Surfistas de playa Los Cocos que fallecieron durante los terremotos fueron despedidos en su lugar favorito: el mar

Cerca de 60 niñas y niños atendidos por la Fundación Jhonaikel Bolívar perdieron la vida debido a los sismos. También, el instructor Humberto Zambrano. Este sábado los surfistas les rindieron homenaje en el agua / Texto y fotos: Vanessa Davies y José Gregorio Yépez

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Anunciaron «al agua» y, con las tablas debajo de los brazos y las flores en las manos, más de 15 surfistas caminaron hacia las olas en playa Los Cocos (Caraballeda), pasadas las 11:00 de la mañana de este sábado 15 de agosto, para cumplir con un ritual. Cerca de 60 niñas y niños que se formaron con la Fundación Jhonaikel Bolívar fallecieron durante los terremotos del 24 de junio, y quienes se hicieron sus hermanos de arena decidieron despedirlos en su lugar favorito: el mar.

Minutos antes se habían puesto de acuerdo. Todos sabían lo que harían. Con las tablas clavadas en la arena, lloraron y compartieron un momento de recuerdos y aflicción. Son días difíciles. Y el entorno de destrucción les reiteró que la normalidad es una quimera.

Comenzaron en lo bajito y avanzaron sobre sus tablas hasta el sitio donde las aguas se oscurecen; una vez allí, golpearon la superficie marina y lanzaron agua y flores. También entregaron las cenizas de Humberto Zambrano, un instructor de surf que murió por los sismos.

Varios dolores se conjugaron bajo el mismo sol. Lejos de los surfistas y próxima a la orilla, una mujer gritaba y lloraba mientras otra la abrazaba. María del Pilar Padrón, sobreviviente de Carmen de Uria en 1999 y hoy activista solidaria, se encargó de repartir margaritas, ofrecer café y depositar el duelo en las aguas.

«Aquí nos reunió un homenaje a todos los surfistas que murieron: niños de la fundación con quienes trabajamos una semana antes de los terremotos, y un instructor de surf, Humberto Zambrano», detalló la presidenta de la fundación, Iriarte Hernández, antes de agradecer la presencia de la PNB en la zona.

«Una semana antes de que pasaran los terremotos teníamos unos 78 niños a quienes teníamos en un campamento y a quienes les dimos un reconocimiento. Y ya esos niños no están. Esos niños vivían en las Opppe aledañas a playa Los Cocos, y partieron», informó, muy golpeada por la tristeza.

Este homenaje es para quienes estaban relacionados con las playa y se marcharon por los terremotos, subrayó Eliézer Rojas, integrante de la fundación. «Solo de la Fundación Jhonaikel Bolívar se perdieron 60 niños. Para nosotros es muy importante hacer una despedida respetuosa ante el mar, que es lo que nos unió, nos une y nos va a seguir uniendo. Es significativo para todos los surfistas de Venezuela poder despedirlos, y sobre todo, en Los Cocos».

Las jornadas playeras siguen suspendidas, recordó. «Las actividades deportivas, no lo tenemos tan claro. Pero el hecho de que la fundación tenga su sede en la zona cero del desastre ha llevado a que las actividades se frenen». Abrir o no las playas es un tema polémico, sobre el cual María del Pilar Padrón tiene una postura clara: «Hay que escuchar a las dos partes: a quienes viven de lo que hacen en las playas y a quienes dicen que no les podemos mostrar a los turistas lo que tenemos en este momento. Es complicada la situación, pero hay que entender al que trabaja en la playa, que de allí saca su sustento diario».

Con agua bendita

La Fundación Jhonaikel Bolívar es un movimiento sin fines de lucro que acompaña a niños de escasos recursos con el surf y otras disciplinas deportivas. Nació hace unos 20 años, tiene su sede en playa Los Cocos y ha sido un puente para que niños «problema» encuentren una existencia mejor. «Nosotros brindamos un espacio recreativo para la población de niños y adolescentes. Somos un punto de encuentro deportivo y un ambiente sano para que se desarrollen como personas y como deportistas. Tenemos un impacto importantísimo en los niños», sostuvo Rojas, que acudió flanqueado por sus hijas, también surfistas.

Amigos y simpatizantes de la organización se reunieron este sábado para un responso -a cargo del sacerdote Carlos Pérez- ante las cenizas de Humberto Zambrano y una oración por niñas y niños que fueron apartados de la vida abruptamente. ¿Cómo se despide a pequeños que fallecieron por los sismos? «Es una pregunta que nos hacemos todos a nivel espiritual, a nivel familiar, a nivel social. la Iglesia nos recuerda que los niños son ángeles que por una u otra razón vinieron a expresar el inmenso amor de dios para con sus padres, amigos, docentes. ¿Cómo se los despide? Con gratitud», aseveró Pérez, minutos antes de ponerse el traje correspondiente para la ceremonia.

«Que descansen en paz», subrayó el padre. «Concédeles señor el descanso eterno», suplicó, y los fieles respondieron: «Brille para ellos la luz perpetua». Rezaron el padrenuestro y el avemaría, y el sacerdote bendijo una botellita de agua mineral y la esparció entre quienes estaban presentes. Después, la despedida se encontró con el mar.

«No nos dejen solos»

Hoy, los integrantes de la fundación están dedicados a ayudar a la gente de La Guaira que ha sido vapuleada por la Tierra. «El 24 de junio mi casa quedó intacta, pero cuando salgo, no veo los otros edificios, veía a las personas gritar y llorar. No sé cómo me armé de valor y me puse a socorrer personas. Un patrocinante de la Fundación nos trajo una antena planta eléctrica, agua, comida no perecedera, y empezamos a hacer comida para rescatistas y bomberos, para los familiares de los desaparecidos, para los niños», rememoró Iriarte Hernández. Sigue alimentando a voluntarios que continúan en las Opppe 26 y 27 gracias al respaldo de la Fundación Huracán, Nestlé y Rotary, entre otros.

«Estamos apoyando de manera colaborativa a la alimentación de rescatistas, policías. Estamos activos, pero no en el mar. Aunque con el mar, siempre», remarcó Eliézer Rojas. «Hemos estado apoyando de distintas formas: con nuestra presencia, con un abrazo amoroso y solidario, y con recursos económicos y muchísimas cosas», explicó el presidente de la Fundación Huracán, Gerardo Mendoza.

La Guaira va a renacer, afirmó Mendoza. «Por algo estamos vivos, por algo estamos aquí. Tenemos una razón para vivir, y es lograr que La Guaira vuelva a ser lo que siempre ha sido: un escenario maravilloso» para el turismo y la rereación.

«Aquí no hemos descansado. Desde el día uno estamos echándole pierna, ayudando», comentó Hernández con las lágrimas entre pecho y espalda. «Al pueblo de Venezuela le pedimos que no nos dejen solos. La Guaira cada vez más se va quedando sola. No nos abandonen».

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