Un análisis situacional de Argentina, reparto por reparto, descifrando cómo debería jugar la albiceleste

Tras tres partidos y por lo menos cinco módulos probados, la selección argentina parece haber conseguido la fórmula. La formación presentada por el técnico Lionel Scaloni ante Qatar parecía ser una mezcla entre lo pedido por el público y lo necesario para sacudir el equipo. Una selección que se ha venido armando sobre la marcha y de adelante hacia atrás. Es prácticamente un deber analizar el equipo bloque por bloque.

La delantera: una paradoja. Suena a chiste que una selección como esta, con esos elementos, tengo problemas para anotar. Pero del decir al hacer, la distancia es abrumadora. Una problemática que tiene tiempo dejando a la Albiceleste con poca contundencia ofensiva.

Esta Copa América no ha sido la excepción. El nombre que más destaca en este sector es el de Lautaro Martínez. El 10 del Inter es el goleador de la era Scaloni, con 4 goles en 5 partidos jugados, además de la amalgama perfecta entre los “inamovibles” Sergio “Kun” Agüero y Lionel Messi, es el que ha traído fuerza, garra y juventud a una delantera over 30.

La presencia de dos delanteros y un armador detrás de ellos le ha brindado a Argentina mayor peso ofensivo, gracias a la posibilidad de insertar más gente en los últimos 25 metros y en el área, ocupando más espacio y obligando a la última línea adversaria a compactarse contra su arco. Esta fórmula, además, por características de sus jugadores, le ha permitido generar acciones de desmarque entre líneas que complican aún más el reparto defensivo, obligado a reducir al mínimo las distracciones.

La mediacancha:

Solucionada la delantera, la zona media es la que sigue. En la vida el equilibrio es una virtud necesaria para cosechar triunfos y el fútbol no es una excepción. Sin la presencia de un 5 clásico, de corte y recuperación, es necesario un esfuerzo conjunto en fase de repliegue.

Las coberturas, los relevos, presionar en bloque, la intensidad táctica, pero sobretodo el orden, tienen que ser dogmas de esta nueva versión de la media albiceleste. Más aún, cuando quien ha sido llamado a interpretar ese rol, Leandro Paredes, no se encuentra cómodo por su naturaleza futbolística.

Es importante destacar la participación de Rodrigo De Paul, el más claro en ese sector. El volante del Udinese le ha dado vida a una media que parecía incapaz de generar juego o ser opción de pase, pero los recortes y las diagonales del sarandiense han devuelto ese desequilibrio necesario a la hora de atacar.

Ahora bien, el juego ante Qatar dio una pista muy importante al posible planteo futuro de Scaloni. El ingreso de Marcos Acuña le dio a Argentina algo de lo cual carecía: equilibrio.

Lo del mediocampista del Benfica fue excelente. Al ser un jugador de pierna y recorrido, con buen repliegue defensivo, el seleccionado del cono sur tendría la posibilidad de compactar más el equipo y concretar mejor en defensa. A pesar de que la exclusión de Lo Celso (cambio natural de Acuña y que no se acostumbra a jugar por izquierda, debido a su normal desempeño con perfil invertido) disminuya la profundidad de pase y la elabroración de juego, la cuestión importante es balancear el equipo. Y como en todo, es necesario renunciar a ciertas cosas para obtener otras.

La defensa:

El reparto defensivo de Scaloni también ha dejado mucho que desear. Los 4 goles encajados son un síntoma. Si bien es cierto que la mediacancha no ayuda, la defensa tampoco ha demostrado firmeza.

Inamovibles, únicamente Nicolás Tagliafico y Nicolás Otamendi. A pesar de la poca compostura del central del City (un mal general del equipo) y la poca presencia ofensiva del lateral del Ajax (quizás culpa del planteo) son los que han tenido su puesto bien asegurado. Mientras que el otro costado ha sido un continuo “ensayo y error”. Renzo Saravia no convenció en ninguno de los dos juego, ante Colombia y ante Qatar. Reemplazado por Milton Casco ante Paraguay, el lateral de River tampoco lució.

De la misma manera, Germán Pezzella, central de la Fiorentina, está lejos de la firmeza que demuestra en la Serie A. Sin embargo, existe una regla implícita de que los centrales se evalúan en pareja y la verdad es que el tándem Pezzella-Otamendi no brinda la seguridad necesaria.

El debut del jovencísimo Juan Foyth tampoco parece generar mucha confianza. El jugador del Tottenham pasó la gran mayoría del encuentro ante los árabes caminando sobre la cornisa. Amonestado cerrando el primer tiempo, corrió el riesgo de ser expulsado por doble amarilla en varias ocasiones. Una expulsión en un equipo tan poco compacto, sería una catástrofe.

El arco:

Los 3 palos están bien cubiertos por un portero que en su club (River) vive un momento extraordinario y que en esta Copa América ha venido de menos a más.

Siendo así, pareciera que la mejor versión de Argentina es posible mediante un 4-3-1-2. Formación donde la línea de fondo necesita brindar confianza y prepararse para los posibles errores de la media. Una línea de volantes más comprimida, dependiendo de los elementos a utilizar.

La dos puntas ahogando la última línea adversaria y presionando el primer pase, sin nunca estorbarse. Y por último, apelar, pero jamás depender, del genio del armador de este equipo. A la cancha, la ardua sentencia.