«La mujer sigue siendo sexualizada, sigue siendo evaluada por su cuerpo, por cómo se viste, por cómo habla», señaló Lexys Rendón, coordinadora de Laboratorio de Paz / Texto, fotos y videos: Vanessa Davies
Dos caras tiene la moneda que muestra el informe «Inquebrantables: violencia contra las mujeres en la política venezolana», presentado este martes 29 de septiembre en Caracas por Laboratorio de Paz. Una cara es la de la violencia contra las mujeres en política, que la experimentan las dirigentes y militantes de todo el espectro político, y que las puede llevar a la migración forzada, a la cárcel y a la tortura. La otra cara es la de la persistencia, porque a pesar de tanto maltrato, ellas no se dan por vencidas.
La investigación, realizada entre 2025 y una parte de 2026, consistió en entrevistas a 23 mujeres con experiencia en la actividad política venezolana. La participación política ocurre bajo condiciones de riesgo, que afectan a la mujer y a la familia», explicó Lexys Rendón, coordinadora de Laboratorio de Paz. «Sí hay una propensión a ser mucho más cuidadosa, y a tener que replegarse en algunos momentos para no poner en riesgo a sus familiares, porque la violencia política se extiende a todo el círculo familiar».
Rendón detalló que las decisiones estratégicas siguen concentradas en liderazgos masculinos, mientras las mujeres siguen excluidas de los espacios informales donde se construyen acuerdos y consensos. Otro punto es que la presencia de las mujeres en estructuras partidistas no garantiza una redistribución de la influencia política.
«La mujer sigue siendo sexualizada, sigue siendo evaluada por su cuerpo, por cómo se viste, por cómo habla… Por todo, menos por la capacidad de liderazgo, de análisis», puntualizó la investigadora. Se mantienen los mecanismos de deslegitimación y se ha normalizado. «No nos damos cuenta de cómo se están normalizando las violencias».


Beatriz Vento, por su parte, se refirió a seis hallazgos: condiciones de riesgo, autoridad política cuestionada, están presentes pero sin decisiones, se deslegitima el liderazgo femenino, se ha normalizado la violencia política y se ha mantenido la resistencia democrática.
«Seis de cada 10 mujeres entrevistadas sufrieron hostigamiento e intimidación, y esto se realizó en los espacios donde ellas protestaban», refirió Vento.





