Clodovaldo Hernández recibió el Premio Nacional de Periodismo y al tomar la palabra en el acto de entrega de este galardón le hizo un llamado a las autoridades para «que se abran las espitas», como metáfora para que se flexibilicen las restricciones que existen para el ejercicio del periodismo.
Destacó que ha sido un año muy difícil para el país y existen preguntas que el oficio debe hacer y por eso siempre será incómodo «aún quienes estamos identificados con este proceso».
Luego en su discurso habló sobre el reto del periodismo ante «las redes sociales con el añadido de un tiempo para acá, de la inteligencia artificial. En ese ecosistema, el viejo periodismo, el de mi generación, el de anteriores generaciones y el de algunas posteriores, ha experimentado mutaciones drásticas, algunas de ellas monstruosas».
«A cada paso nos encontramos deformaciones como las llamadas fake news y otras oprobiosas y malignas forma de comunicar. Luego del doble terremoto del 24 de junio tuvimos ejemplos a granel de lo perversa que puede ser la comunicación masiva realizada sin cartabones éticos» señaló Hernández.
Más adelante se preguntó: «¿Cuántas vidas se habrán perdido como consecuencia de la falsa alarma de tsunami lanzada en La Guaira en horas críticas del rescate?» y sentenció que «no podemos responsabilizar de esas terribles expresiones de mala praxis únicamente a los influencers y otros especímenes de esta nueva era de las comunicaciones masivas».
«No podemos, porque muchas de esas terribles narrativas, esas noticias falsas, son creadas y difundidas por periodistas profesionales y por medios supuestamente formales. Nuestra profesión viene sufriendo grandes cambios desde hace ya varias décadas. Tantos y tan drásticos que muchos colegas ya no reconocen, no se reconocen en la práctica del oficio», dijo en su intervención.
Agregó que ha tenido «la inmensa fortuna de encontrar los espacios para reaprender y adaptarme. Por haber ejercido la docencia en el programa de formación de grado de Comunicación Social de la Universidad Bolivariana de Venezuela, quienes fueron mis alumnos me llaman con por el digno nombre de profesor. Pero esta es la fuerza vertiginosa de los cambios de las comunicaciones masivas en los últimos años, que más que enseñar me he dedicado a aprender de los jóvenes. Y es allí donde quiero concluir este mensaje. Todos tenemos que aprender de todos. Los mayores tenemos mucho que ofrecer porque hemos transitado la ruta de profundas y a veces dolorosas transformaciones».
«Declaro mi fe en los jóvenes, sobre todo en los jóvenes comunicadores que se han sobrepuesto a todas las calamidades que nos han tocado en estos años. Y declaro también mi fe en las viejas generaciones, porque todos tenemos mucho que aportar en un escenario en el cual uno de los grandes retos es evitar que se desdibujen por completo los límites éticos de esta que alguna vez nuestro Gabriel García Márquez llamó la mejor profesión del mundo», concluyó Clodovaldo Hernández.





