Una cosa es ser contratenor en el ámbito musical, y otra cosa es serlo en un colegio de Caracas. Por su voz aguda Samuel Mariño sufrió bullying y buscó ayuda médica, hasta que uno de esos médicos le dijo que podía cantar. Su vida cambió. Está en Caracas hasta la próxima semana y es posible escucharlo en el Centro de Acción Social por la Música

Era un muchacho cuando Samuel Mariño comenzó a sentir el crujir del bullying. En su colegio no lo hostigaban por lindo, por pelo rizado o por labios carnosos. El acoso se debía a su voz: una voz aguda en cuerpo de hombre. Lo persiguieron tanto, que decidió buscar ayuda médica para cambiar. Incluso, le ofrecieron cirugías y tratamientos. Pero un día se encontró con una visión diferente y un médico que, en lugar de plantearle recetas mágicas para tener voz de hombre, le dijo “tú puedes cantar con esa voz”.

Rafael Briceño Sierralta

Samuel lo recuerda hoy con una sonrisa que ocupa el lugar donde antes hubo una mueca. Porque ese muchacho de Caracas, lejanamente emparentado con gente de Río Caribe (Sucre) e integrante de una familia de parranderos, pasó las de Caín con su voz. Esa voz que, ahora, le permite vivir entre Francia y Alemania; que se escuchó este sábado 8 de febrero en Villa Planchart y que se ofrecerá como una fruta jugosa este lunes 10 de febrero en una master class en el Centro de Acción Social por la Música, a las 2:00 pm.

¿De dónde sale esa voz? “De mi alma, de verdad”, afirma Samuel en conversación con Contrapunto. “Siempre tuve esta voz hablada, un poco alta. Siempre me pregunté: ¿Por qué tengo esta voz así? ¿Qué puedo hacer con esta voz?”.

Poco a poco “descubrí que la música barroca existe, que los castrati existían y que, finalmente, tenía un lugar en la música”, refiere. “Hoy día estoy muy orgulloso de la voz que tengo”.

Rafael Briceño Sierralta

A los 16 años dejó de ver su voz como un problema. A los 18 estaba haciendo las maletas para marcharse a Francia a estudiar. “Francia me escogió a mí”, rememora. Su profesora de canto, Sandra Silvio, también lo era en la Sorbonna, y le propuso irse. Le dio tres meses para prepararse. “En tres meses vendí tortas con mi mamá; vendimos almuerzos, y lo agradezco mucho haberlo hecho así, porque me enseñó a valorar el trabajo”.

Los siete años que ha pasado en Europa no solo lo ayudaron a educar la voz, sino a encontrarse a sí mismo. “Fueron de mucha felicidad, de mucha tristeza”, admite. “Extrañaba los olores, la lengua, el idioma”, frutas como piña y mango.

En este momento “me siento privilegiado, me siento afortunado”, aunque hay decisiones por tomar, sin apuro. “Lo que me gusta es lo que me incomoda. Soy una persona rebelde, me encanta ponerme retos. Me gusta irme a lo más difícil, y lo más fácil, hacerlo complicado”.

Su primer disco estará en la calle en abril próximo, en físico y en plataformas. Se llama Care Pupille y en él interpreta arias de Handel. “Estoy haciendo cuatro arias que nunca se habían cantado desde su estreno; es un reto para mí, porque no hay diferencias”.

Este año será el protagonista de la ópera Teseo, de Handel. Y ya tiene proyectos para su segundo disco.