A un costado de la plaza de Las Palomas (plaza Andrés Mata) de Macuto pasaba, el sábado 29 de agosto y al sopor del mediodía, un muchacho con una cajita. Lo que a la distancia parecía su abrazo a las cenizas de un familiar, de cerca era un caminar cansado. «Él perdió a su mamá y a su hermana», contó Ricardo, el dueño del hotel Plazamar. La muerte, en las manos de ese guaireño. La vida, justo enfrente. Ricardo decidió, después de las semanas de congoja que sembraron los terremotos del 24 de junio, empezar de nuevo y abrir las puertas para ofrecer hospedaje.
En el Paseo Macuto hay locales abiertos y locales cerrados. Subieron la santamaría las tiendas de abarrotes, las ventas de lotería, las cafeterías, los heladitos. Porque en Macuto la existencia trata de abrirse camino; claro, entre historias de dolor.


En la puerta de un local todavía está pegado el papel con el nombre de Cristian, de cédula 33 millones. Un comerciante se acerca, presuroso, para explicar lo sucedido: «Ya lo sacaron de los escombros», y negar con la cabeza. «Ya él no…». Y esos puntos suspensivos que confirman la ausencia.


El Hotel Mar Azul y el Hotel El Ceibo también comenzaron operaciones al público. Nunca dejaron de trabajar, pero lo hicieron para albergar a rescatistas, trabajadores de instituciones públicas. Hace pocos días, su dueño resolvió ofrecer nuevamente el servicio. Igualmente abrieron la lunchería y la marisquería. «Del turismo no vamos a vivir en mucho tiempo», explica. Sin embargo, su amor por La Guaira lo mantiene en pie, decidido a proseguir.
Del Hotel Edward’s resistieron la fachada y el nombre. Lo demás son cabillas dobladas y restos de construcción. El Hotel Las 15 Letras también sufrió el paso de los sismos, aun cuando su cuerpo logró sostenerse.




Hacia Punta Brisas, los edificios advierten dos cosas: primero, que los terremotos se ensañaron contra ellos; y segundo, que sus propietarios están dispuestos a luchar por ellos. En todos hay pancartas que advierten que los vecinos están activos y que los saqueadores deberán atenerse a las consecuencias si deciden ingresar.
Este 29 de agosto los residentes de Las Trinitarias realizaron una asamblea -en la sede del Hogar Canario en Macuto- que contó con asistencia masiva. La inquietud por el destino de las edificaciones fue la mejor convocatoria. Algunos asistentes, que prefirieron reservar su identidad, relataron que las dos torres tienen dos etiquetas rojas, pero están a la espera de la segunda inspección, la del ingeniero patólogo, que les dirá si pueden recuperar sus apartamentos o dejarlos ir en una demolición controlada. Por supuesto, quieren lo primero.
«Son 80 apartamentos y los daños están hasta el piso cinco. Todo lo demás está en buen estado», indicó una vecina. «Afortunadamente nadie falleció, pero cayeron paredes. Quisiéramos que el gobierno tome una decisión, que nos dé una orientación».
Otro residente insistió en que, en este momento, no pueden hacer nada «porque no sabemos si son recuperables». En este momento «esperamos por los entes gubernamentales».
Los saqueadores sí no esperaron. «De noche esto es una boca de lobo», lamentó otro residente.
En toda la calle, conocida como Punta Brisas, los edificios hablan a su manera. Crujen los pocos cristales que soportaron la embestida, conversan los restos que cuelgan de los apartamentos. El sol de Macuto los acompaña en este duelo.





