El profesor de la UCV vio cómo su habitación y el apartamento familiar se convirtieron en lugares peligrosos. Sin embargo, agradece estar vivo / Texto y fotos: Vanessa Davies
En la habitación de Antonio Indriago hay una pared que, en cualquier momento, sale volando. En ese lugar, justo en esa cama, estaba Antonio con su mamá, María Teresa, viendo televisión. Hasta las 6:04 pm, cuando el edificio Don Agustín de la avenida Fuerzas Armadas empezó a moverse.
«La verdad, fue una experiencia bastante traumática y difícil. Recuerdo que ese día yo estaba viendo televisión con mi mamá tranquilamente; mi papá, Antonio, estaba en la sala viendo el partido de fútbol y empezaron a sonar las alarmas del teléfono alertando sobre el terremoto. No sabíamos qué era lo que estaba pasando, estábamos muy confundidos, y de repente empezó el movimiento», rememora este biólogo y profesor de la UCV.
«Mi primera reacción fue pararme para poder ver dónde estaba mi papá. Pero el temblor me tumbó al piso y me logré levantar en lo que pude. Mi mamá también logró llegar a la puerta y así vimos que mi papá, que estaba rodeado de vitrinas de vidrio, estaba bien. No le pasó nada. Gracias a Dios, no le pasó nada. Una vez que cesó el movimiento, logramos organizarnos para poder salir», describe.
Los tres estaban en ropa de casa en un día festivo. «Pudimos colocarnos unos zapatos, un pantalón largo, por si acaso alguna emergencia o algo que ocurriera por la zona, para evitar salir lastimados. Agradezco que principalmente ellos están bien, que es lo más importante para mí».
Para Antonio fue peor el segundo sismo. «El primero fue la sorpresa, pero por el movimiento del segundo hasta la fecha de hoy yo sigo teniendo pesadillas. El movimiento fue impactante. Fue particular ese movimiento giratorio que parecía una licuadora. Yo nunca en mi vida me he montado en una atracción de esas de Bimbolandia, ni nada, pero fue algo así. Giró el edificio, giró como un resorte prácticamente, como esos muñecos que se mueven y que uno ve en las ventas de caucho. Un movimiento errático, bastante difícil».
Con la impresión encima, pero decididos a sobrevivir, lograron salir. «Fue complicado, ya que mi papá tiene un pequeño problema en la rodilla. Bajar las escaleras rápido no era tan fácil. Mi mamá sí logró llegar hasta planta baja rápidamente, pero al no vernos, se devolvió. Cuando bajamos había poca gente, porque prácticamente fuimos los últimos en bajar por el mismo problema con mi papá; estábamos tratando de movernos lo más rápido posible, aunque era difícil. Gracias a Dios, los bomberos que están cerca del edificio lograron atender la situación rápido y me ayudaron a bajar un poco más rápido con mi papá».


La primera noche la pasaron fuera de casa. «Con todos los daños de mampostería que tenía en la parte externa era muy difícil. Pasamos la noche en casa de unas familiares; ahí estuvimos un tiempo. Luego, un amigo me ofreció quedarme en su casa, y estuvimos más o menos hasta el mes de agosto. Veníamos todos los días al apartamento para ir viendo, recoger un poco las cosas que se nos habían roto, tratando de ir organizando las cosas poco a poco». Se encontraban con el polvo.
¿Cuántas paredes se dañaron? «Guaooo… Todas. Si las contara, creo que son como 25 paredes. Todas tienen algún tipo de daño. Hay unas que tienen daños más graves que otras, pero prácticamente todas las paredes tienen algún daño». Repararlas no ha sido posible: «No lo podemos costear, aunque si hemos ido ahorrando con lo que se puede. Pero se ha hecho difícil también». Las lluvias agravaron la condición del edificio. «Las lluvias fuertes a nosotros no se nos han colado dentro del apartamento, pero sí se nota cómo poco a poco se ha ido fracturando más el daño que ya tienen».
-¿Qué necesitarían en este momento para estar tranquilos?
-Algún tipo de ayuda del mismo Estado. Sé que la situación es difícil y hay mucha gente afectada, hay mucha gente que perdió su vivienda, pero nosotros necesitamos recibir un poquito de ayuda porque de verdad es muy difícil solucionarlo. Es difícil cada mañana levantarse y ver eso; psicológicamente es agotador. Pero bueno, uno trata también de ver el lado positivo y tratar de salir adelante y no decaer, porque lo más importante es que uno está vivo. Estamos tratando de salir adelante.
Aun cuando subraya que es difícil «tratar de volver a una normalidad tras un evento tan traumático, tan difícil y en el que las personas perdieron su familia, perdieron toda su casa y todas sus pertenencias», inmediatamente reivindica que él y su familia salieron ilesos. «En lo particular, estoy agradecido de que mis padres, mi familia cercana, mis amigos y hasta mis estudiantes están bien, están vivos, están sanos, pero igual siempre queda ese miedo, ese susto, esa ansiedad de que pueda volver a ocurrir».





