León XIV agradeció a España «su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos» y animó al país a «cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social».
El pontífice, en su primer discurso en España, pronunciado en el Palacio Real ante los reyes y las principales autoridades del país y el cuerpo diplomático, alentó a las autoridades españolas «a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana».
Al tiempo que agradeció ese papel de España en la esfera internacional, en clave nacional, León XIV afirmó que viene a España para alentar una «reconciliación y cooperación más profunda entre las distintas fuerzas» de una nación a la que pidió «abandonar las narrativas divisivas y polarizantes» y «huir de esos enfoques identitarios».
«Vengo ante ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta nación», dijo o el pontífice.
Estas palabras del papa se producen en un momento de fuerte confrontación política en España.
«Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia», afirmó.
Tras escuchar al rey Felipe VI, el pontífice animó en su discurso a «apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición».
Robert Prevost instó a «huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos».
Sobre las narrativas divisivas, el papa también hizo hincapié en la responsabilidad que tienen las nuevas tecnologías donde a veces «los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte».
Ante ello, el papa planteó que quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales den «un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural».
En este sentido, el papa puso como ejemplo «la presencia del Islam en la península ibérica» desde el siglo VIII hasta el siglo XV y recordó que en «ese periodo no solo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos».
Citó la Escuela de Traductores de Alfonso X «donde las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe» y recordó que «ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes».





