La cinta, de la británica Emerald Fennell, cae como anillo al dedo en el debate abierto en el país sobre la violencia, el abuso y la decisión de tomar la justicia por la propia mano si las instituciones no actúan

Si algo queda claro, clarísimo, con la película “Hermosa venganza” es que si la justicia no actúa, entonces se impondrá el ajuste de cuentas. Esta cinta, estrenada en el mundo en 2020 y actualmente en cartelera en Venezuela, confirma lo que juristas, psiquiatras y sociólogos se han cansado de advertir: hay heridas que posiblemente no se cierran, pero cuyo daño puede ser medianamente resarcido con perdón, sanción y compromiso de no repetición.

Sin escenas de sangre, cuchillos clavados en el corazón ni de sexo a la fuerza, “Hermosa venganza” muestra lo brutal de una violación, lo brutal de mostrarla en un video, lo brutal de contarla y que no te crean, lo brutal de ser el hazmerreír del grupo de amigos de la universidad porque “tú te lo buscaste”. Y lo brutal, también, de morir en la carne (la decisión de Nina, muerta en vida luego de ser violada y expuesta públicamente, después de haber muerto en la sociedad.

La primera imagen, la de la actriz británica Carey Mulligan en su rol de Cassandra, supuestamente borracha en un bar, da pie a pensar cualquier cosa. ¿Se la llevarán? ¿La violarán? Efectivamente, un hombre se la lleva y pretende tener sexo con ella, aunque ella reitera su negativa. Él parece sordo: total, está ebria, y al día siguiente a lo mejor ni lo recuerda. ¡Sorpresa! Cassandra está sobria y ejecuta su venganza. En eso se convirtió su vida: trabaja de día en una cafetería (después de abandonar sus estudios de medicina por solidaridad con Nina), es la vengadora nocturna que -sin mostrarlo en pantalla- hace pagar a los hombres con sangre su abuso.

“Hermosa venganza” se exhibe en un momento muy particular en Venezuela: cuando se destaparon denuncias de acoso, abuso sexual, violación y otras formas de violencia y maltrato contra niñas, adolescentes y adultas. Es inevitable pensar en las muchachas que, en lugar de encontrar comprensión y apoyo de los hombres adultos que las rodeaban, se hallaron violadas y violentadas. Así tomó fuerza el Me Too venezolano: el #YoSíTeCreo.

La película, realmente recomendable para mujeres y hombres, juega con el humor negro, con la desazón, con el mundo real en el que parece que algunos hombres piensan con otra cabeza (y no con la que tienen sobre el cuello). Cassandra (por algo se llama como la figura mitológica griega que vaticina el futuro y nadie le cree) tiene la oportunidad de cambiar de rumbo, de enamorarse de un hombre (de los muchos que hay) que respeta a las mujeres. Pero otro evento desafortunado la conduce a una nueva tragedia, y a un último acto para obtener justicia.

Vale la pena ver este filme de la británica Emerald Fennel, que deja pensando a todo el que lo observe, y con un mensaje que cada quien interpretará. Para fiscales, policías, profesores: escuchar a las mujeres que presentan denuncias de abuso, y actuar en consecuencia. Para los hombres: ser hombre es mucho más que tener un pene colgado entre las piernas. Para las mujeres: hay que hablar, y duro, cuando nos violenten o acosen, y exigir nuestro derecho a vivir sin violencia.