Robin DeLorenzo, una de las tres primeras mujeres en arbitrar en la National Football League (NFL), presentó una demanda ante un tribunal federal de Manhattan tras su despido el pasado 18 de febrero de 2025. En el documento legal, la oficial describe sus tres años de trayectoria en la liga como una experiencia marcada por el sexismo, la hostilidad abierta y un escrutinio basado estrictamente en su género, solicitando su reincorporación y una indemnización por daños.
La demanda sostiene que, a pesar de haber roto barreras históricas en el arbitraje estadounidense, DeLorenzo se encontró con una institución que calificó de incapaz de tratar a una mujer como a una igual. Según el texto jurídico, la NFL «expuso a acoso sin control» a la árbitra y «manipuló sus oportunidades de capacitación y evaluación» para finalizar su carrera basándose en valoraciones que considera discriminatorias.
El ingreso de DeLorenzo a la liga en 2022 fue inicialmente celebrado como un hito familiar y profesional. En entrevistas previas, la árbitra recordó con emoción el momento en que su padre le comunicó su ascenso tras dos décadas de trabajo en niveles secundarios y universitarios.
“Una vez que me dio la noticia, mi papá y yo simplemente nos quedamos mirándonos y llorando durante unos cinco minutos. Fue la noche más mágica”, relató DeLorenzo en 2023.
Sin embargo, la demanda sugiere que dicha percepción cambió rápidamente debido a una serie de «indignidades» sufridas entre 2022 y 2025. Entre los incidentes citados, destaca el envío de uniformes exclusivamente en tallas de hombre y la instrucción de exhibir su coleta a través de la gorra para enfatizar su presencia femenina en el campo, una referencia constante a su cabello que, según afirma, la llevó a considerar cortárselo.
Incidentes de humillación y desigualdad
Uno de los puntos centrales de la demanda detalla un episodio ocurrido durante un campamento de entrenamiento de los Pittsburgh Steelers. Se alega que el jefe de cuadrilla de oficiales instó al entonces entrenador Mike Tomlin a obligar a DeLorenzo a cantar frente a los jugadores y sus compañeros, bajo el pretexto de ser una «novata».
La demanda califica el acto como una “actuación de canto absolutamente humillante” que fue grabada por su superior pese a promesas en contrario. A partir de ese momento, la oficial afirma haber sido objeto de insultos y burlas cargadas de groserías por parte del jefe de cuadrilla, quien finalmente dejó de dirigirle la palabra.
En 2024, la situación se agravó cuando DeLorenzo fue obligada a asistir a programas de capacitación diseñados para oficiales universitarios de menor nivel, una medida que su sindicato objetó por considerarla inédita para árbitros varones de su rango.
“Fue una demostración de poder masculino que cumplió su propósito de humillar a la demandante, quebrar su confianza y obstaculizar significativamente su carrera en la NFL”, sostiene la demanda.
El equipo legal de DeLorenzo argumenta que el daño a su reputación y carrera es irreversible. Hasta el momento, ni la NFL ni la Asociación de Árbitros de la liga han emitido declaraciones oficiales en respuesta a las acusaciones presentadas el pasado viernes.






