«Los terremotos implicaron una catástrofe colectiva, una tragedia de consecuencias devastadoras, pero frente a la tragedia también se generó algo que también fue ser positivo, que fue toda la respuesta social».
Así lo ve la socióloga Chelina Sepúlveda, quien afirma que esta «respuesta social» que se articuló «sin permiso» fue la respuesta a lo que se vive en una sociedad que sienta la ausencia del Estado desde antes de que ocurrieran los terremotos del 24 de junio, el día de San Juan.
«Toda esa fuerza que se levantó como afirmación de la vida, para salvar la vida, en una reivindicación de la vida frente a las consecuencias de los terremotos. Esa fuerza articulaba el rescate de los cuerpos, el rescate de las personas, la instalación de centros de acopio, la instalación de refugios y de albergues, que en principio se dio de manera completamente espontánea, que se dio sin esperar la respuesta institucional, que se dio sin pedir permiso, que se dio frente al vacío también de la respuesta institucional y que fue también, de alguna manera, sorprendiéndonos a todos en nuestras capacidades, porque todos teníamos el imaginario de una sociedad rota, de una sociedad desguarnecida, de una sociedad abatida», señala la socióloga y profesora universitaria.
Señala que es reacción es «la muestra de una sociedad que se levantó en una respuesta de solidaridad frente a lo que pasó. En una respuesta en donde los afectados de esa tragedia, y es quizás una diferencia respecto a la respuesta que dan las ONG, las organizaciones no gubernamentales, formaban una parte protagónica o significativa».


Al explorar la afirmación de que estábamos frente a la percepción que teníamos «una sociedad rota», fragmentada, dividida y en algunos casos alguna gente polarizada, le preguntamos a la profesora universitaria a qué atribuye, desde conocimiento académico que la respuesta ante la catástrofe socionatural fue la de la solidaridad.
Chelina Sepúlveda no contesta de inmediato. Revisa en las gavetas del conocimiento que guarda en su memoria y responde: «Desde la sociología del desastre, la gente en las ciencias sociales que han abordado este tipo de experiencias, se plantea que en lo inmediato eso parece ser una respuesta bastante común. Sorprende al sentido común, pero la sociedad se unifica frente al dolor, frente a la inmensidad de la tragedia y genera formas organizativas que sobrepasan las primeras respuestas institucionales o llegan antes de las respuestas institucionales».
«Es eso parece ser que se ha visto en situaciones como esta, pero en nuestro país yo diría un añadido. Tú hablabas de la polarización, y quizás es que ya no estamos, desde hace tiempo mucho antes de la tragedia, que ya tal vez no estamos en ese escenario», sentencia.
Agrega que «la sociedad se unificó frente a algo que sí conoce desde hace mucho tiempo: el atropello estatal, la insuficiencia de la respuesta estatal, la incapacidad de la respuesta estatal, la indolencia de la respuesta estatal, y quizás justo porque no espera mucho de ellos, salió antes de tiempo, causando algunos problemas, pero salió antes de tiempo y salió en ese sentido un poco unificada frente al dolor, a socorrer al prójimo, a ayudar al prójimo».
– ¿Se abre una ventana para para que la sociedad venezolana aborde su crisis multidimensional a partir de esta situación?
– Esa es la idea del encuentro. Empezar a ver eso más allá de las consignas motivacionales, más allá de la inmediatez, de la respuesta de solidaridad que también tiene sus límites. Los límites que se encuentran cuando vemos a los rescatistas que pueden abrirse lugar entre los escombros, pero hay un límite frente al cual no se avanza. Donde se necesitan ingenieros. Donde se necesita maquinaria, donde se necesitan recursos. Así más o menos ocurre con la respuesta frente a las consecuencias de la tragedia.
Afirma que «hay algo de cierto en eso de que el pueblo salva al pueblo y de que eso abre vías, pero también es cierto que necesitamos instituciones. Necesitamos que las instituciones funcionen. Necesitamos de una respuesta coordinada, necesitamos de la cooperación, necesitamos volver a aprender de ese ejercicio colectivo de cooperación».
– ¿Hay un tejido social que pudiera restaurarse y articularse con los otros factores y actores de la sociedad como los empresarios, los partidos políticos, trabajadores y las organizaciones de la sociedad civil?
– Sin duda sí. Por eso la autonomía y la fuerza de esa respuesta colectiva también tiene sus límites en sí misma. En cómo se articula con eso, cómo se articula con otros actores.
– ¿Y cómo vencer esos límites?
– A través del encuentro colectivo y con la interpelación a través de la denuncia. A través del pensar en qué nos ocurrió. A través de aprender de la experiencia, a través del diálogo colectivo, de la conversación social, de abrir las instituciones. Eso es un poco también un ejercicio desde la Universidad. La Universidad es también una institución del país y cómo darle respuesta.
Sepúlveda señala que se ha dado respuesta en lo operativo, «ahora es una respuesta desde qué tipo de conocimiento y cómo construimos una memoria sobre lo que pasó, que yo creo que es lo que nos permite aprender también de lo que pasó y no repetir errores. No dejarnos vencer por oportunismos y ese tipo de cosas».





