Acaba de concluir la 73 Asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud, desarrollada vía teleconferencia, en la cual el desafío planteado a raíz de la emergencia sanitaria global,  a consecuencia de la COVID-19 centró la atención de los países  participantes. Pero en la sesión de dos días, como era de esperarse,  no sólo se habló de tratamientos terapéuticos y ensayos clínicos, el encuentro virtual fue el escenario para que  la narrativa política de las naciones participantes se impusiera con datos, cifras y argumentos a la luz de las experiencias particulares y para que afloraran  las confrontaciones y desencuentros en medio de la pandemia.

Varios países exhibieron sus políticas, planes y estrategias para poner en evidencia sus logros en materia sanitaria. Otros demandaron ayuda y asesoría para enfrentar la contingencia y mitigar los efectos, no solo en sus pacientes, sino también en sus países. Algunos demandaron reformas y cambios en el funcionamiento del  organismo internacional  para  adecuar su accionar a los tiempos modernos y mejorar su capacidad de respuesta ante la crisis sanitaria. La disputa entre las potencias mundiales no estuvo exenta en el debate y los bloques políticos fueron tomando partido sobre distintos temas y posturas.  La COVID-19 infectó a cinco millones de personas y está presente en 188 países y una treintena de dependencias y territorios en todo el mundo.

La polémica sobre Taipéi generó  interés en  ambas jornadas. Aunque la voz de su administración  nuevamente no se dejó escuchar en el foro mundial, sus ejecutorias y acciones estuvieron presentes en la conferencia internacional. La ONU, y por supuesto la OMS, no reconoce a Taiwán como nación. Sus estadísticas sobre la COVID-19 muestran un desempeño positivo como producto de una política de alerta temprana, monitoreo digital de su población estableciendo una barrera electrónica contra el nuevo coronavirus virus, pruebas diagnósticas de alta confiabilidad   y atención especializada a los pacientes, pero sus cifras son contabilizadas en los datos correspondientes a China. La disputa política entre el gigante asiático y la pequeña isla copó el escenario del debate.  

El anuncio del gobierno norteamericano de suspender sus portes a la OMS, contrastó con la posición de la Unión Europea de ratificar su apoyo al organismo. China anunció su disposición a compartir la vacuna cuando la tenga disponible y, a consentir  una investigación sobre el origen del virus, cuando cese la emergencia sanitaria global.  La exigencia de analizar  el funcionamiento y la operatividad del ente mundial ante la pandemia encontró eco en una resolución que aprueba la realización de una evaluación  independiente sobre la materia. Los países miembros acordaron que la vacuna contra la Covid-19 sea de cobertura universal como bien común de la humanidad. Amanecerá y veremos!

@adigiampaolo