La estabilidad y capacidad de influencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) afronta un escenario de alta incertidumbre a raíz de los debates sobre la posible desincorporación de Venezuela, nación que evalúa apartarse del bloque energético, reseñó Bloomberg.
De concretarse este movimiento, el país sudamericano se situaría como el segundo miembro en alejarse de la alianza tras la reciente baja de los Emiratos Árabes Unidos, al tiempo que persisten señales de descontento en otros integrantes como Irak.
Las deliberaciones internas en territorio venezolano coinciden con una etapa de mayor acercamiento estratégico hacia Estados Unidos, entorno en el que la administración norteamericana busca ampliar su presencia en las áreas extractivas locales. Esta eventual reconfiguración de alianzas abre la posibilidad de que se debilite el rol articulador que ha ejercido históricamente la coalición liderada por Arabia Saudita.
A pesar de que el impacto directo en el volumen de suministro global podría resultar acotado a corto plazo debido a los niveles de extracción actuales en el país sudamericano, los analistas del sector señalan que las implicaciones institucionales y simbólicas resultan considerables. El retiro de una de las naciones promotoras de la creación del bloque en 1960 redefiniría la dinámica del mercado petrolero internacional.
El escenario abre interrogantes sobre la cohesión futura de la entidad ante el riesgo de que los países productores comiencen a competir individualmente por cuotas de mercado. La salida del sistema de cuotas y acuerdos colectivos permitiría a la nación norteña desplegar su capacidad productiva de forma autónoma, lo que añade elementos de volatilidad a los precios mundiales de los hidrocarburos.
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