde de este miércoles 3 de abril, y el Centro Comercial Paseo Las Mercedes bajaba sus rejas y santamarías, apagaban su luces y los trabajadores de las tiendas y negocios salían de sus instalaciones. Pero abajo, en lo más profundo de la infraestructura de ladrillos rojos y rejas verdes, otro ritmo comenzaba se peribía. Entonces, el miércoles empezaba cuando otros se iban luego de cumplir su jornada laboral.

Empleados, cocineros y personal de mantenimiento arrancaba su día. Los libreros empezaron a sacar polvo y acomodar textos. Algunos tramoyistas acomodaban la sala conocida como Espacio Plural del Trasnocho y las taquillas esperaban por compradores de entradas, mientras la función de la actriz Tania Sarabia, que culmina sus presentaciones este jueves 4, esperaba por la llegada del público a las 7:00 de la noche. 

Cerca de cuatro grandes luces no volvieron a despertar de su sueño desde el pasado mes de marzo. Los aires acondicionados estaban enfriando de manera normal. ¿Pero qué pasa si se vuelve a ir el suministro eléctrico? Se pierde el día, tal vez.

Rafael Balazarte, líder de Comunicación del complejo cultural, ofreció a Contrapunto un ejemplo de los que ha ocurrido en ausencia de luz artificial.

“Pongamos de esta forma–dijo– si se va la luz en la mañana y vuelve a las 4 de la tarde, pierdo la función de teatro de la noche. ¿Por qué? Sencillamente hay que esperar de tres a cinco horas para que la sala esté a una temperatura permitida”, por lo que, aclaró, las funciones se pautan para las 6:30 o 7:00 pm.

Un poco más al fondo del centro cultural. Un cartel de neón rojo dice: Popcorn. Entre el piso oscurecido por tantas pisadas, pasadas de trapos y carretillas que llevan mercancía, de pronto, como una serpiente, una manguera blanca de lona cruza el lugar como perro por su casa. ¿Su destino? Una sala de cine con piel roja, olor a humedad y butacas vacías. 

Al final de esa habitación, donde hemos visto películas como “El hombre irracional”, de Woddy Allen, o “CAP. 2 intentos”, del venezolano Carlos Oteyza, hay dos rejilla abiertas. En ellas se puede ver un vacío que conduce a un enorme pozo de agua. 

Esa cueva que contiene al vital líquido tiene que ser bombeada a diario, si no se ejecuta esa labor el espacio de cine se llena de agua la cual se lleva en su camino lo que encuentre. El pasado mega apagón dejó las butacas de la tercera fila bajo un mar negro. 

Todos hacen lo posible para seguir su rutina en el Trasnocho. Relatos de funciones de teatro iluminadas por las linternas de los celulares de la audiencia. Espectáculos que con las uñas se hacen, porque el teatro y el arte resisten ante tanta interrupción y porque las luces de la cultura en este lugar nunca se apagaran.