Poco a poco se aclara lo que sucede en el cerebro de una niña o un niño con déficit de atención. Uno de los elementos es determinar lo que ese cerebro está «comiendo», y eso es posible gracias a una técnica no invasiva que ya se realiza en Venezuela: la espectroscopia por resonancia magnética, que puede ser considerada una «biopsia virtual» del órgano de la razón.
«En los niños con déficit de atención se observan deficiencias de ácidos grasos poliinsaturados (Omega 3, 6,9) y ello se debe, fundamentalmente, a problemas nutricionales», explica Arturo Alvarado Pisani, experto en bioquímica cerebral, profesor de la UCV e investigador del Centro Diagnóstico Docente de Las Mercedes.

Al no tener los ácidos grasos beneficiosos, el cerebro de estos pequeños se alimenta con ácidos grasos saturados, «lo cual redunda en un intercambio de nutrientes en las neuronas del lóbulo frontal de manera deficiente» y ocasiona «una merma en el rendimiento escolar por distracción, falta de atención y ausencia de interés».
La espectroscopia por resonancia magnética permite analizar el metabolismo del cerebro y determinar cuál será el mejor tratamiento a seguir.