No es «El Mosquero», sino «El Pesquero», aclara, de entrada, el médico pediatra Amadeo Leyba. La verdad es que las moscas pasaron a la historia, aunque el nombre coloquial permanece. Guaireño de vocación y corazón, Leyba buscaba este domingo 6 de septiembre los productos del mar con los que se alimentará toda la semana. En la entrada, saludó a William Quijada, mesonero del local Las Dos Marías. Y Quijada garantizó la calidad de la comida que se sirve en todos los locales.


Como toda la gente de La Guaira después del 24 de junio, Quijada lleva consigo el dolor de las pérdidas forzadas por los sismos. Su hija se salvó, aunque sigue hospitalizada. Sus nietos también lograron salir de la estructura. No así, otro ser muy querido. «Son cosas de la vida. A mi esposa le cayó una columna aquí», explicó, mientras mostraba la espalda. «Mi hija tiene dos meses y medio en Caracas. Estaba en el Domingo Luciani y la pasaron al Pérez Carreño. Su mamá desde el cielo sabe que se va a parar y va a caminar».
Por encima de las aflicciones, «El Mosquero» regresó a la actividad en el mes de julio. «Después de los terremotos estuvimos más de 20 días sin abrir», comentó. Pero «nosotros vivimos del turismo de Caracas, necesitamos que la gente venga», y por eso se retomaron las actividades. Enumeró algunas de las ricuras que ofrecen: empanadas, fosforera, hervido de pescado.


En el área de venta de pescado hay algo de movimiento y los expendedores recuerdan que tienen delivery a Caracas. «La cosa está floja. Poca venta. Le decimos a la gente que baje, que todo está bien aquí, que todo está bueno. Abrimos desde las 5:30 am hasta las 3:00 de la tarde. Tenemos de todo. Y los precios son accesibles para comprar», afirmó uno de los vendedores. Descartó que haya problemas de calidad con los alimentos marinos tras los terremotos: «La gente inventa cosas».
En otro local brillaba el rosado de los pargos. «le decimos a la gente que venga al mercado. La Guaira está viva. Llega el pescado a diario. Esto es calidad», enfatizó el propietario del Rey del Carite. «Que la gente venga con confianza, porque lo que hay es calidad. Y si le sale malo, le pagamos el doble», agregó, con su ancha sonrisa.
Todo está limpio. Tanto en la pescadería, como en los puestos de comida. «Es un pescado fresco, netamente venezolano y el precio es bastante aceptable», refiere Leyba, cliente desde hace 30 años. «Aquí tuvieron suerte, no le pasó nada ni a la estructura física ni a las personas».


«La Guaira ha llevado muchos golpes: la tragedia, los bombardeos, el COVID-19, pero pa’lante. Nos volveremos a levantar», prometió Quijada. «Mi familia quiere que me vaya a Maturín, pero yo tengo mi casa, mis hijos. Tengo 35 años en esta zona, dándoles buena atención a los clientes». Este carupanero de nacimiento y guaireño por elección asegura que su estado adoptivo resurgirá de las cenizas, como lo ha hecho otras veces.





